sábado, 2 de agosto de 2008

Tranquilidad

Hoy sale el monstruo. Tranquilidad. Está muerto de miedo. Ha pedido una pareja permanente de escoltas. Y la tendrá. Resulta hiriente y paradójico, pero velarán por su vida los compañeros de aquellos que asesinó. Será objeto de algún homenaje de la manada, y recibirá más de una llamada de dirigentes del PNV dándole la bienvenida. «Ongui etorri, Iñaki». En otoño, todo habrá cambiado, y el asesino se topará con la realidad. Vivirá acorralado, estupefacto, inseguro. Lo más probable es que se marche de España y renuncie a pasar los años que le quedan en San Sebastián. Antes de ello, pedirá dos parejas permanentes de escoltas. Las tendrá. El menor ruido alterará su ánimo y romperá su descanso. -Son ellos, Irati, son ellos-. ¿Quiénes son ellos, asesino? Los fantasmas no pierden el tiempo visitando a sus criminales. Ellos se dedican a la Literatura, los cuentos, los espacios mágicos de la fantasía. Pero de noche las maderas crujen y los sonidos aumentan, y el depredador paseará aterrorizado por el salón de su piso buscando el abrazo del sueño. No lo tendrá jamás. Entonces pedirá tres parejas permanentes de escoltas. Y las tendrá.

No es descartable que se someta a una intervención para cambiar sus rasgos faciales. Se sabrá. Y tampoco que antes de marcharse intente calmar su síndrome de abstinencia de sangre y vuelva a matar. En ese segundo supuesto le pedirá a sus servicios de vigilancia y escolta pagados por todos los españoles que no le sigan. Pero la libertad que recupera no será la misma que la de otros delincuentes que salen de la cárcel. La recuperará, pero no la disfrutará. Pasarán, ya lo he escrito, los homenajes de los bestias y las bienvenidas por la puerta de atrás de los nacionalistas. Pero algún día se cansarán de él, y se quedará solo, con su Irati y sus escoltas, y no se atreverá a pasear por La Concha, porque siempre habrá un valiente que le diga a la cara que es un inmundo asesino, y esa posibilidad perturbará su falsa firmeza. -Es que me van a insultar, Irati, y no me compensa-.

Lo insultarán con los ojos y las miradas del desprecio. Los ojos no disparan balas ni explosionan de fuego y metralla. Por ese lado, puede estar tranquilo el canalla. Pero la resistencia anímica se quiebra cuando es falsa, y poco a poco, ese arrogante hijo de puta se irá convirtiendo en un pelele acomplejado y temeroso, y experimentará al frío espaldar del miedo, y querrá mirar hacia atrás para cerciorarse de que nadie, excepto sus escoltas, siguen sus pasos. No podrá sentarse en la terraza de un bar o de una cafetería, porque cualquiera de los que se sienten en una mesa próxima le recordará que es un asqueroso y sangriento depredador de inocentes. Y todo eso, sumado al miedo del que teme la venganza, acaba por desquiciar el dominio de sí mismo. Será en libertad, a partir de hoy, un prófugo de su pasado, un maricón de playa que no baja a la playa, un aterrorizado oteador de comandos vengadores, una piltrafa.

Así que tranquilidad. El asesino que hoy sale de la cárcel después de cumplir una pena ridícula por haber matado a veinticinco inocentes, no va a poder con la libertad. O se va, o se dispara un tiro en la boca, o se cuelga de una viga para no soportarse más. Él sabe lo que es, aunque intente disfrazarlo con ideas políticas y revoluciones de almanaque. De Juana desaparecerá muy pronto, abatido por las miradas de los justos y los pacíficos. Muérete cuanto antes.

Alfonso Ussía

Cadena perpetua


Del asesinato de Carrero a la liberación de De Juana Chaos el balance es inquietante. Ni los gobiernos, ni el Parlamento ni el poder judicial han estado a la altura del proceso. Lo dije antes de ayer: ¿cómo es posible que en estos treinta años de los terrorismo nadie haya querido plantear la cadena perpetua? La respuesta, a mi entender, es clara: los partidos han tenido siempre un complejo de fondo ante el nacionalismo vasco incluidas sus formas terroristas. La insistencia en negar el carácter político de ETA y dejarla reducida a un hecho de banda criminal y mafiosa venía a demostrar la cobardía intelectual y moral de los partidos democráticos. En el fondo se esperaba que diera resultado un tratamiento policial y judicial no excesivamente riguroso. Se esperaba que los chicos díscolos, coyunturalmente entregados al Terror, volvieran a la casa del padre, esto es, a las formas razonables del nacionalismo. Siendo las cosas así ¿cómo recurrir a los métodos de represión más duros? ¿No supondría eso una ruptura definitiva de una gran parte de la sociedad vasca?

El tributo de vidas, pagado por los socialistas y los «populares» (en su día UCD) al nacionalismo no disculpa los enormes errores de ambos. Los primeros han querido representar siempre la «centralidad» en un caso donde ésta no es posible porque el PNV y ETA tienen lazos de sangre; los segundos no han querido volcar su enorme fuerza en el resto de España por miedo a ser tratados de continuadores del franquismo. Por supuesto, ni los unos ni los otros han querido plantearse la aplicación de la cadena perperpetua a los autores de «asesinatos políticos». No han querido entender que los miembros de una organización terrorista no pueden beneficiarse del arrepentimiento, ya que en ellos la disciplina está por encima de la voluntad individual. ¿Cómo podrían entenderlo si los socialistas les consideran dignos de sentarse a negociar y los «populares» sueñan con hacer la misma política que sus contrincantes?

Que la liberación de De Juana Chaos, que va a hacer de mañana (ya hoy, dia 02/08) un día «histórico», haga reflexionar un poco a nuestros dirigentes. Si fuera así, la humillación general no sería tan inmensa.


César Alonso de los Ríos - www.abc.es

Democracia a la española


Aparte de robarnos, secuestrarnos, extorsionarnos, chantajearnos, insultarnos, asesinarnos, están secuestrando la justicia, aprovechando la ingenuidad de unos, la complicidad de otros y la ignorancia de la inmensa mayoría. Me refiero a la gentuza de ETA, que, encima de todo ello, nos está tomando el pelo.

Si los sueños de la razón producen monstruos, los sueños de la ignorancia producen esperpentos. Como con los que nos dimos de bruces ayer al abrir el periódico: un condenado por 25 asesinatos, que tras ver reducida su pena al mínimo, podrá pasearse tranquila y diría olímpicamente entre los familiares de sus víctimas; una terrorista en la calle porque quiere ser inseminada artificialmente; una alcaldesa que se negó a condenar los atentados de ETA puesta en libertad «porque no hay riesgo de fuga». ¿Cómo va a haberla si su pueblo la ha recibido a bombo y platillo? En ningún sitio estará mejor y más segura que allí. Pero díganme ustedes si esto es justicia, decencia, democracia.

Nuestra asignatura pendiente más importante es creer que la democracia es débil, asustadiza, laxa. Cuando es el sistema político más robusto, firme y severo que existe, al estar legitimada por el Derecho y la voluntad popular. A diferencia de la dictadura, que carece de esa legitimación, la democracia no tiene complejos a la hora de hacer cumplir la ley. Puede ser generosa, y de hecho lo es con aquellos que muestran arrepentimiento y propósito de enmienda de sus delitos. Pero con quienes no lo hacen, no vacila en hacerles pagar la deuda que han contraído con la sociedad en general y con sus víctimas en particular. Pues la cárcel no es un reformatorio de menores. Es un lugar donde se paga el daño infligido a la sociedad.

Es lo que ha fallado desde el principio en nuestra democracia. Una mala conciencia por parte de quienes habían colaborado con el régimen anterior, una falsa progresía por parte del resto de las fuerzas políticas y un desconocimiento generalizado de lo que es la democracia nos hizo diseñar una justicia que velaba más por los derechos de quienes habían transgredido la ley que por los de quienes habían sufrido las transgresiones. Y eso no es justicia. Es fraude de ley, el peor crimen contra la democracia, que busca, ante todo, la defensa de los débiles y el castigo de quienes abusan de la fuerza.

Esta deriva antijurídica y antidemocrática ha desembocado en el esperpento de hoy. De Juana ha podido reducir su condena a menos de un año por asesinato perpetrado fabricándose un expediente académico a base de «exámenes patrióticos» - ¡a ver quién era el guapo que se atrevía a suspender a un tipo así!-, que no le han hecho doctor en física cuántica porque no le dio la gana. Mientras Elena Beloki abandona la cárcel tras cumplir sólo un año de los 13 a que había sido condenada porque, a sus 47 años, quiere ser fecundada artificialmente. Imagino que sus compañeras de bomba y pistola encarceladas se apresurarán a querer ser madres cuando se corra la voz de que ese es el mejor atajo para abandonar la celda, y hasta puede que pidan que el tratamiento se lo pague la Seguridad Social, no estando descartado que se les conceda. Por cierto, ¿se les concederá el mismo privilegio a las presas comunes que muestren su deseo de ser inseminadas? Porque el colmo del esperpento sería que se le concediese sólo a las etarras.
Aunque tampoco debería extrañarnos a la luz de los desmanes legales y las ignominias políticas que hemos visto en el País Vasco, donde ETA ha gozado de trato de favor por parte de un nacionalismo que recogía las nueces del árbol que los terroristas sacudían y de un gobierno, como el actual, tan empeñado en negociar con ellos que no le importaba ceder al chantaje de un asesino convicto, mientras se duchaba con su novia. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Los resultados de tal tergiversación están a la vista: los muertos al hoyo, los asesinos, al bollo y nosotros, presumiendo de democracia. Claro que también presumíamos de una de las economías más vigorosas del planeta.

José María Carrascal
www.abc.es
 
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