segunda-feira, 22 de novembro de 2010

Los bocetos ocultos en «La adoración de los magos»

Los bocetos que dibujó Leonardo Da Vinci en la tabla de "La adoración de los magos", pintada entre 1481 y 1482, han podido verse por primera vez hoy en Florencia fuera del ámbito académico gracias a una investigación conducida por el científico Maurizio Seracini, que ha descubierto trazos bajo la pintura.

                                     
                                     
El rostro de estupor de un figurante que, según los investigadores, puede ser un autorretrato del propio Leonardo y que se ve en la profundidad del cuadro, custodiado en la Galeria de los Uffizi de la ciudad toscana, es uno de bocetos escondidos detrás de los colores del lienzo.

En el marco de un encuentro de científicos titulado "A la búsqueda de Leonardo", presidido por Seracini, el público ha podido ver por primera vez estos trazos, proyectados en Palazzo Vecchio, actual Ayuntamiento de Florencia, donde se celebra estos días la semana de la cultura, Florens 2010.

Con los hallazgos de este profesor de la Universidad de San Diego (EE.UU.) también se han traspasado las capas de pintura de los pies de la Virgen María representada en la parte central del cuadro, uno de los primeros grandes encargos que recibió Leonardo y para el que realizó numerosos dibujos preparatorios.

Encuentro sobre Da Vinci

El encuentro sobre el maestro italiano ha versado además sobre el enigmático fresco "La batalla de Anghiari", que Leonardo Da Vinci pintó en una de las paredes del Salón de los Quinientos de Palazzo Vecchio y que se perdió durante la restauración a la que fue sometido el edificio en el siglo XVI. Seracini sostiene que el fresco no fue destruido, sino que permanece escondido tras una pared paralela que se construyó para conservarlo.

A falta de culminar los trabajos de investigación que lo demuestren, el experto asegura que "durante quinientos años esta obra maestra ha permanecido oculta, porque (el arquitecto Giorgio) Vasari la cubrió con un muro", y que no ha encontrado "ni un solo elemento que demuestre lo contrario".

"Es la mayor obra de arte que Leonardo nos ha dejado y está aquí debajo", dijo el científico. El experto en arte aseguró que su investigación, que durante 35 años ha sido impulsada y financiada "con presupuesto no italiano", apuntó, se encuentra "en la última fase", pero que para terminarla le faltan dos millones y medio de euros. "Espero que Florencia e Italia entiendan que valorar nuestros bienes culturales permite dar un futuro a nuestro pasado", concluyó Seracini, preguntándose "qué país del mundo no querría buscar aunque fuera un pequeño fragmento de Leonardo". 

EFE - ABC
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sábado, 20 de novembro de 2010

El traductor de Nuremberg afirma que los nazis no se arrepintieron

Siegfried Ramler, intérprete de Hermann Göring y otros jerarcas nazis en el histórico Juicio de Nuremberg, afirma que los acusados de ese proceso no dieron muestra alguna de arrepentimiento, algo que atribuye, entre otros factores, a un antisemitismo que les impedía ver a sus víctimas como seres humanos.



A sus 85 años, Ramler, judío de origen austríaco, es uno de los muy escasos testigos directos aún vivos de ese juicio, abierto hace hoy 65 años y sobre el cual se inaugura mañana un museo en la ciudad alemana en la que se celebró. En declaraciones al diario vienés "Der Standard", el traductor asegura que los acusados nunca mostraron arrepentimiento, sino que "sólo querían explicar cuál no era su función".

"Se trataba de decir: yo no tenía nada que ver, no era mi competencia, no firmé eso, y si lo firmé, entonces lo hice de forma automática", señala. Ramler, uno de los primeros intérpretes simultáneos en procesos jurídicos y luego pedagogo en Hawaii, la raíz de esa aparentemente indiferencia hacia los crímenes cometidos radica en la educación y el antisemitismo, pues daban pie a que "las víctimas no fueran vistas como seres humanos".

"Eso cambió las perspectivas. Matar a seres inferiores era algo diferente", explicó. Asevera que la necesidad que él tenía entonces, a los 22 años, de concentrarse en su trabajo como intérprete simultáneo le facilitó estar presente en el juicio sin sentirse entonces afectado por las atrocidades de las que se hablaba.
El Mariscal del III Reich, Hermann Göring, el ministro de Asuntos Exteriores, Joachim von Ribbentrop, militares como Wilhelm Keitel o Alfred Jodl eran "seres humanos comunes y corrientes" que "revelaron sus debilidades en el banquillo de los acusados", comenta el octogenario pedagogo, que acaba de publicar un libro sobre sus recuerdos del juicio, celebrado entre 1945 y 1946.

Ramler destaca que el único de los imputados que asumió su posición fue Albert Speer, el ministro de Armamento de Hitler y "el más inteligente de los acusados principales", condenado a 20 años de cárcel, a pesar de que la Unión Soviética pedía la pena de muerte. "Los demás rechazaban su responsabilidad en todas las atrocidades así: 'toda Alemania se ha hecho culpable, pero yo no puedo hacer nada'", cuenta el intérprete.

Speer, en cambio, respondía: "yo también soy culpable", y fue capaz de desobedecer a Hitler en una de sus últimas órdenes, la de destruir toda la infraestructura de Alemania, algo que de haberse cumplido hubiese atrasado por decenios la reconstrucción del país, añade.

Respecto a Göring, Ramler lo recuerda como un hombre "sobre todo orgulloso y vanidoso", que sí se sintió afectado cuando le reprocharon su estilo lujoso de vida, pero no mostró emoción alguna ante la acusación de haber lanzado una guerra. "Göring se veía como el líder del banquillo de los acusados. Escribía notas a todos los defensores diciéndoles a quién tenían que citar como testigos. Algo que luego se le prohibió hacer", comenta.

Condenado a la pena capital, Göring se suicidó con una cápsula de cianuro de potasio para, según Ramler, evitar la horca, una forma de ejecución que los militares nazis consideraban deshonrosa.

Agencia EFE - Viena  

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sexta-feira, 19 de novembro de 2010

El método soviético

Los países de la órbita de la antigua Unión Soviética tenían costumbre de organizar viajes de periodistas occidentales para mostrarles lo bien que vivían sus ciudadanos, gracias a las excelencias del poder popular. A los visitantes se les daba una vuelta por las calles mejor asfaltadas y se les enseñaban los edificios más aseados y modernos, junto a varias instituciones «modélicas», confiando en que volverían a sus casas cantando las bondades de la revolución socialista.

Por supuesto, la experiencia no incluía la miseria y el hacinamiento que se vivía sólo unos metros más allá de aquel falso paraíso comunista, pero algunos de nuestros dirigentes políticos y periodistas que acudieron a aquellas excursiones volvieron convencidos.

Ahora, puede volver ese viejo método. El Gobierno de Zapatero, tras bailarle vergonzosamente el agua a Mohamed VI en el contencioso del Sahara, rubrica su papelón actuando de manera cómplice en la restricción de la libertad de expresión de los periodistas españoles. Prestarse a seleccionar —aceptando los vetos de Marruecos— a los medios e informadores que pueden viajar a El Aaiún resulta bastante poco presentable en un Gobierno que alardea de ser un gran defensor de las libertades.

La aceptación por parte de esos medios de tales condiciones puede ser cuestionada, pero, es seguro que está motivada por el deseo de que se conozca la realidad de lo ocurrido. La profesionalidad de los periodistas que irán a El Aaiún está fuera de duda, pero la operación sólo será útil si, una vez allí, se dan ciertas condiciones: poder moverse libremente sobre el terreno; poder llegar a los hospitales sin la tutela de guardianes marroquíes; y poder acceder a fuentes de información distintas de las controladas por Rabat, incluidas los grupos independientes de defensa de los Derechos Humanos.

Luis Ayllón

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