terça-feira, 2 de setembro de 2008

Rusia ha vuelto

Tras años de crisis e impotencia Rusia ha renacido de la mano de Vladimir Putin, un antiguo agente del KGB que ha devuelto a su país un gobierno fuerte, si bien a costa de la incipiente democracia. El alza de los precios energéticos le ha permitido saldar una ingente deuda exterior, equilibrar las cuentas y renovar las capacidades de sus Fuerzas Armadas. Hoy Rusia exige a la sociedad internacional el reconocimiento de que es, de que vuelve a ser, una gran potencia.

La invasión de Georgia ha sido una crisis premeditada, bien pensada, ejemplarmente ejecutada y dirigida a enviar mensajes claros y contundentes en distintas direcciones. Por una parte Rusia no se resigna a aceptar la disolución de la Unión Soviética. Muchos rusos o filorusos quedaron fuera de sus fronteras, piden ser rescatados de su situación y Moscú les escucha y atiende. Abjacia y Osetia del Sur son un adelanto de lo que va a ocurrir en otros estados. No es ningún secreto, porque los dirigentes rusos llevan años anunciándolo. Por otra parte, Rusia quiere que acabemos de entender, de una vez por todas, que tiene derecho a disponer de «un área de influencia natural». Eso es lo que significa para los oligarcas rusos ser una «gran potencia»: una versión moderna de lo que fue el Imperio Ruso. Desde esta lógica los europeos no tenemos derecho a promover la democracia y el respeto a los derechos humanos en el Cáucaso y Asia Central, ni a admitir en nuestras organizaciones a estados como Georgia o Ucrania. Ya es tarde para evitar lo ocurrido con los estados bálticos, pero no están dispuestos a pasar ni un caso más.

Ni Georgia, recién invadida, ni Ucrania, amenazada con perder Crimea y cuyo presidente ha sufrido un intento de asesinato, son miembros de la Alianza Atlántica o de la Unión Europea. No tenemos ningún acuerdo de seguridad que nos obligue a ir en su defensa. Sin embargo, lo ocurrido tiene que ver con cómo hemos llevado las conversaciones con estos países sobre su ingreso en la OTAN. Los estados europeos están profundamente divididos en su visión de la política exterior. Las diferencias y el intento de ocultarlas llevan a menudo a decisiones absurdas, contradictorias y contraproducentes. No fue correcto decir a Turquía que no había obstáculo para su ingreso en la Unión para, a continuación, bloquearlo. O sí o no. De la misma forma que no se puede estar un «poquito embarazada» no se puede estar un «poquito ingresado». La respuesta a Ucrania y Georgia sobre su entrada en la OTAN fue un error. O sí o no, pero nunca sí pero ya veremos cuando, que es lo que aprobamos en Bucarest. Moscú constató nuestra división y debilidad y actuó en consecuencia.

Los análisis rusos se confirmaron al comprobar la tenue reacción ante la invasión injustificada de un estado, una democracia ansiosa de ingresar en las instituciones europeas. Francia, Alemania e Italia primaron el interés inmediato: sus negocios con Rusia son muy importantes, tanto como su dependencia energética. Una reacción firme habría llevado a una escalada que no deseaban. Estaban dispuestos a sacrificar Georgia y lo que hiciera falta con tal de garantizar el status quo.
Por el contrario, el Reino Unido y los estados centro-orientales recordaron las lecciones de la historia reciente y exigieron firmeza para evitar futuros pasos en la misma dirección contra Moldavia, Ucrania, Bielorrusia... o un creciente chantaje diplomático para doblegar la voluntad europea y adaptar su acción exterior a la conveniencia rusa. Como Churchill explicó en su día no responder a tiempo supone animar a nuevas aventuras.

Aunque tarde, el Consejo Atlántico se reunió con carácter extraordinario en Bruselas para constatar que también sobre este tema los supuestos aliados disentían abiertamente. Incapaces de adoptar una posición común concluyeron en un ejercicio diplomático: reivindicaban la integridad territorial de Georgia y advertían a Rusia de que el futuro de las relaciones dependía del cumplimiento de las condiciones del alto el fuego. Rusia no invadió Georgia para volver a la situación inmediatamente anterior, más aún después de comprobar la débil presión internacional. Ya es evidente que Rusia ha violado el acuerdo y que la hábil maniobra de las diplomacias europeas sólo ha servido para ganar un par de semanas. La pelota ha vuelto a nuestro campo forzando la convocatoria de un Consejo Europeo Extraordinario.

El Consejo ha concluido reivindicando la integración territorial de Georgia y advirtiendo a Rusia de que en el futuro las relaciones no podrán desarrollarse con normalidad si continúa en la misma línea. Una repetición del fallido Consejo Atlántico extraordinario celebrado hace unas semanas.
Europa no da más de sí. Esto es todo lo que es capaz de hacer ante la invasión de un estado soberano, la segregación de parte de su territorio, el intento de desestabilizar su régimen democrático y de poner fin a su acercamiento a Europa. El Consejo ha sido un nuevo ejemplo de impotencia, división y falta de perspectiva. Pero esto no es lo peor. El mensaje que se ha recibido en Moscú es que Europa está dispuesta a aceptar un área de influencia, que no estamos dispuestos a defender a Ucrania, que renunciamos a integrar estados que planteen dificultades.

La vuelta a las «estrategias de pacificación» sólo animará a Rusia a ir a más mientras la sociedad europea se divide. Las chulescas declaraciones de las autoridades rusas han dificultado a franceses, alemanes e italianos su posición en contra de una política de firmeza. El gobierno alemán ya se ha dividido en dos mientras Sarkozy se acerca a la postura británica.

El núcleo del problema es la exigencia rusa del reconocimiento de su área de influencia. Estamos ante un problema diplomático y militar, y en estas áreas debemos concentrarnos. No es cuestión de sanciones económicas, que nos dañarían a nosotros también. No tiene que preocuparnos que el Consejo no las haya aprobado. Rusia busca respetabilidad y poder y eso es lo que tenemos que negarle. Europa debe dejar de tratar a Rusia como un igual, un estado solvente con el que negociar los grandes asuntos de interés mundial o regional. Debe quedar fuera del G-8, de la Organización Mundial del Comercio y olvidarse de un Acuerdo de Asociación con la Unión. Si quiere ser tratado como un actor relevante, debe cambiar su comportamiento. El vacío es el mejor tratamiento para quien ansía deferencia.

Para evitar nuevos pasos del oso ruso conviene reforzar las relaciones con los estados amenazados y acelerar sus procesos de integración. Ése es el lenguaje que entiende Moscú, sólo así comprenderá que la campaña georgiana le ha salido mal y que ése no es el camino para defender sus intereses.

El fracaso de los tratados de la Constitución y Lisboa, el penoso papel de los destacamentos militares enviados a Afganistán y ahora la incapacidad europea para reaccionar ante la invasión de Georgia hace que la credibilidad de la dimensión internacional de la Unión se resquebraje. Sólo cabe esperar que los tres grandes -Reino Unido, Francia y Alemania- logren un entendimiento con Estados Unidos para mantener una política común y creíble que contenga el renacido expansionismo ruso. Mientras tanto Putin puede celebrar su victoria. El coste de la invasión de Georgia ha sido mínimo. Rusia vuelve a la primera línea y se dispone a mover pieza.

Florentino Portero
Analista del Grupo de Estudios Estratégicos GEES
http://www.gees.org/

segunda-feira, 1 de setembro de 2008

La neurótica invasión rusa

En el mismo momento en el que China obtenía una medalla de oro en diplomacia por el éxito de la ceremonia inaugural en Pekín, Rusia se aseguraba una tarjeta roja por la extrema y desproporcionada violencia de su intervención militar en Georgia.

Mientras China pretende seducir e impresionar al mundo con el número de medallas olímpicas conseguidas, Rusia quiere impresionarle con la demostración de su superioridad militar. El poder blando de China frente al poder duro de Rusia: las preferencias de los dos países reflejan el grado tan distinto que tienen de confianza en sí mismos.

China puede jugar a ser víctima ante Occidente, pero sus líderes saben que su país ha vuelto a ocupar en el escenario mundial un puesto que consideran apropiado y legítimo. Por supuesto, dentro de sus fronteras, los dirigentes chinos no se sienten nada seguros y se comportan con sus ciudadanos con arreglo a ello. No obstante, mientras China da minúsculos pasos hacia adelante, Rusia está dando pasos de gigante hacia atrás.

Georgia y Rusia llevan muchos años jugando con fuego y la guerra parecía inevitable. Cada lado estaba esperando a que el otro diera un paso en falso para mostrar sus cartas.

Es más que probable que el joven e impulsivo presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili, haya caído en la trampa que él mismo había ayudado a tender. Quería mostrar a sus socios occidentales que Georgia necesitaba la protección de la OTAN frente a Rusia y que, por tanto, el ingreso en la organización era urgente.

Independientemente de que en Estados Unidos algunos animaran a Saakashvili, él no se esperaba -aunque debería- la reacción "hiperexplosiva" de Rusia. Porque está más claro que nunca que Vladímir Putin es quien sigue mandando. Y la oportunidad que le ofrecía Mijaíl Saakashvili de indicar al mundo que Rusia no va a seguir soportando humillaciones era demasiado tentadora.

El Kremlin, muy consciente del ascenso de Rusia como superpotencia energética cada vez más importante, del debilitamiento relativo de la influencia y la determinación de Estados Unidos, de las profundas divisiones en Europa entre pro-rusos -como Alemania y, sobre todo, Italia- y anti-rusos (principalmente los miembros más recientes de la Unión Europea en el este de Europa), y de la parálisis de Naciones Unidas por el poder de veto de Rusia, ha querido enviar un mensaje firme al mundo: "La hora de las concesiones ya ha pasado".

Para el Kremlin, probablemente, Osetia del Sur y Abjazia sólo permanecerán bajo la soberanía formal de Georgia si el país no se incorpora a la Alianza Atlántica.

Pero Rusia, como Saakashvili, está jugando con fuego: su estrategia de alentar a las fuerzas separatistas en las dos provincias georgianas puede encender las tendencias separatistas en otras partes de la Federación Rusa (¿se acuerdan de Chechenia?). Además, Rusia está aislándose de forma innecesaria del resto del mundo.

Sobre todo, esta crisis confirma la nueva jerarquía de poderes que existe hoy en el mundo. En este mundo nuevo, China y Rusia han vuelto y Estados Unidos, aunque sigue en la cima, está en declive. En cuanto a Europa, aunque la Unión Europea hace de mediadora, cuando actúa deja patentes los límites de su influencia.

La UE sólo es verdaderamente "convincente" cuando puede utilizar el poder seductor del carnet de miembro. Pero a Rusia no le interesa entrar en el club, al menos no con las condiciones europeas. Los rusos saben muy bien que los estadounidenses desean su ayuda en Oriente Próximo; en otros temas, escuchan a Europa y Estados Unidos con una actitud que oscila entre la indiferencia y la brutalidad.

Rusia también ha dañado innecesariamente su imagen internacional. El Kremlin no necesitaba esa exhibición de fuerza y brutalidad sin límites para defender sus argumentos. Ahora, China, en comparación, parece un socio respetable.

En cuanto a Occidente, se enfrenta a un dilema. ¿Puede recompensar a los georgianos por la irresponsabilidad de sus dirigentes y acelerar la entrada de su país en la OTAN? Por otra parte, ¿puede permitirse el lujo de conceder a Rusia el derecho de facto a controlar, directa o indirectamente, países como Georgia hoy y como Ucrania mañana?

La crisis actual en el Cáucaso no significa el regreso de la guerra fría, ni va a suponer seguramente el inicio de una guerra abierta entre Rusia y Occidente; es algo más sencillo, la vuelta del imperialismo tradicional practicado por el imperio ruso hace más de un siglo.China es, con la excepción de Tíbet, un imperio confiado y satisfecho con el statu quo. Rusia, por el contrario, es una potencia imperialista revisionista, cuya falta de seguridad en sí misma está empezando a asustar de nuevo al mundo.

Dominique Moisi, fundador y consejero en el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), es catedrático en el Colegio de Europa de Natolin, Varsovia. © Project Syndicate, 2008.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

www.elpais.es

A história das mulheres que atravessaram o Atlântico




Entrevista com Diego Bracco, autor do livro María de Sanabria e doutor em História pela Universidade de Sevilha.


“María de Sanabria” (editora Record, 272 pág., R$ 39,00)

Histórias das navegações, sobre homens atravessando mares em direção a terras desconhecidas, são quase sempre atribuídas a Cristovão Colombo, Pedro Álvares Cabral e Américo Vespúcio. É quase impossível encontrar relatos de mulheres que atravessaram oceanos em busca de um mundo a ser conquistado. Talvez seja esta a maior inspiração de Diego Bracco, autor de um livro que quer tornar conhecida uma expedição comandada por mulheres espanholas, tendo como líder María de Sanabria. Cerca de 100 delas, em 10 de abril de 1550, embarcaram em três pequenos navios para passar quase um ano em alto mar, pelo Atlântico, com o objetivo de chegar na América. Elas queriam evitar que os espanhóis – que se encontravam por aqui – começassem a se procriar com as índias. “A coroa temia que, com a grande quantidade de mestiços, a classe espanhola, pura, se perdesse e, assim, não conseguisse dominar o território”, afirma Bracco.

Mas a autorização por parte da corte – de uma viagem tão arriscada – também é explicada por um outro grande motivo: a herança deixada pelo pai de María de Sanabria, Juan de Sanabria. Era ele quem deveria vir para a América, porque iria assumir o governo de Assunção, no Paraguai, que havia acabado de depor o famoso Cabeza de Vaca do poder. Mas Juan morreu pouco antes de partir para a missão.

Álvar Nuñez Cabeza de Vaca foi designado governador do Rio da Prata. Chegou a Assunção do Paraguai depois de uma grande viagem. Mas suas tentativas de limitar os abusos dos europeus contra as mulheres indígenas parecem ter influenciado na criação do movimento que acabou tirando-o do poder. Sem Cabeza de Vaca e com a morte de Juan de Sanabria, quem deveria assumir o governo era um homem: o meio-irmão de María de Sanabria, mas não se sabe porque ele não veio na expedição. Por isso, as mulheres Sanabria chegaram a Assunção para assumir o poder em nome do pai já morto. A travessia do Oceano Atlântico é um pouco romantizada, por falta de documentos que expliquem os detalhes da viagem e de como estas mulheres enfrentaram as enfermidades e os piratas. Sabe-se que, entretanto, graças a elas a coroa da Espanha conseguiu evitar que o domínio do território fosse tomado por algum mestiço.

Na última segunda-feira, Diego Bracco esteve no Brasil, a convite das Livrarias Curitiba, para lançar o livro María de Sanabria. Na conversa com a Gazeta do Povo, ele se deteve a contar a viagem das mulheres e a chegada delas ao Brasil. “A vida na costa brasileira deve ser assunto para ser tratado em um segundo livro”, anuncia Bracco. As respostas a seguir são fundamentadas em pesquisas feitas pelo historiador. Tudo o que não é documentado, ele tentou deixar o mais próximo da realidade da época. Pouco se fala da lendária travessia.

Há documentos que comprovem que a expedição realmente aconteceu?

Existem basicamente quatro documentos, com informações não muito detalhadas. Sabe-se que as circunstâncias históricas são incomuns. O Cabeza de Vaca tinha sido derrubado do governo do Rio da Prata, mas ninguém teve coragem de assassiná-lo. Mandaram ele acorrentado para a Espanha. Mesmo que a coroa acreditasse na versão de Cabeza de Vaca, era impossível lhe repor no governo, enviá-lo novamente ao Rio da Prata para confrontar os outros espanhóis que lá estavam, a 10 mil quilômetros de um território pouco conhecido. Também não há relatos de como ele morreu.

Como foi a decisão de nomear o novo governo?

A coroa decidiu dar o poder a um nobre de muita importância, primo de Hernan Cortez (conquistador do México), chamado Juan de Sanabria, pai de María de Sanabria. Dizia-se que ele fez um contrato de muitos capítulos com a monarquia, para assumir o governo do Rio da Prata. Mas ele morreu logo depois de assinar o documento, por isso o filho dele seria o herdeiro do poder. O rapaz é conhecido como meio-irmão de María de Sanabria, mas não se sabe porque ele nunca veio ao Rio da Prata. Juan de Sanabria tinha três filhas e deixou a mulher, Mencía Calderón, viúva. Foram elas que assumiram a herança e decidiram fazer a travessia.

Mas a missão delas não era evitar que os espanhóis se procriassem com as mulheres indígenas?

Isto é uma verdade também, além da missão referente ao contrato deixado por Juan de Sanabria. A pergunta é: por que a coroa autorizou uma expedição tão incomum para a época? No interior do Rio da Prata, os documentos encontrados chamavam o local de Paraíso de Maomé. No Alcorão (livro sagrado do islamismo), há registro de 72 mulheres para cada homem que mereça as graças de Alá. No Paraguai, era o que estava acontecendo. Espanhóis tinham, cada um, cerca de 80 a 100 mulheres indígenas. A coroa temia que, com a grande quantidade de mestiços, a classe dominante perdesse o território. Foi o que fez com que a coroa autorizasse a partida das 100 mulheres espanholas, que deveriam se casar com estes homens que estavam dominando a América.

Deu certo?

Sim. Algumas mulheres ficaram na costa brasileira e se casaram. Uma grande prova é que María de Sanabria teve dois filhos, que foram duas grandes figuras dos séculos 16 e 17. É possível que a idéia da coroa, de classe dominante, tenha sido obtida. O filho do primeiro casamento de María de Sanabria, batizado de Hernando, se tornou franciscano, foi um dos grandes protagonistas da vida religiosa do Rio da Prata e fundador da Universidade de Córdoba. O segundo filho, de uma provável relação extra-conjugal, também se chamava Hernando, mas ficou conhecido como Hernandarias, da junção Hernando Arias. Ele foi três vezes governador do Rio da Prata.

María de Sanabria se casou mais de uma vez?

Sim. Ela perdeu o primeiro marido quando este foi preso logo que chegaram a Assunção, seis anos depois dela ter partido da Espanha. O nome dele era Hernando de Trejo, que morreu em data próxima à morte do também governador do Paraguai na época. Ele deveria ser um homem generoso, porque deixou herança para María desfrutar na Espanha. Ela decidiu ficar por mais um tempo e se casou novamente. Ainda não é certo, mas ela engravidou do segundo filho três anos antes de casar pela segunda vez.

Por que cerca de 100 mulheres decidiram vir para a América? Elas estavam fugindo de algo? Tinham idéia do que iriam passar?

É muito possível que seriam diversos tipos de gente. Apesar de a embarcação ser comandada por mulheres, existiam homens também. Deveriam ser pessoas que estavam tentando a própria sorte, que queriam mudar de vida. Imagino que as mulheres fugiam de coisas que elas temiam na época: como o seu próprio passado, a inquisição, de ter um nome ruim e não ter um bom dote para se casar. Importante lembrar, porém, que a Espanha nesta época também foi o país que permitiu a melhor situação para as mulheres que sofriam com o preconceito de gênero. Com a saída dos homens para conquistar a América, elas cuidaram da propriedade e do dinheiro. Algumas fizeram opção religiosa, como Santa Teresa de Ávila, que é bem conhecida.

Como eram as três embarcações que trouxeram estas mulheres? O que elas tiveram de enfrentar durante a travessia?

É inacreditável para nós. As embarcações da época eram muito pequenas, como um barco de pescaria, e carregavam muita gente. Tinham 25 metros de comprimento. Faltava água e a comida era escassa – foi pior do que a viagem da família real portuguesa. Estas mulheres passaram fome, ficaram doentes. Por isso, metade delas morreu no caminho, provavelmente a terceira irmã de María de Sanabria também não resistiu. Um documento que relata o que Mencía Sanabria (mãe de María) perdeu durante as viagens é prova de que elas foram saqueadas por piratas, no Golfo da Guiné.

Onde elas desembarcaram?

Foi na ilha de Santa Catarina, atual Florianópolis. Algumas ficaram por lá, outras seguiram para São Paulo e houve um grupo que seguiu com María de Sanabria rumo ao Paraguai, não se sabe quantas eram. É provável que elas tenham feito o mesmo caminho que Cabeza de Vaca fez, passando pelo Paraná nas trilhas do Caminho do Peabiru, com orientação dos índios tupis-guaranis. Elas descansaram da viagem na antiga região das Sete Quedas.

Pollianna Milan
Gazeta do Povo, Curitiba
 
Locations of visitors to this page