segunda-feira, 2 de novembro de 2009

Cuba: secretos de familia

Por mucha retórica que utilice el ministro Moratinos para justificar una política complaciente hacia la dictadura de los Castro, Cuba sigue siendo un modelo -anacrónico, pero plenamente operativo- del totalitarismo marxista. El culto a la personalidad de Fidel funciona desde hace medio siglo, como si nada hubiera cambiado en el mundo desde la caída del Muro de Berlín, hace ahora veinte años. Las memorias de Juanita Castro, bajo el título «Fidel y Raúl, mis hermanos.
La historia secreta», son fiel reflejo de esa peculiar concepción sobre la idolatría hacia el jefe supremo, que sería anecdótica si no fuera por la tragedia que sufren los disidentes políticos y muchos miles de personas, atrapadas en un régimen implacable. El «padre de la patria» hace honor a su condición, con once hijos conocidos y otros tres que se le atribuyen con pruebas más bien discutibles. En algún caso no está nada claro quiénes son las madres, ni siquiera los nombres de los propios hijos. Por cierto, que algunos miembros de la abundante familia de Fidel no son felices en el paraíso comunista y han trasladado su residencia al extranjero, publicando en más de un caso libros muy críticos hacia su longevo pariente, ahora con serios problemas de salud.

Según contaba ayer ABC, existen también en Sevilla y en Lugo otros parientes del dictador, dispuestos a contar nuevos secretos de familia, entre ellos el carácter juerguista de Raúl Castro. Por este camino veremos desfilar a unos y otros por los programas del corazón, a base de desvelar intimidades de todo tipo. Esta faceta frívola de los dueños del poder en Cuba es buena prueba de una doble moral que resulta indignante para esa gran mayoría de la población que sufre una mezcla humillante de miseria económica y ausencia de libertades. Mientras muchos ciudadanos carecen de lo más elemental para una vida digna y los presos políticos llenan las prisiones de la isla, los Castro tienen tiempo para divertirse y vivir en plenitud las peripecias amorosas y familiares. Ahora lo único importante es presionar a la dictadura para que la democracia pluralista sustituya de una vez a este régimen intolerable. Las recientes memorias y los recuerdos familiares son muy significativos de esa falta de escrúpulos de quienes ostentan un poder personal y rigurosamente autoritario. Ninguna anécdota puede disfrazar la dramática realidad de Cuba, ni humanizar la figura de un dictador implacable.

Editorial ABC
www.abc.es

domingo, 1 de novembro de 2009

Halloween

Cada año, a medida que se va aproximando la festividad de Todos los Santos y el Día de Difuntos, voy recibiendo por internet advertencias sobre la mala costumbre de celebrar con los niños la «noche de las brujas» o «de los muertos» o, como la solemos conocer ahora, de «halloween». Pero todos los que tenemos hijos pequeños sabemos que es casi imposible luchar contra algo que se ha implantado socialmente y que tiene el morbo de desafiar la muerte.

Por más que nuestra cultura pretenda alejar el dolor del imaginario familiar, ¿quién no tiene un ser querido que ya ha fallecido? Antes, y muchas personas lo siguen haciendo, se tenía el hábito de acudir a los cementerios a rezar, o dejar unas flores, junto a sus tumbas. Ahora ha ido ganando terreno la fiesta de «halloween», que tiene un origen celta, el Samhain, que significa en gaélico o irlandés, fin del verano, y que desde el siglo IX, si no me equivoco, cuando San Odilón, abad de Cluny, decidió honrar a los fieles difuntos después del día de Todos los Santos el año 980, se fue imponiendo en nuestra civilización cristiana. Hasta que los católicos irlandeses afincados en Estados Unidos, a principios del siglo XX, volvieron a resucitar sus ancestrales costumbres.

En fin, no somos capaces de ofrecer una religión atractiva a nuestros hijos, entre otras razones, porque ha dejado de ser atractiva, ni siquiera necesaria, para muchos de nosotros. Una lástima. No se cuál será la fórmula para que la religión, y los ritos religiosos, vuelvan a recobrar su sentido antiquísimo, muy anterior a «halloween» o cualquier otra superstición. Ya en el Segundo libro de los Macabeos se podía leer que «mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados». A lo mejor lo que habrá que hacer es leer más a menudo los libros sagrados. Es incluso interesante y atractivo.

Jorge Trías Sagnier
www.abc.es

Fidel Castro y su extraña familia

El árbol familiar de Fidel Castro es largo y frondoso, casi como el de los Buendía de «Cien años de soledad». Su padre, el gallego Ángel Castro Argiz, llegó como soldadito a Cuba y acabó por echar raíces en la isla. Primero se casó con una maestra llamada María Luisa Argota y tuvo dos hijos, Pedro Emilio (1913-1992) y Lidia (1914-1991).

Luego se separó de María Luisa y se unió a Lina Ruz, la madre de Fidel. Con Lina tuvo siete hijos: Angelita (1923), Ramón (1924), Fidel (1926), Raúl (1931), Juanita (1933), Enma (1935) y Agustina (1938). Esta semana, Juanita Castro acaba de protagonizar un bombazo editorial, con el lanzamiento en Miami de sus memorias, «Fidel y Raúl, mis hermanos: La historia secreta». En el libro Juanita, de 76 años, reconoce que colaboró con la CIA antes de abandonar la isla en 1964.

Pero hay otro medio hermano, Martín, nacido en 1930 de una relación de don Ángel con Generosa Mendoza. Fidel Castro Ruz, pues, tiene seis hermanos y tres medio hermanos.

Fidel, a su vez, como su progenitor, se ha tomado muy en serio lo de «padre de la patria» y tiene once hijos conocidos, otro que se sabe que existe y tres que se le atribuyen sin ninguna prueba fehaciente. Los conocidos y reconocidos: Fidel Castro Díaz-Balart (1949), hijo de Mirta Díaz-Balart; Alexis (1962), Alexander (1963), Antonio (1969), Alejandro (1971) y Ángel (1974) Castro Soto del Valle, hijos de Dalia Soto del Valle. Por ahí van seis.

Un año fecundo

El año de 1956 fue de un intenso esfuerzo genital. Fidel acababa de salir de la cárcel y no hay duda de que necesitaba reproducirse fieramente. Ese año tuvo tres hijos: dos mujeres, Alina Fernández, quien lleva el apellido de quien entonces era esposo de su madre, Natalia Revuelta, y Francisca Pupo, a la que no reconoció no se sabe muy bien por qué. También hay un varón: Jorge Ángel Castro Laborde, hijo de María Laborde.

En los años sesenta nació otro hijo, de madre desconocida por la prensa, al que insistió en llamarle Alejandro, pero quien tuvo el buen juicio de cambiárselo por Ciro, en vista de que otros dos hermanos se llamaban de igual o parecida manera. Lo de Fidel y el nombre Alejandro es un problema psiquiátrico. Él mismo, originalmente, se llamaba Fidel Hipólito Castro Ruz. Pero, cuando legalmente pudo, a los 18 años, obsesionado por la figura de Alejandro Magno, se lo cambió por Fidel Alejandro.

Se sabe que existe otro vástago nacido en 1970, mas de ése no sólo se ignora el nombre de la madre. Ni siquiera se sabe el del propio muchacho. Lo menciona la investigadora y periodista norteamericana Ann Louise Bardach («Without Fidel»). O sea, otros cinco.

Los tres que se le atribuyen sin ninguna prueba en el mundo de los rumores populares, la televisión de Miami y la maledicencia isleña, tal vez debido al rencor de los enemigos o a los comentarios de los amigos chismosos que realmente algo saben de la entrepierna del comandante, son: una de las hijas de Antonio Núñez Jiménez, una de las de Jaime Crombet y un hijo de Abraham Maciques, los tres altos funcionarios del régimen que merodeaban la casa de gobierno. El primero mencionado, Núñez Jiménez, falleció hace algún tiempo. Mientras no haya confesiones personales o pruebas de ADN, hay que tomar esas noticias como bulos, pero conviene consignarlas para futuros historiadores.

Montaña de sobrinos

Con tantos hijos y tantos hermanos, Fidel y Raúl Castro tienen una montaña de sobrinos, nietos y nueras que se casan, descasan y multiplican con la habitual fecundidad tropical. Y, contrario a lo que puede pensarse, una buena parte de esa enorme familia no se siente a gusto en el manicomio organizado por los comandantes y se ha trasladado a vivir al extranjero.

Fuera de Cuba hay por lo menos dos hijas de Fidel, dos hermanas y varios nietos y sobrinos.
Salvo la hija Alina y la hermana Juanita, que han publicado libros muy críticos, los otros parientes, aunque disgustados, han optado por guardar silencio. Tal vez el éxito de Juanita Castro anime a otros miembros de la familia a contar sus experiencias.

Carlos Alberto Montaner
www.abc.es
 
Locations of visitors to this page