domingo, 2 de novembro de 2008

Reina, esposa, madre y abuela

Tiene la mirada cálida y la sonrisa franca, el gesto amable y la decisión de una mujer de Estado. Doña Sofía cumple setenta años, y mantiene de aquella joven princesa griega que llegó a España el corazón sincero y la determinación que volcó los recelos iniciales de un pueblo por el cariño incondicional a alguien que la gente siente casi como de su familia. La hemos visto llorar, reír, con los grandes líderes mundiales y con los más necesitados. La hemos visto entregada a su papel de madre, al de abuela, pero sobre todo volcada como Reina de todos los españoles. Cuando es madre, nunca pierde del todo su aura de Reina, y cuando toca ser ésta, no abandona el candor de la maternidad.

Setenta años en los que se ha convertido en testigo fiel e infatigable de la Historia de España, de la historia del cambio, siempre al lado del Rey, siempre en su papel, sobria, austera y cercana. Su carácter, sus formas y sus aficiones se cuajaron en una infancia y juventud nada fáciles y en el calor, eso sí, de una familia encabezada por el Rey Pablo I de Grecia y la Reina Federica, quienes en principio determinaron llamarla Olga. El clamor del pueblo griego por el nombre de Sofía hizo a sus padres cambiar de idea. Con apenas tres años comenzó el exilio al que se vio obligada su familia por la Guerra Mundial, un destierro que se inició en Creta, siguió en Alejandría y, pasando por El Cairo, acabó en Ciudad de El Cabo, en Suráfrica. Tras su vuelta a Grecia en 1946, Sofía Margarita Victoria Federica Schleswing-Holstein Sonderburg Glucksburg, que es su nombre completo, es enviada al internado alemán de Salem, donde permaneció otros cinco años.

Con la mayoría de edad trabajó dos años como enfermera en un orfanato en Atenas y comenzó estudios en dos de sus grandes pasiones: las Bellas Artes y la Arqueología, además de profundizar en la puericultura. Esas aficiones la seguirán desde entonces toda la vida, llegando a tener una profunda amistad con grandes artistas como Yehudi Menuhim o Rostropovich. Pero ese amor por las cuestiones clásicas no la alejó de realidades musicales distintas, como los Beatles, a quienes admira, o los Rolling Stones, que también escuchaba con gusto.

Su camino hacia el Reinado de España comienza en 1954. Lejos de sus expectativas, Doña Sofía da los primeros pasos sin saberlo en esa dirección en un crucero por las islas griegas que organizó su madre con gran parte de la joven realeza europea, en el que también estaba Don Juan Carlos. Aquel viaje no supuso nada en su futura relación, pero seis años después ya sabía cada uno quién era el otro cuando coincidieron en la fiesta de los duques de Wüttemberg en Sttutgart. No fue hasta unos meses después, en Londres, durante la boda de los duques de Kent, cuando el protocolo, que les colocó juntos, llevaría al comienzo de una relación que dura hasta hoy.

Desde el principio la Reina sintió una profunda admiración por «Juanito». Le sorprendía que mantuviera siempre una actitud tan tranquila y positiva pese a las circunstancias en las que se desenvolvía su vida y la incertidumbre de su futuro. En su biografía, Doña Sofía reconoce que «me di cuenta de que era un hombre con una hondura que no sospechaba». Su matrimonio tuvo lugar en Atenas en 1962, por el rito ortodoxo y el católico, religión que profesan los Reyes en la actualidad y en la que educaron a sus hijos. El cariño del pueblo griego por su princesa se trasladó enseguida a su esposo, que llegó a confesarse emocionado por lo que vio tras salir de la catedral ateniense de San Dionisio.

Desde entonces, Don Juan Carlos y Doña Sofía se instalan en la Zarzuela. En 1963 nace Elena, su primogénita; en 1965, Cristina, y tres años después, Felipe, el Heredero y su «ojito» derecho. Poco a poco, la futura Reina iría calando entre los españoles, más aún en los años convulsos del final del franquismo. Tras el nacimiento de sus tres hijos, las Cortes nombran a Don Juan Carlos «sucesor a título de Rey» y comienzan a viajar dentro y fuera de España como Príncipes. Dos días después de la muerte de Franco, la princesa nacida en Grecia se convierte en Reina, y España, de la mano de su Rey y con el apoyo incondicional y silencioso de Doña Sofía, comienza a andar hacia la democracia.

No fueron tiempos fáciles. Quizá por eso el Monarca la definiría ante Juan de Vilallonga como su «compañera de viaje», «la mejor consejera» y una «gran profesional». Durante la noche del 23-F, estuvo permanentemente al lado de su marido, animándole y ayudándole en todo lo necesario. Eso después de la primera vez que los españoles vieron llorar a su Reina, tras la muerte de su madre, y seis días de veto por parte del Gobierno griego para que sus restos descansaran junto a los de Pablo I. Luego vinieron otras lágrimas, tan sinceras como ésas: la muerte de Don Juan, su suegro; el funeral por los 62 militares muertos en el Yak- 42 y la misa por los 192 muertos en los atentados del 11-M. Quizá su rostro desolado y su abrazo a las familias supuso el único consuelo de España en esos terribles días. Su sincero dolor era el de los españoles, y eso identificó aún más a los ciudadanos con su Reina.

Como su faceta solidaria humanizó a la Monarquía española mucho más que a otras coronas europeas, el nacimiento de sus nietos, ocho, la hizo aún más familiar. Hoy cumple 70 años. Lo celebra en la intimidad, sencilla, humana, cálida, Reina, madre, abuela, española de pura cepa.

Diego Mazón
www.larazon.es

Un ejemplo de Reina

Doña Sofía cumple hoy 70 años. Es una noticia que llena de orgullo y alegría al pueblo español, porque la Reina es una de las personas más queridas y respetadas de nuestro país. Es la historia de una vida entregada al servicio de los demás. A su país de nacimiento, Grecia; al que es suyo con pasión y devoción, España; y a su familia. Desde su corta infancia fue consciente de las responsabilidades y deberes que comportaba la alta posición que adquirió al nacer. Era la hija de un rey, Pablo I de Grecia, es la hermana de otro, Constantino II, y se casó con un príncipe español que en 1975 se convertiría en el Rey de España con el nombre de Juan Carlos I. La Corona ha sido, sin lugar a dudas, un elemento clave en el éxito histórico que ha alcanzado España durante estas décadas. La transformación de nuestra sociedad ha sido posible por la estabilidad que ha aportado la Monarquía constitucional encarnada por la persona de Don Juan Carlos. Lo ha sido en el ámbito interno como figura capaz de suscitar un amplio consenso así como un respeto generalizado. Y también en una proyección internacional en la que su figura ha sido decisiva.

El Rey de España fue el piloto que llevó a buen término el tránsito de la dictadura a la democracia con la inestimable ayuda de figuras como Adolfo Suárez, Torcuato Fernández Miranda, Felipe González, Manuel Fraga y otros muchos que se sumaron a ese hito de nuestra historia que fue la Transición. Una vez concluido ese periodo, el Rey ha desarrollado su papel con eficacia, ejemplaridad y concitando la admiración de la sociedad española. El sentido de la Monarquía es ajustarse al papel que le otorga la Constitución así como el carácter ejemplar que ha de tener su titular. Es una institución cuyas raíces surgen de la historia, pero que se ha renovado por la legitimidad que le otorga nuestra Carta Magna y la alcanzada personalmente por el Rey.

Don Juan Carlos ha tenido siempre a su lado a la mejor y más eficaz colaboradora que podía tener para asumir el difícil reto de la Jefatura del Estado. Doña Sofía no sólo ha sido ejemplar en su papel, sino que es un ejemplo en todo el mundo. Desde que se casó con el hijo de Don Juan, conde de Barcelona, hasta el feliz día de hoy, ha mostrado una abnegación por España y los españoles que no es posible superar.

Doña Sofía es Reina, esposa, madre y abuela. En estos cuatro papeles ha sido capaz de mostrar su carácter excepcional. Lejos de nuestro ánimo caer en el fácil halago palaciego o en los excesos que antaño se daban al glosar la vida de los Soberanos. El papel de la Reina es perfectamente objetivable, más allá de cualquier desmesura a la hora de valorar su papel histórico. En primer lugar está su calidad humana. Esa sensibilidad hacia los más desfavorecidos y su dedicación a las causas humanitarias, que es coherente con lo que vivió desde niña en la familia real griega, así como con su vocación de enfermera. Con respecto a su papel institucional, como consorte del Rey, le ha tocado vivir momentos difíciles que ha manejado con inteligencia y habilidad.

Es una trabajadora infatigable que ha sabido educar a sus hijos, con la colaboración de Don Juan Carlos, con enorme eficacia. No es casual que España cuente con un heredero, Don Felipe, que es un modelo de príncipe moderno, con una extraordinaria preparación académica y profesional que le permite ejercer muy satisfactoriamente su alta responsabilidad, acompañado, desde su matrimonio, por Doña Letizia. No cabe más que desearle una larga vida al servicio de su vocación, España; su esposo, Don Juan Carlos; y sus hijos y nietos.

www.larazon.es

sábado, 1 de novembro de 2008

Arqueólogos descobrem "acampamento do verdadeiro Robinson Crusoé"

Arqueólogos acreditam ter encontrado evidência do acampamento, em uma ilha chilena, de Alexander Selkirk, o náufrago que teria servido de inspiração para o personagem central do clássico de Daniel Dafoe, Robinson Crusoé, de acordo com um artigo publicado na revista acadêmica Post-Medieval Archaeology.

O marinheiro escocês Selkirk ficou preso, em 1704, na ilha de Más a Tierra, hoje conhecida como Ilha de Robinson Crusoé e que faz parte do arquipélogo Juan Fernández, a cerca de 750 km da costa chilena.

Ele decidiu ficar no local, onde o navio Cinco Portos havia parado para reparos, depois de ter supostamente brigado com o comandante da embarcação a respeito das condições de navegação.
Agora, arqueólogos afirmam ter encontrado provas do que acreditam ser a estadia de Selkirk em uma parte da ilha conhecida como Aguas Buenas, depois de descobrir restos de um acampamento que teria sido construído por um europeu.

Observatório

O artigo da revista especializada detalha a descoberta de um fragmento de uma amálgama de cobre de um objeto de navegação que teria pertencido a um marinheiro ou a um mestre de um navio.

Relatos do capitão Woodes Rogers, que resgatou Selkirk da ilha, sugerem que o marinheiro escocês teria desempenhado um desses dois papéis.

Os arqueólogos também teriam encontrado sinais de onde Selkirk teria construído um abrigo, perto de um riacho, e montado um observatório para verificar a chegada de navios ao local. No final, levou cinco anos até que um navio inglês chegasse ao local.

Publicado dez anos depois do resgate, o livro Robinson Crusoé, de Daniel Defoe, teria sido inspirado na experiência de Selkirk na ilha chilena.

O artigo na revista acadêmica foi publicado por um grupo de arqueológos reponsáveis pela escavação. O projeto na ilha chilena é patrocinado pela National Geographic Society of Washington.

BBC Brasil
 
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