sábado, 2 de janeiro de 2010

Será peor

Bibiana Aído llegó a la legalización del asesinato masivo desde el flamenco. Es como alcanzar el Ministerio de Fomento a través de la jota, la muñeira o el chotis. Y se nota. Cuando habla mantiene una sonora pugna con el idioma, que siempre termina por caer derrotado. Y ha establecido por primera vez en la historia de la humanidad la línea que separa al feto del ser humano. Esa línea que antes de ser traspasada por el niño indefenso concede a su madre el derecho de acabar con su vida. No se ha extendido doña Bibiana al respecto, cuando tamaña osadía precisaría de una tesis magistral que esperamos con urgencia, y que podría denominarse «Teoría de la Trituradora».

En el flamenco, que es de lo que doña Bibiana sabe algo, existen tramos bailados, cantados o simplemente mímicos, en los que se mezclan los celos y los enfados. Sucede mucho en el folclore. A las rancheras se las conoce como «los lamentos del cornudo», y los tangos son como sollozos de cabrones con pintas evocando a la mujer que los hizo infelices. El flamenco es una permanente exposición de celos cabreados y llantos sin consuelo posible. Me gusta más el flamenco interpretado por mujeres que por hombres, por razones de estética. Un llorón no encaja en mis armonías. Admito y reconozco mi inconmensurable insensibilidad al respecto y me lanzo al vacío. A los quince segundos de oír a «Camarón de la Isla» me duermo. «Camarón», para mi organismo, es infinitamente más eficaz que el «Orfidal». Me estoy separando de la intención inicial de este artículo. La retomo. Que Bibiana Aído, en un arranque aflamencado, ha expresado sus celos, y jaleada por palmas y jipidos, se ha cargado a la directora del Instituto de la Mujer, Rosa Peris, de la que tanto recelaba.

No conozco a Rosa Peris, pero me cuentan que dentro del fundamentalismo feminista, era cordial y equilibrada. Y lo peor para ella, culta. Como el médico que recibe órdenes de la mujer de la limpieza del hospital que actúa de representante sindical. Y doña Bibiana le ha cortado la cabeza, sustituyéndola por Laura Seara, diputada socialista en el Parlamento de Galicia. Hasta las organizaciones feministas se han manifestado adversas al repentino cese. Desconocen que Bibiana, cuando cae la tarde y la noche derrama sus sombras, ya en su casita oficial, se enfunda en un vestido de flamenca y se arrebata a ella misma de celos y desaires. En su pueblo fue la más atractiva bailaora cuando niña y jovenzuela, y lleva los desgarros anclados en su alma. La cesada Peris es valenciana, y no entendía esos cambios de humores y actitudes. Además, pasaba por alto algunas órdenes de doña Bibiana por considerarlas excesivamente chorras. Lo cierto es que, quien duerme con tranquilidad después de haber conseguido que asesinar a los niños indefensos sea considerado en España un derecho, no puede titubear ante la cabeza de su víctima política con el hacha de la decapitación.

No es difícil deducir que la nueva será peor que la anterior. Doña Bibiana y el acierto llevan vidas paralelas. Una lástima que Zapatero haya encontrado en el flamenco a su ministra más mimada. Podría haberse fijado en Sara Baras, y todos estaríamos felices. Hasta la decapitada por celos.

Alfonso Ussía

www.larazon.es

sexta-feira, 1 de janeiro de 2010

Missa de sétimo dia do Mercosul

No dia 15 de dezembro, o Senado aprovou, por 35 votos contra 27, protocolo referendando o ingresso da Venezuela no Mercosul. Apesar do empenho do governo, tendo o presidente Lula assegurado ao presidente Hugo Chávez que a aprovação se daria no dia seguinte — só ocorreu uma semana depois — a vitória governista se deu por escassa margem de votos, numa demonstração de que expressivos setores do país sustentavam posição contrária.

Injustificável o ingresso da Venezuela no Mercosul. Nada contra o resistente povo venezuelano, que ao longo da História tem tido a infelicidade de ser governado por sucessivos ditadores — alguns sanguinários; todos, corruptos — e sim contra Chávez, que está procurando implantar naquele país uma dessas típicas tiranias sul-americanas. Submeteu o Parlamento e o Judiciário, ocupou a principal rede nacional de televisão e persegue a imprensa e quem venha a contrariá-lo. Não bastasse isso, apoiou a narcoguerrilha das Farc colombianas, desencadeou insensata corrida armamentista e ameaça deflagrar guerra com a Colômbia.

É esse tresloucado dirigente que se pretende pôr no Mercosul — falta ainda a ratificação paraguaia — atropelandose a Cláusula Democrática de Ushuaia.

Quando, anos atrás, houve tentativa de golpe no Paraguai, os então presidentes do Brasil, da Argentina e do Uruguai deram um ultimato: efetivado o golpe, o país seria expulso do Mercosul. Agora se quer fazer o contrário: abrir as portas do bloco para um candidato a ditador.

Brutal retrocesso. Chávez usará o Mercosul como palanque para suas diatribes quase estudantis contra Estados Unidos e Colômbia. Iludem-se setores da oposição venezuelana que imaginam poder o Mercosul contribuir para barrar as intenções do seu presidente.

Não se pode menosprezar o fato de que o autoritarismo começa a mostrar suas asas outra vez no subcontinente, com crescentes restrições, por exemplo, à liberdade de imprensa, ponto essencial aos regimes democráticos.

Os defensores de Chávez usaram argumentação pretensamente econômica, declarando interesse na manutenção do volume das transações comerciais entre os dois países, com saldo amplamente favorável ao Brasil. Empresários do Polo Industrial do meu estado tinham essa mesma posição, por estarem vendendo muito para a Venezuela.

Com todo respeito aos que defenderam sinceramente tal ponto de vista, não o considero procedente. Estava e estou convencido de que a rejeição do ingresso da Venezuela no Mercosul em nada afetaria o bom relacionamento comercial entre os dois países, haja vista que os Estados Unidos, alvo preferencial dos ataques de “bolivarianos”, são o principal parceiro comercial de Caracas. Havia, ademais, solução alternativa mais simples.

O Brasil, com o Mercosul, poderia iniciar relação de área de livre comércio com aquele país, evitando-se a admissão de uma quase ditadura no bloco, com todo o decorrente desgaste político daí advindo.

Acredito também que a entrada da Venezuela vai acelerar o fim de um bloco que já não vai nada bem. Agoniza devido à diminuta economia do Uruguai — que, por sinal, ainda é um belo parceiro para o Brasil —, à instabilidade política do Paraguai, ao protecionismo argentino e aos erros da política externa brasileira.

Nos últimos sete anos, o Brasil não lhe conferiu a devida prioridade, preferindo apadrinhar atos ditatoriais de um homem como Ahmadinejad, que pensa em bomba atômica e nega o Holocausto, a fortalecer o Mercosul por meio de acordos com outro bloco econômico. A economia venezuelana andou para trás sob o governo chavista.

Vários empresários deixaram o país e seu único recurso natural, o petróleo, estiola-se. Hoje, devido a condições técnicas da PDVSA, a Venezuela produz menos petróleo do que quando Chávez assumiu o poder. Então, sob o ponto de vista econômico, não haverá nenhuma contribuição adicional ao bloco.

Nem se alegue também que Chávez passará e a Venezuela, não. Ele “é morrível”, como disse um senador.

Sim, sua pretensão, porém, é ficar no poder ad eternum. Deve ficar ao menos pelo tempo suficiente para enterrar o Mercosul. Por isso, num dos meus discursos no Senado, adverti que a aprovação do ingresso da Venezuela significaria convite simbólico à missa de sétimo dia do Mercosul.

Réquiem para ele.

É injustificável o ingresso da Venezuela de Chávez no Mercosul

ARTHUR VIRGÍLIO, do Amazonas, é líder do PSDB no Senado.

O GLOBO

Aprender de la Guerra Fría

Toda guerra se libra tres veces. La primera surge de la discusión política sobre si iniciar la guerra. Luego surge la cuestión de cómo librarla. Y, finalmente, se considera qué lecciones se deberían aprender de ella. La Guerra Fría no es una excepción. Las tres fases se pueden identificar. Hubo quienes cuestionaron si la Guerra Fría era necesaria y si la Unión Soviética y el comunismo eran una amenaza. Estos «revisionistas» eran una minoría distinguible, lo cual es bueno, ya que no existe razón para creer que los soviéticos y el comunismo eran una fuerza benigna. En consecuencia, la Guerra Fría se convirtió en una realidad.

También hubo un debate continuo sobre la mejor manera de librar la Guerra Fría a lo largo de su historia. Las dos principales escuelas de pensamiento eran «repliegue» y «contención». La primera sostenía que la solución era derrocar al comunismo. El segundo enfoque sostenía que los esfuerzos por hacer replegar al comunismo en el corto plazo eran demasiado riesgosos. Prevaleció la contención, pero esto no puso fin al debate, ya que hubo intensas discusiones tanto sobre dónde debía aplicarse (Vietnam, América Central...) como sobre la manera en que debía llevarse a cabo; vale decir, la combinación correcta de fuerza militar, acción encubierta, diplomacia y control de armamentos, y sanciones y asistencia económicas. Y ahora, 20 años después de la caída del Muro de Berlín, estamos bien adentrados en la tercera fase, el debate sobre por qué la Guerra Fría terminó cuando terminó y cómo lo hizo.

Una escuela de pensamiento sostiene que la Guerra Fría se ganó como resultado de décadas de presión sostenida por parte de Estados Unidos y Occidente sobre la Unión Soviética y sus aliados. Esta presión en varias oportunidades cobró la forma de programas nucleares norteamericanos, británicos y franceses, el deseo de la OTAN de contrarrestar los despliegues del Pacto de Varsovia de ejército convencional y de fuerzas nucleares tácticas; la decisión de defender a Corea del Sur de la agresión de Corea del Norte; la dotación de armas a los mujaidines en Afganistán para desangrar a las fuerzas de ocupación soviéticas; y la decisión de crear un costoso sistema de defensa misilística destinado a invalidar la principal inversión militar de la Unión Soviética y hacer quebrar a su gobierno. Una segunda escuela de pensamiento muy diferente hace hincapié no tanto en lo que hizo Occidente sino en lo que fue la Unión Soviética. Según esta narrativa, la Guerra Fría no fue tanto ganada por Estados Unidos y Occidente como perdida por los soviéticos, el resultado inevitable de la debilidad económica y la decadencia política soviética. Una tercera perspectiva destaca que la voluntad occidental de involucrar a la Unión Soviética tanto como de confrontarla desempeñó un papel importante en la manera en que se desarrolló la historia. La détente ayudó a evitar que la competencia se desbordara en un conflicto ya que expuso al mundo comunista a las ideas de libertad y al capitalismo occidentales junto con sus beneficios. El régimen soviético y otros regímenes inestables descubrieron que estaban perdiendo la batalla de las ideas y el respaldo de sus ciudadanos.

Todos estos factores tuvieron incidencia. La voluntad occidental de negarles el éxito a los soviéticos fue un componente esencial de estrategia. Pero esto por sí solo no habría sido suficiente; por cierto, la Guerra Fría bien podría haberse tornado caliente si la estrategia occidental hubiera consistido sólo en competencia y confrontación militar. Fue importante moderar la competencia para permitir que creciera la presión por el cambio desde dentro del bloque soviético. Y fue importante exponer a las sociedades bajo control soviético a sus anomalías y a las ventajas de las ideas de afuera. Todo lo mencionado tiene implicancias para los desafíos de hoy. Con certeza, no existe ninguna amenaza global de la magnitud de la ex Unión Soviética, pero existen desafíos peligrosos que surgen de países como Irán y Corea del Norte. Lo que se necesita es una política de fuerza y de flexibilidad colectiva.

Es importante tener en cuenta que la contención, la doctrina dominante en la era de la Guerra Fría, intentaba hacer retroceder la expansión soviética y comunista para crear un contexto en el que los defectos inherentes del comunismo y del régimen autoritario salieran a la luz. Gorbachov sólo podría haber hecho lo que hizo en medio de una crisis de confianza. Hoy, el mundo necesita crear crisis similares de confianza en las mentes de quienes gobiernan Irán y Corea del Norte. El objetivo debería ser limitar lo que estos gobiernos pueden alcanzar en el corto plazo; obligarlos a cambiar sus políticas en el mediano plazo; y poner en funcionamiento fuerzas que generen gobiernos y sociedades nuevos y fundamentalmente diferentes en el largo plazo. Una estrategia de este tipo le dio buenos resultados al mundo durante la Guerra Fría; ahora podría hacer lo mismo.

RICHARD N. HAASS - Presidente del Consejo sobre Relaciones Exteriores. Copyright: Project Syndicate, 2009.

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