segunda-feira, 22 de fevereiro de 2010

Ocasión única e irrepetible

Pasados los carnavales, a los que tanta importancia dan los medios de comunicación, comienza para los cristianos el santo tiempo de Cuaresma, una ocasión única e irrepetible de procurar un cambio interior del que tan necesitados estamos. Es muy fácil echar la culpa de las desgracias que nos afligen a agentes externos que nada tienen que ver con nosotros. Incluso algunos «creyentes» le echan la culpa a Dios cuando el sufrimiento injusto acecha sus vidas. Pero el Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Cuaresma de este año, nos recuerda que «la injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal».

Esto supone un importante ejercicio de honestidad, pues no se trata tanto de buscar culpables fuera de nosotros mismos, sino sobre todo abrir el corazón a Aquél que se hizo justicia por nosotros, es decir, a Jesucristo muerto y resucitado, que asume todos los horrores de los hombres, los hace suyos y nos reconcilia con Dios, con los hermanos y con nosotros mismos.

Sólo desde Cristo el hombre puede superar el misterio de la iniquidad y del mal y construir una civilización justa, que tenga como meta el amor fraterno y la verdadera igualdad entre todos los hombres. Por eso el Papa urge a todos los cristianos y a los hombres de buena voluntad que reflexionemos en estos días cuaresmales cómo construir un mundo más justo, primero dentro de nosotros mismos, pues sólo así estaremos en condiciones de exigir y trabajar por una justicia social y universal.

El tiempo de Cuaresma es un tiempo para mirar a Cristo crucificado y preguntarle «¿Señor, por qué sigues ahí?» y la respuesta brotará clara en cada corazón: «Sigo en cada cruz humana para que la justicia-amor divino no falte nunca a ningún corazón humano».

Jesús Higueras

www.abc.es

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