sexta-feira, 15 de agosto de 2008

Putin el terrible

En «Rebuilding Russia», publicado cuando la Unión Soviética estaba al borde del desplome, Aleksandr Solzhenitsyn escribió que el «despertar de la autoconciencia nacional rusa ha sido en gran medida incapaz de liberarse de la idea de la gran potencia y de las falsas ilusiones imperiales... ha adoptado de los comunistas la fraudulenta y fingida noción del patriotismo soviético». Como toda observación profética, era una perspicaz lectura del presente, no de del futuro. La invasión rusa de Georgia es una poderosa confirmación de las palabras de Solzhenitsyn. Uno puede, por cierto, revertir el argumento de Solzhenitsyn: el imperialismo soviético fue una continuación, no un antecedente, del nacionalismo ruso. Vladimir Putin y su pelele, el presidente Dimitri Medvedev, han revivido la tradición expansionista que se remonta a la época de Ivan el Terrible. La actual invasión de Georgia se hace eco de la anexión rusa de ese país en 1801 y de la de 1921, cuando los soviéticos aplastaron la breve independencia del país caucásico.

Esta invasión tiene poco que ver con la protección de los osetianos del sur, que hace pocos años luchaban a favor de la independencia con respecto tanto a Georgia como a Rusia. Y tiene poco que ver con el obvio error de cálculo del presidente georgiano Saakashvili al responder a la última provocación de Ossetia del Sur tratando de reafirmar el control militar de aquella región. Rusia planeaba esto desde hace algún tiempo, como lo probó la sobrecogedora eficacia del ataque: abarcó áreas bastante más allá de Ossetia del Sur y Abkhazia, la otra región sediciosa de Georgia, e incluyó la movilización de su flota en el Mar Negro.

Sería también un grosero error pensar que el verdadero casus belli fueron las provocaciones occidentales, como el reconocimiento de la independencia de Kosovo en perjuicio de Serbia, aliado de Rusia, o el apoyo de la OTAN a favor de un sistema de defensa anti-misiles en Europa Central. Estos iniciativas, si bien imprudentes dada la psicología de los dirigentes moscovitas, no precedieron al surgimiento del nacionalismo post-soviético en Rusia. Todo lo contrario: la expansión internacional dirigida por Moscú es la continuación lógica de un régimen autoritario que Putin ha venido consolidando durante largo tiempo con ayuda de los petrodólares.

Primero, Putin se aseguró de que las débiles democráticas representativas de su país fueran reemplazadas por un gobierno autocrático. La mayoría de los pesos y contrapesos fueron neutralizados: el poder judicial, los partidos políticos, los gobiernos locales, los medios de comunicación, las empresas privadas, las regiones separatistas. Las fuerzas de seguridad, la Iglesia Ortodoxa y la industria energética se convirtieron en pilares del nuevo régimen. Las dos primeras ya formaban parte del nacionalismo ruso y por ende precisaron de muy pocas purgas. La última requirió algún esfuerzo, por lo que la compañía Yukos fue dividida y su subsidiaria petrolera engullida por el Gobierno, como lo fue Gazprom, el mayor extractor del mundo de gas natural.

Una vez que el Kremlin logró el control, era muy poco lo que podía hacerse con respecto al expansionismo ruso. Europa importa grandes cantidades de gas natural y petróleo de Rusia: la amenaza de reducir o cortar los suministros suspendiendo los envíos a través de Ucrania, importante ruta de tránsito, sirvió para chantajear a la Unión Europea. A Rusia le gustaría engullirse todo lo que se encuentra entre el Báltico y el Cáucaso (más allá de ese punto, su gran vecino sureño, Kazakstán, gobernado por un tirano ahíto de petróleo, ya es amigo de Moscú). Pero existen algunos obstáculos, incluido el hecho de que el Báltico y gran parte de los Balcanes pertenecen a la Unión Europea y la OTAN. Lo cual deja a Georgia y Ucrania, cuyas revoluciones en 2003 y 2004 fueron vistas como una poderosa afirmación de los valores occidentales en el patio trasero de Rusia, como sus objetivos más viables.

Los nacionalistas rusos, que son impetuosos pero no locos, saben perfectamente bien que Europa Central se encuentra más allá de su alcance, pero podrían socavar a esas naciones si subyugan a su vecino inmediato, Ucrania. Y Georgia les daría el control de la ruta de tránsito entre el Mar Caspio y el Mar Negro, lo que equivale a decir el Mediterráneo. Lo que hemos visto estos últimos días en Georgia es la decisión racional por parte de Rusia de llevar su nacionalismo redivivo un paso más allá. Es importante comprender esta realidad ahora que se empieza a calentar en Occidente el debate sobre si aislar, ignorar o negociar con Rusia.

En 1990, Solzhenitsyn, que fue él mismo una suerte de nacionalista ruso, escribió que «debe declararse a viva voz ... que... Transcaucasia... se separará de manera inequívoca e irreversible» de Rusia. Me pregunto que pensaría de la decisión de su amigo Putin de demostrarnos que estaba equivocado.

Álvaro Vargas Llosa
© 2008, The Washington Post Writers Group

quarta-feira, 13 de agosto de 2008

Imagens a 170 mil anos luz da terra

O local escolhido é uma pequena porção da nebulosa da Tarântula, perto do aglomerado estela NGC 2074. le (Foto: Nasa)


A Nasa divulgou imagens de uma região a 170 mil anos luz para celebrar as 100 mil órbitas terrestres do observatório espacial "Hubble", lançado há 18 anos.

Segundo informou o "Laboratório de Propulsão a Jato" ("JPL"), se trata da nebulosa de Tarântula, situada perto do conjunto de estrelas identificado como NGC 2074.

"A região é uma tempestade da pura criação de estrelas, talvez impulsionadas pela explosão de uma supernova nas cercanias", disse o órgão da Nasa em comunicado.

Essa região se encontra na Grande Nuvem de Magalhães, que o "JPL" qualifica como "um satélite da Via Láctea" e "um fascinante laboratório para a observação de regiões de formação de estrelas e sua evolução".

O "Hubble", que foi colocado em órbita no dia 25 de abril de 1990, realizou sua órbita número 100 mil quando foram intensificados os preparativos para uma missão que fará consertos e melhorará sua capacidade em outubro.

O telescópio espacial deve seu nome ao astrônomo americano Edwin P. Hubble, autor da teoria da expansão do universo, que morreu em 1953.

Agência EFE


http://hubblesite.org/

Newman

La película de José Luis Garci «Volver a empezar» era una de las candidatas al Oscar a la mejor película no americana. El momento de la proclamación o la decepción no llegaba y a Garci le sobrevino un agobio de poliuria. Abandonó la sala y corrió hacia los cuartos de baño. Sosegó su líquida contribución a los nervios y fue hasta los lavabos. En el inmediato, un hombre se refrescaba el rostro con una toalla mojada. De golpe se descubrió y Garci y él se miraron largamente. «No he visto en mi vida un ser humano más guapo». Era Paul Newman. Y a Garci no le gustan los hombres.

Es de los últimos de la gran generación de los dioses. Monógamo. Lleva casado con la misma mujer cincuenta años, hazaña insuperable en Hollywood. Dicen por ahí que un aristócrata en Hollywood es todo aquel -no hay muchos- que sabe quién es su padre. Los hijos de Paul Newman son aristócratas de tronío. A Paul Newman le quedan pocas semanas de vida, y ha abandonado voluntariamente el hospital para morir en casa, junto a su mujer y su familia. Fallecer en un hospital es hacerlo por partida doble, y Paul Newman sólo quiere morir una vez. El otro enamorado de Hollywood se marchó pocos meses atrás. Charlton Heston, que dijo que un matrimonio en Hollywood es aquel que se promete fidelidad hasta después del viaje de novios. Estar casado en Hollywood durante cincuenta años con la misma mujer y siendo Paul Newman es sobrada causa para abrir un proceso, como mínimo, de beatificación. Porque de Newman se han enamorado, están enamoradas y se enamorarán unos seiscientos millones de mujeres simultáneamente. Como actor ha sido un genio y como hombre, una roca. Lo aseguró Gene Fowler: «En Hollywood nada hay más extraño que un aniversario de boda». Los Newman han celebrado cincuenta, y eso no se lo han perdonado a su mujer, «tan poquita cosa, tan acaparadora y tan invencible», según Jane Fonda.

Paul Newman es de los pocos que han triunfado sobre Hollywood. Y ha vivido allí durante décadas. Thornton Wilder nunca superó seis semanas seguidas de estancia en Hollywood. «Nunca he permanecido más de seis semanas en Hollywood. La corrupción comienza en la mañana de la semana séptima». Y para Mencken «el verdadero y original agujero del culo de la creación. Los perros que hacen películas, comparados con los actores, las actrices, los productores, los directores, los guionistas y los agentes, realmente parecen la antigua nobleza italiana».

Pero en Hollywood nació una generación de dioses del cine que nunca será igualada. Una larga generación con una relación de actores que coincidieron y crearon la época de oro del cine mundial. Nada que ver con lo que se mueve por aquí o lo que, siendo de aquí, se mueve ahora por allí. Y Paul Newman es uno de ellos, probablemente uno de los más grandes de entre ellos, hombre antes que actor, aun siendo de los cimeros.

Así que estaba Paul Newman en la cama de un hospital, los médicos le dijeron que se moría, miró a su mujer y se fueron a casa. Después de cincuenta años de amor con la misma mujer en el lugar menos propicio para ello, morirse en casa es un premio. El día que desaparezca, seiscientos millones de mujeres llorarán y el cine habrá recuperado un poco del respeto perdido.

Alfonso Ussía
 
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