terça-feira, 16 de novembro de 2010

La política de apaciguamiento del Vaticano ante el Islam

El domingo 31 de octubre un grupo suicida (siete personas que vestían uniforme militar) hacía estallar un coche bomba a la entrada de la catedral de Bagdad, causando la muerte de 48 adultos (tres de ellos sacerdotes) y 10 niños. Eran miembros de Estado Islámico de Irak, una de las pocas células operativas de que dispone Al Qaeda en un país que avanza hacia la democracia y el desarrollo económico con paso firme.


La matanza de la catedral (sirio-católica) de Sayidat al Nejat (Nuestra Señora de la Salvación) ha sido reivindicada con palabras que no dejan lugar a dudas: "Todas las iglesias y organizaciones cristianas, así como sus responsables, son objetivo legítimo de los muyahidines". El mensaje está claro: a partir de ahora, los cristianos que viven en los países islámicos son objetivo prioritario del terrorismo islámico.

Llama la atención la excusa que pusieron los terroristas para provocar la matanza: el supuesto secuestro de dos mujeres egipcias "encarceladas en monasterios coptos" por sus maridos para convertirlas "por la fuerza" al cristianismo. Aunque el hecho fue desmentido incluso por los Hermanos Musulmanes, el objetivo no era otro que poner en el punto de mira a los 10 millones de coptos de la zona (el 8% de la población de Egipto es copta; es gente que vive en condiciones de semiclandestinidad) y a la comunidad cristiana de Irak (500.000 en una población de 31 millones). Los cristianos iraquíes eran millón y medio en los años 90, cuando en cierto modo colaboraban con la dictadura de Saddam Hussein, sobre todo a través del viceprimer ministro Tarek Aziz, ahora condenado a morir en la horca. No viene mal recordar que el partido árabe socialista Baaz fue fundado por el cristiano de origen sirio Michel Aflaq, y que, tras la caída del régimen husseinista, unos 400.000 cristianos iraquíes se han refugiado en Siria, donde constituyen un grupo de cierta influencia.

En todo caso, ante este panorama (acabar con las comunidades cristianas de Oriente Medio, que descienden directamente de la evangelización apostólica) se esperaría que los representantes de las iglesias cristianas mesoorientales se pronunciaran con cierta claridad. Lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario. El Sínodo de Obispos de Oriente Medio, celebrado en Roma a mediados de octubre –y al que asistieron católicos, protestantes, coptos, greco-ortodoxos, caldeos, anglicanos, etc.–, ha sido una auténtica vergüenza. En el documento final se comparó a Israel con un órgano "trasplantado en un cuerpo que lo rechaza"; es decir, aparece como un elemento extraño que hay que extirpar para restablecer el equilibrio y la salud de la región.

Benedicto XVI.

El Papa calla por el momento. Netanyahu habla de un sínodo "secuestrado por una mayoría contraria a Israel". Mientras tanto, hay quien no se calla. Es el caso de Raboula Antoine Beylouni, obispo católico de Antioquía (Líbano), que a finales de octubre difundió un texto muy crítico, censurado por el Osservatore Romano. Lo más curioso del caso es que los argumentos de Beylouni son los mismos que los de Benedicto XVI en el discurso de Ratisbona (septiembre 2006), cuando se refirió al papel político del Islam en la configuración de estados teocráticos.

¿Dónde está el problema, entonces? Quizá la clave se encuentre en el libro de entrevistas entre Benedicto XVI y Peter Seewald (su escritor de cámara) que se publica el próximo día 24:La luz del mundo. Según ha contado el propio Seewald, el Papa considera "un error" el discurso de Ratisbona.

Beylouni se refiere también al comité nacional para el diálogo entre cristianos y musulmanes que existe en Líbano (algo parecido sólo existe en Qatar), un organismo que promueve debates sobre el tema en los programas de televisión. Según el obispo de Antioquía, suele pasar que el interlocutor cristiano no esté a la altura:

A veces, el interlocutor cristiano, en vez de hablar de la belleza y espiritualidad del cristianismo, para ganarse la simpatía de la parte musulmana se refiere a Mahoma como "profeta" y repite frecuentemente invocaciones a Alá.

Las relaciones entre Israel y el Vaticano nunca han sido buenas, pero no parece que vayan a mejorar con las declaraciones del sínodo: "La ocupación de Israel es un pecado contra Dios y la humanidad", "La resistencia al mal de la ocupación es un derecho y un deber del cristiano", etc. Los cristianos en Israel son pocos, y casi todos son árabes. Ratisbona es muy matizable en clave diplomática. Pero la política de apaciguamiento no está dando mejores resultados, a tenor de la nueva estrategia de Al Qaeda. Hay quien habla de que el Papa quiere comprar inmunidad cristiana con moneda israelí, pero lo cierto es que el cristianismo en Oriente Medio está más amenazado que nunca. En Bagdad (como en todos los países musulmanes) siguen los atentados contra los cristianos. El obispo católico-caldeo Shlemon Warduni está dispuesto a resistir hasta el martirio, pero no parece que el nuevo gobierno de Al Maliki (formado luego de que se hayan rendido consultas a Teherán) vaya a facilitar las cosas.

Israel es el único país de Oriente Medio en el que existe libertad religiosa. El Vaticano debería tomarse más en serio tanto la amenaza contra los cristianos en países islámicos como la celebración de un sínodo con claras connotaciones antisemitas dentro de la propia Iglesia.

Emilio Quintana

http://revista.libertaddigital.com

Cesiones - La fortaleza de la ETA

Evitemos el politiqués y digamos las cosas en román paladino:

  • Legalizar las terminales de la ETA que habían sido justamente prohibidas es colaborar con la ETA.
  • Aportardinero público a dichas terminales a través de ayuntamientos y otras instituciones es colaborar con la ETA.
  • Dar promoción internacional en Bruselas a los etarras como gente de paz es colaborar con la ETA.
  • Tratar de silenciar a la AVT y, al no lograrlo, dividir y desacreditar a las asociaciones de víctimas, como ha hecho Peces Barba por orden de Rodríguez, y ha redondeado el PP, es colaborar con los asesinos.
  • Negociar con la ETA en estos y parecidos términos es convertir al terrorismo en un modo de hacer política, y un modo privilegiado, por las concesiones obtenidas. Es atentar frontalmente contra el Estado de derecho.
  • Procurar salvar a etarras de la persecución judicial es colaborar con el terrorismo.
  • Y, sobre todo, inventar "estatutos de segunda generación" contra la Constitución y la unidad española, al margen del pueblo y por puro interés de la casta política, convirtiendo algunas autonomías en nuevas naciones en régimen de estado asociado, es tratar de satisfacer a la ETA en un 90% de sus aspiraciones.
  • Digamos, en fin, que no es lo mismo detener a terroristas para que cumplan condena que para que salgan más o menos pronto convertidos en héroes populares.

Unos políticos que obran así son delincuentes, cómplices de los asesinos, dicho sea también en román paladino, y sujetos a la justicia igual que sus protegidos etarras

Ante los hechos, mucha gente se pregunta cómo pueden estos políticos haber llegado a tal abyección. Convencida de tener un gobierno democrático, no acaba de creer lo que ocurre ante sus ojos. Máxime cuando, al mismo tiempo que realiza tales actos, el Gobierno, secundado por Rajoy y su grupo, no se cansan de abominar retóricamente del terrorismo. Por lo que no hay más remedio que insistir en los hechos.

Ya he explicado la causa profunda de esa colaboración: PSOE y ETA comparten un 90% de ideología. En un libro de inmediata salida, La transición de cristal, detallo la evolución del PSOE desde el comienzo de la transición hasta el primer Gobierno de Felipe González. En resumen, la ETA y el actual gobierno se consideran socialistas, punto muy definitorio. Lo que hoy se entiende por socialismo es un tanto vago, pero Rodríguez ha afirmado la plena continuidad del PSOE de los cien años de honradez y planificación de la guerra civil. Solo los muy ingenuos lo creerán mera palabrería: en política, las palabras tienen siempre consecuencias. Una de ellas es el antifranquismo visceral también común a ETA y PSOE. Aversión lógica, pues fue Franco quien venció la revolución totalitaria que la izquierda quiso imponer cuando se sintió con fuerzas. Ese antifranquismo irreconciliable tiene a su vez efectos políticos, manifiestos, a través de la ley llamada de memoria histórica, en la pretensión de legitimar un siniestro Frente Popular y de deslegitimar la transición democrática, ya que ella se hizo desde el franquismo y no contra el franquismo, como querían tanto el PSOE como la ETA.

Punto típico de esa ley son las altas "indemnizaciones" con dinero público a los etarras "víctimas del franquismo" a partir, vaya, de 1968. El antiespañolismo constituye otra afinidad fundamental. La ETA es radicalmente antiespañola, y para el PSOE la idea de España resulta más bien negativa, de "ultraderecha", con una historia lamentable, por no decir criminal. Son semejanzas fundamentales, nada secundarias, entre los dos grupos, y sin tomarlas en cuenta todo análisis queda en la superficie y lo anecdótico. Por supuesto, hay más: los dos defienden las dictaduras tercermundistas frente al "imperialismo" o como quieran llamarlo, son feministas, "progresistas", etc.

Sin estos rasgos comunes no habrían existido esas colaboraciones: seguramente no se habrían producido con un grupo asesino de carácter derechista. Tal es la clave inconfesada de la colaboración. Para dar a esta su justo valor obsérvese, además, que Rodríguez heredó de Aznar una ETA acosada e impotente, a la que pudo acabar de destruir con solo seguir la misma política.

Veamos ahora la historia de esa complicidad. La ETA era un grupillo extremista apenas conocido hasta que en 1968 empezó a asesinar. Fue hacerlo –y por hacerlo– cuando recibió masivo apoyo moral, propagandístico y político de gran parte del clero vasco y de otros cleros, del PNV, de la oposición antifranquista casi en pleno, de parte de la prensa española (lo explicaría muy bien Juan Tomás de Salas), de prensa y gobiernos extranjeros, en especial el francés, que ofreció a la ETA un santuario desde el cual reponerse de las desarticulaciones policiales y seguir golpeando en España. Fueron estos apoyos los que convirtieron a un pequeño grupo de pistoleros en una especie de potencia política. El apoyo, respeto y simpatía por los terroristas tuvo su ápice en el Juicio de Burgos, de 1970, transformándolo en una victoria política internacional para los terroristas; y más todavía en 1975, con las últimas ejecuciones del franquismo, cuando hasta los gobiernos progresistas europeos rivalizaron en respaldo de hecho a la ETA y en olvido despectivo de sus víctimas, mientras se sucedían las manifestaciones violentas por Europa, saqueo y quema de embajadas, bombas en centros españoles, etc. Así proporcionaron a la ETA una asombrosa victoria, facilitando su enraizamiento en una parte de la población vasca.

La razón de tan férvido afecto a la ETA tenía dos planos: las citadas afinidades ideológicas, y el cálculo de que los ingenuos jóvenes etarras harían el trabajo sucio a la oposición, para luego dejarle el terreno libre para la política, una vez acabado el franquismo. Lo segundo no ocurrió, pero la simpatía soterrada se mantuvo con una nueva forma: la "solución política", es decir, las negociaciones, auspiciadas por la izquierda y por el grupo PRISA, y aceptadas por la UCD.

Para entenderlo mejor, examinemos el término: una negociación implica ofertas y demandas de ambas partes, según ha recordado con toda lógica Salvador Ulayar. Como, entre otras cosas esa negociación suponía poner a la ETA al nivel del Estado democrático, reconociéndola, contra todo derecho, como una potencia política (el asesinato como forma de hacer política y a sus presos como políticos, aunque se dijera contradictoriamente lo contrario), y como la opinión pública rechazaba cada vez más esos manejos, los gobiernos mentían negando sostener tales tratos, o pretendían que solo negociaban la disolución de la ETA, sin contrapartidas. Esta farsa, naturalmente, tomaba a los españoles por idiotas y reflejaba la endeblez de nuestros políticos, pero continuó año tras año. Con Felipe González se completó mediante un terrorismo gubernamental que no se oponía a la negociación, sino que buscaba obligar a la ETA a limitar sus exigencias. En definitiva, la ETA ofrece dejar de matar y a cambio exige la secesión de "Euskadi". El Gobierno le ofrece, ya le ha dado, reconocimiento internacional, dinero, indemnizaciones, estatuto de nación o estado asociado, desmantelamiento de facto de la Constitución, etc. Probablemente también indulto general a plazo medio y anexión de Navarra.

Sólo Aznar, por influencia de Mayor Oreja y contra la opinión de gran parte del partido, adoptó, con algunos fallos, una postura más acorde con el estado de derecho y la democracia, con espléndidos resultados. Estos resultados valieron a Rodríguez para soñar con un premio Nobel de la Paz consiguiendo que la acorralada ETA dejase las pistolas a cambio de dichas concesiones –es decir, colaboración– exorbitantes. Y doblemente innecesarias, por cuanto los asesinos estaban en muy mala situación. Lo cual solo se explica por las mencionadas afinidades ideológicas: la ETA y el Gobierno contra España y la democracia.

Pío Moa

http://www.libertaddigital.com

Palos a Dios

Por lo menos, respeto. Si unos miles de firmas bastan para que cualquier minoría merezca que se le respete, se le escuche, cuando no que se le tenga en cuenta, no es justo que millones de cristianos tengan que sufrir la burla, el chiste de mal gusto y aun la desestimación de algunos que se han apuntado a esa «moda» de andar dándole palos a Dios y a cuanto de la fe en él se deriva. Una sociedad como la nuestra, que ha sabido cambiar palabras para nombrar de otra manera lo mismo, con tal de no resultar fonéticamente ofensiva, y ha eliminado del chiste —en el espectáculo público— el racismo, la homosexualidad, la prostitución o los defectos físicos, se ha dado, empero, a cargar contra Dios y los cristianos, sus imágenes o sus costumbres —y sin que nadie ajeno proteste— como la nueva variante de gracia que implica a veces el insulto o el desprecio. Se lleva —eso parece— ir contra Dios, como si muchos estuvieran animando a la hora de un nuevo deicidio o de una nueva persecución de cristianos. Un respeto. Siquiera, respeto. Que de la pérdida del respeto a algo más gordo, a veces sólo hay un paso.

Somos gentes de extremos. De machacar a individuos de determinadas inclinaciones, hemos pasado a subvencionarles sus fiestas; de despreciar y explotar a algunas razas, hemos pasado a protegerlas y a integrarlas. Y eso lo hemos visto justo, porque lo es. ¿Por qué esta carga, en principio burlesca, contra todo lo que derive de la fe en Dios? Soy hombre de dudas, pero espero serlo también de respetos. No he pasado —como algunos— de besarle el anillo al obispo a morderle la mano, pero parece que, para estar en son con no sé qué tiempos y no sé qué tendencias, hay que darse más a la blasfemia que a la oración, hay que darle palos a Dios, no sé por qué venganza, por qué odio, por qué ceguera, por qué error. Dejen en paz a Dios y a los cristianos. Un respeto, siquiera como con otras inclinaciones.

A. García Barbeito

www.abc.es
 
Locations of visitors to this page