terça-feira, 31 de março de 2009

Las raíces de Israel

1896-1948: de la utopía sionista al Estado judío

Gabriel Albiac*

Abstract: El nacimiento del Estado de Israel fue —en palabras de Josep Pla, que fue testigo de excepción aquellos primeros años de existencia— «uno de los fenómenos más extraordinarios de la historia». Contrariamente al estereotipo antisemita de una supuesta «potencia judía» que se habría apropiado de una tierra ajena, el movimiento sionista ha sido siempre el movimiento nacional del pueblo judío desprovisto de apoyos, un pueblo perseguido, víctima de un genocidio, al que todos sus vecinos declararon la guerra el mismo día de la fundación de su Estado —conforme, no se olvide, a una decisión de la comunidad internacional— y que corrió el riesgo de resultar aniquilado si se hubiera equivocado al llegar la hora de su decisión histórica. Es de esos orígenes, generalmente ignorados, y del significado histórico del sionismo, de lo que trata el siguiente artículo de Gabriel Albiac, inédito en Internet.
Como sucede con toda palabra inserta en el ámbito pasional de la retórica política, «sionismo» ha acabado por ser un vocablo de significación casi inaprehensible. Tratar de reestablecer su contenido en términos apodícticos es hoy una tarea poco menos que imposible. O lo que es quizás peor, inaudible.

Para el hablante medio de nuestro final del siglo XX, «sionismo» y «antisionismo» componen la pareja nocional contrapuesta a cuyo través designar el conflicto árabe-israelí. En las tradiciones de izquierda más convencionales, «sionismo» suele ser usado como un sinónimo o una variante cualificada de «imperialismo». En las más radicales y en las más incultas, se ha podido hablar incluso —bajo el influjo de la jerga interna de la OLP— de «fascismo sionista». En todos los casos, la designación negativa —«antisionismo»— ha operado funcionalmente como la forma lingüísticamente desplazada de un significante no explicitable en la segunda mitad de siglo, al menos en Europa: «antisemitismo».

Tratemos de restablecer el significado histórico del término.

El sionismo es una ideología política nacida en el medio judío laico —preferentemente socialista— europeo a finales del siglo XIX bajo el impacto de la oleada antisemita cristalizada en el «asunto Dreyfuss», su ciclo se cierra definitivamente con la realización de su programa básico mediante la constitución de un Estado judío en Palestina. El uso del término con posterioridad a esa fecha es metafórico y no designa ningún movimiento social ni político diferenciable.

No es banal recordar un par de características ideológicas de ese movimiento sionista, formalmente constituido en Basilea en el año 1897, antes de pasar a seguir su trayectoria en la fundación del Estado de Israel.

A propósito de ciertos usos impropios del lenguaje, en primer lugar. Es muy habitual hallar en la opinión pública una asimilación espontánea entre sionismo e integrismo religioso: un tópico reconfortante, que asimilaría ortodoxia rabínica con sionismo extremo. Reconfortante y falso. Tanto histórica como teológicamente la asimilación entre sionismo y tradición rabínica es sin más un disparate. El modelo de identificación entre integrismos religiosos y expansionismos territoriales sólo es operativo en tradiciones religiosas que hacen del proselitismo —que, a su vez reposa sobre una hipótesis de salvación universalista— norma ética primera. Es el caso de la tradición cristiana —lo era, al menos, en los no tan lejanos tiempos en que los cristianos se tomaban en serio su dogmatica— y —con más vigor hoy— del Islam. Para el judaísmo «ortodoxo», por el contrario, el proselitismo es una perversión teológica infundada. La elección divina del pueblo no es, ni metafísica ni teológicamente, compatible con la conversión como práctica de masa. 

Por eso conviene llamar a las cosas por su nombre. Y conservar un mínimo de memoria histórica. El sionismo no nació en medios rabínicos ni «ortodoxos». Fue esencialmente un fruto del judaísmo laico; es más, lo fue, en buena parte, de sus tendencias más radicales, más entreveradas con el naciente socialismo —los casos de Moses Hess o de Israel Zangwill son suficientemente significativos—, desde finales del siglo XIX. Su objetivo político, definido por su gran configurador doctrinario, Theodor Herzl, en El Estado judío (1896) como proyecto de construcción de un Estado judío en la Palestina otomana, chocó frontalmente con las posiciones mayoritarias del rabinato de la diáspora, que vieron en él una sustitución laica del ideal religioso.

Hasta el día de hoy en Israel, los sectores más literalistas del judaísmo de tradición mesiánica rigurosa siguen rechazando la legitimidad de un Estado constituido sin participación trascendente alguna. Porque, para un «ortodoxo», el Libro es transparente. No habrá Reino mientras no haya Mesías. Todo intento de acelerar su llegada es suplantación blasfema de la obra divina. Y eso es precisamente lo que el sionista, al consolidar un Estado israelí laico, acomete.

Las importantes concesiones otorgadas tras la formación de Israel por David Ben Gurion a ese rabinato ortodoxo no lograron nunca borrar del todo un conflicto básico e irrebasable.

El fracaso de la «Haskala», el movimiento asimilacionista que intentó, primero en Alemania y luego en Rusia una integración plena del judaísmo en Europa, y los pogroms de 1819 y 1881, son los presupuestos inmediatos del ascenso del movimiento de Herzl en favor del retorno a Sión que el Primer Congreso Sionista proclamará en 1897 en Basilea.

En rigor es preciso hablar de tres grandes oleadas migratorias, de tres grandes «aliya» o «ascensos» hacia Jerusalén anteriores a la proclamación del Estado en 1948.

Desde el principio, son los sectores económicamente más desvalidos de la comunidad judía mundial los que inician la instalación en Palestina. Muy ligados al movimiento socialista y a tradiciones sindicalistas combativas, configuran muy temprano —desde 1905— organizaciones obreras que cristalizarán en la formación del socialdemócrata «Poale-Zion de Eretz-Israel» y del más radical «Hapoel-Hatzair», del que surgiría el movimiento juvenil marxista «Hachomer». Sobre todo, se forja la «Histraduth Haovdim be Eretz Israel», Confederación Sindical de los Trabajadores de Israel que será uno de los ejes mayores del cooperativismo y el socialismo israelí.

Desde inicios de siglo, toda la política de los dirigentes sionistas —y, muy en particular, la de Haim Weizmann— estuvo orientada a negociar con las potencias colonialistas la obtención de una autonomía para la importante población judía en proceso de asentamiento en Palestina, fragmento territorial del Imperio Otomano bajo protectorado británico.

La «Declaración Balfour»1 del 2 de noviembre de 1917 es la primera expresión de esas negociaciones. Simultáneamente, Weizmann negoció acuerdos con el rey Feysal de Arabia, más tarde prolongados en las conversaciones con Abdallah de Jordania. El objetivo es la obtención de una mínima nación judía soberana coexistente con su contexto árabe.

A partir de 1920, las relaciones entre los dirigentes sionistas y la Administración británica en Palestina se deterioran en función de la prohibición británica de nuevas emigraciones judías, y los judíos palestinos —tras los importantes pogroms promovidos por la población árabe y tolerados por los británicos en 1929 y 1936— pasan a estructurarse en organizaciones de autodefensa.

La Segunda Guerra Mundial y la explícita toma de partido del «mufti» de Jerusalén en favor de Adolf Hitler lanzan a la población judía hacia la transformación de esas organizaciones de autodefensa en grupos armados que dibujarán el núcleo del futuro ejército israelí. «Irgún», «Stern» y, sobre todo, «Palmach» (Ejército popular) y «Haganah» (Ejército de defensa), emprenderán, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y bajo el trauma del holocausto nazi, la lucha armada contra la Administración británica: son las tesis del llamamiento del año 1946 de la Conferencia Sionista Mundial para la resistencia contra el «Libro Blanco» británico de 1939. La guerra en Palestina ha comenzado.

Bajo ese doble eje (deuda histórica hacia una población exterminada en los campos de concentración y riesgo permanente de guerra civil en Palestina), la ONU busca desesperadamente una salida razonable para la «cuestión judía». Son ya casi seiscientos mil los judíos instalados en «tierra santa» y la tendencia migratoria asciende.

Un primer plan de partición será esbozado en 1946, luego modificado en 1947. La formación de dos Estados, uno árabe y otro judío, sobre la antigua Palestina otomana es aprobada por la Asamblea General de la ONU el 14 de mayo de 1948.

En su forma final, la resolución de la ONU era escasamente favorable para los intereses judíos. Si concedía la existencia de un Estado israelí, no es menos cierto que los territorios y fronteras que le otorgaban era escasos y pobres los primeros e indefendibles las segundas. Basta ponerse ante el mapa trazado por el plan en 1947 para captar la dificilísima situación en que un Estado israelí dividido en dos fragmentos entrecruzados de adversarios se hubiera visto para sobrevivir.

David Ben Gurión acepta, sin embargo, de inmediato los términos de la resolución y proclama la independencia de Israel. La Liga Árabe los rechaza y llama a la guerra santa. La primera guerra árabe-israelí ha comenzado. Y, con ella, la tragedia del pueblo palestino.

Noventa mil soldados egipcios, iraquíes, sirios y jordanos atacan a los setenta mil guerrilleros de la «Haganah». El resultado no puede ser más funesto para los intereses de la población árabe palestina. Contra todas las previsiones, los paramilitares de la «Haganah» barren a los ejércitos regulares árabes. Del territorio inicialmente fijado por la ONU para la formación de su Estado propio, los palestinos verán, como resultado de la guerra, apropiarse, por un lado a Israel, por otro a los países árabes limítrofes. El Estado hebreo incorporará así 6700 kilómetros cuadrados sobre lo previsto y establecerá una línea de frontera menos inverosímil aunque aún militarmente muy vulnerable: en su parte más estrecha, el Estado hebreo no es, en 1948, sino una franja de 14 km entre Cisjordania y el mar. Egipto se apoderará de Gaza. Jordania, de la Samaria bíblica o Cisjordania, que componía la fracción esencial del territorio previsto por la ONU como Estado palestino.

El armisticio que da fin a la guerra en 1949 consagrará un mapa político esencialmente distinto del previsto por la comunidad internacional. Palestina ha muerto antes de haber comenzado a existir. 850.000 de sus habitantes inician su largo exilio. El mundo árabe, bajo proclamas retóricas más o menos lacrimógenas, se desentiende materialmente de ellos. Aún en 1956, Ahmed Chuqueiri, futuro presidente de la OLP, podía proclamar, con el general consenso árabe como «público y notorio que Palestina no es más que Siria del sur».2 




*
Gabriel Albiac es doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y Catedrático de Filosofía en la misma universidad. En 1988 fue Premio Nacional de Literatura (Ensayo) con La sinagoga vacía, un ensayo sobre algunas de las figuras más heterodoxas de la comunidad judeoespañola exiliada en Amsterdam durante el siglo XVII. Este artículo se publicó originalmente en el diario El Mundo. Posteriormente apareció en una antología de artículos de Gabriel Albiac publicados en dicho periódico, titulada Otros mundos y editada por Páginas de Espuma en 2002. Es la primera vez que este artículo se publica en Internet. Aparece en esta Biblioweb con el permiso expreso de su autor. [N. de la Biblioweb]
1
La Declaración oficial del Foreign Office británico, que estaba encabezado por Lord Arthur Balfour, iba dirigida a Lord Rothschild, el gran benefactor sionista, y decía lo siguiente: «El gobierno de Su Majestad ve con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y prestará sus mejores empeños para facilitar el logro de este objetivo, sobrentendiéndose claramente que nada debe hacerse que pueda menoscabar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estado político disfrutado por los judíos en cualquier otro país.» Posteriormente, el Mandato británico para Palestina incluyó la Declaración de Balfour que, específicamente, se refería a «las conexiones históricas del pueblo judío con Palestina» y a la validez moral de «reconstituir su hogar nacional en ese país». El Mandato fue formalizado por los 52 gobiernos de la Liga de las Naciones el 24 de julio de 1922. [N. de la Biblioweb]
2
No se trata ni mucho menos de un caso excepcional: años antes, el representante del Supremo Comité Árabe ante las Naciones Unidas había presentado una declaración a la Asamblea General en mayo de 1947 que decía que «Palestina era parte de la Provincia de Siria» y que «políticamente, los árabes de Palestina nunca fueron independientes en el sentido de formar una entidad política separada». Antes de la partición, en 1937, los palestinos tampoco se veían como una identidad nacional. Por ejemplo, un líder árabe local, Auni Bey Abdul-Hadi, le dijo a la Comisión Peel, la que finalmente recomendó la partición de Palestina: «¡no existe tal país [como Palestina]! ¡'Palestina' es un término que inventaron los sionistas! No hay ninguna Palestina en la Biblia. Nuestro país fue durante siglos parte de Siria». Y en el Primer Congreso de Asociaciones Musulmano-Cristianas, que se reunió en Jerusalén en 1919 para elegir representantes de Palestina a la Conferencia de Paz de París, se adoptó la siguiente resolución: «Consideramos Palestina como parte de la Siria árabe, ya que nunca se ha separado de ella en ninguna época. Estamos conectados con ella por vínculos nacionales, religiosos, lingüísticos, naturales, económicos y geográficos.» [N. de la Biblioweb] 

China's hi-tech 'death van'

Death will come soon for Jiang Yong. A corrupt local planning official with a taste for the high life, Yong solicited money from businessmen eager to expand in China's economic boom.

Showering gifts on his mistress, known as Madam Tang, the unmarried official took more than £1 million in bribes from entrepreneurs wanting permission to build skyscrapers on land which had previously been protected from development. 

But Yong, a portly, bespectacled figure, was caught by the Chinese authorities during a purge on corrupt local officials last year.

He confessed and was sentenced to death. China executed 1,715 people last year, so one more death would hardly be remarkable. 

Chinese police lead a condemned man into a special execution van, where he will be put to death immediately following his sentencing by the court

Disguised: The execution vehicle looks like a normal police van

But there will be nothing ordinary about Yong's death by lethal injection. Unless he wins an appeal, he will draw his final breath strapped inside a vehicle that has been specially developed to make executions more cost-effective and efficient.

In chilling echoes of the 'gas-wagon' project pioneered by the Nazis to slaughter criminals, the mentally ill and Jews, this former member of the China People's Party will be handcuffed to a so-called 'humane' bed and executed inside a gleaming new, hi-tech, mobile 'death van.'

After trials of the mobile execution service were launched quietly three years ago - then hushed up to prevent an international row about the abuse of human rights before the Olympics last summer - these vehicles are now being deployed across China.

The number of executions is expected to rise to a staggering 10,000 people this year (not an impossible figure given that at least 68 crimes - including tax evasion and fraud - are punishable by death in China).

Developed by Jinguan Auto, which also makes bullet-proof limousines for the new rich in this vast country of 1.3 billion people, the vans appear unremarkable.

They cost £60,000, can reach top speeds of 80mph and look like a police vehicle on patrol. Inside, however, the 'death vans' look more like operating theatres.

Executions are monitored by video to ensure they comply with strict rules, making it possible to describe precisely how Jiang Yong will die. After being sedated at the local prison, he will be loaded into the van and strapped to an electric-powered stretcher.

This then glides automatically towards the centre of the van, where doctors will administer three drugs: sodium thiopental to cause unconsciousness; pancuronium bromide to stop breathing and, finally, potassium chloride to stop the heart.

Death is reputed to be quick and painless - not that there is anyone to testify to this. The idea for such a 'modern' scheme is rooted in one of the darkest episodes in human history.

The Nazis used adapted vans as mobile gas chambers from 1940 until the end of World War II. In order to make the best use of time spent transporting criminals and Jewish prisoners, Hitler's scientists developed the vehicles with a hermetically sealed cabin that was filled with carbon monoxide carried by a tube from the exhaust pipes. 

The vans were first tested on child patients in a Polish psychiatric hospital in 1940. The Nazis then developed bigger models to carry up to 50 prisoners. They looked like furniture removal vans. Those to be killed were ordered to hand over their valuables, then stripped and locked inside.

As gas was pumped into the container and the van headed towards graves being dug by other prisoners, the muffled cries of those inside could be heard, along with banging on the side.

With the 'cargo' dead, all that remained was for gold fillings to be hacked from the victims' mouths, before the bodies were tipped into the graves.

Now, six decades later, just like the Nazis, China insists these death vans are 'progress'.

The vans save money on building execution facilities in prisons or courts. And they mean that prisoners can be executed locally, closer to communities where they broke the law. 

nazi gas van

The Nazi gas van: It killed up to 50 prisoners at a time

'This deters others from committing crime and has more impact,' said one official.

Indeed, a spokesman for the makers of the 'death vans' openly touted for trade this week, saying they are the perfect way to 'efficiently and cleanly' dispatch convicts with lethal injections. Reporting steady sales throughout China, a spokesman for Jinguan Auto - which is situated in a green valley an hour's drive from Chongqing in south-western China - said the firm was bucking the economic trend and had sold ten more vans recently.

The exact number in operation is a state secret. But it is known that Yunnan province alone has 18 mobile units, while dozens of others are patrolling in five other sprawling provinces. Each van is the size of a specially refitted 17-seater minibus.

'We have not sold our execution cars to foreign countries yet,' beamed a proud spokesman. But if they need one, they could contact our company directly.'

Officials say the vehicles are a 'civilised alternative' to the traditional single shot to the head (used in 60 per cent of Chinese executions), ending the life of the condemned quickly, clinically and safely - proving that China 'promotes human rights now,' says Kang Zhongwen, designer of the 'death van'.

It seems a perverse claim, but certainly the shootings can be gruesome. Once carried out in public parks, these executions -sometimes done in groups - have seen countless cases of prisoners failing to die instantly and writhing in agony on the ground before being finished off.

There are other concerns: soldiers carrying out the shooting complain that they are splashed with Aids-contaminated blood. After the shooting, relatives are often presented with the bullet hacked from the condemned's body - and forced to pay the price of the ammunition.

While posing as a modernising force in public, Chinese leaders remain brutal within their own borders. They are, however, anxious to be seen to be moving away from violence against their own people, stressing that all judicial decisions have been taken out of the hands of vengeful local officials and must be ruled on from Beijing.

China has traditionally always taken a ruthless, unemotional view of crime and punishment. Before injections and bullets, the most chilling sentence was death by Ling Chi - death by a thousand cuts - which was abolished only in 1905.

The condemned man was strapped to a table and then, in what was also known as 'slow slicing', his eyes were gouged out.

This was designed to heighten the terror of not being able to see what part of his body would suffer next. Using a sharp knife, the executioner sliced at the condemned's body - chopping off the ears, fingers, nose and toes, before starting to cut off whole limbs.

Traditionalists insisted that exactly 3,600 slices were made. The new mobile execution vans may, indeed, be more humane than this, but their main advantage in official eyes is financial. 

brown and china

Gordon Brown and China's President Hu Jintao meet in China in 2008

According to undercover investigations by human rights' groups, the police, judiciary and doctors are all involved in making millions from China's huge trade in human body parts.

Inside each 'death van' there is a dedicated team of doctors to 'harvest' the organs of the deceased. The injections leave the body intact and in pristine condition for such lucrative work.

After checking that the victim is dead, the medical team first remove the eyes. Then, wearing surgical gowns and masks, they remove the kidney, liver, pancreas and lungs.

Little goes to waste, though the heart cannot be used, having been poisoned by the drugs.

The organs are dispatched in ice boxes to hospitals in the sprawling cities of Beijing, Shanghai and Guangzhou, which have developed another specialist trade: selling the harvested organs.

At clinics all over China, these organs are transplanted into the ailing bodies of the wealthy - and thousands more who come as 'organ tourists' from neighbouring countries such as Japan, South Korea, Singapore and Taiwan.

Chinese hospitals perform up to 20,000 organ transplants each year. A kidney transplant in China costs £5,000, but can rise to £30,000 if the patient is willing to pay more to obtain an organ quickly.

With more than 10,000 kidney transplants carried out each year, fewer than 300 come from voluntary donations. The British Transplantation Society and Amnesty International have condemned China for harvesting prisoners' organs.

Laws introduced in 2006 make it an offence to remove the organs of people against their will, and banned those under 18 from selling their organs.

But, tellingly, the law does not cover prisoners.

'Organs can be extracted in a speedier and more effective way using these vans than if the prisoner is shot,' says Amnesty International.

'We have gathered strong evidence suggesting the involvement of Chinese police, courts and hospitals in the organ trade.'

The bodies cannot be examined. Corpses are driven to a crematorium and burned before independent witnesses can view them.

A police official, who operates a 'multi-functional and nationwide, first-class, fixed execution ground' where prisoners are shot, confirmed to the Mail that it is always a race against time to save the organs of the executed - and that mobile death vans are better equipped for the job.

'The liver loses its function only five minutes after the human cardiac arrest,' the officer told our researcher.

'The kidney will become dysfunctional 30 minutes after cardiac arrest. So the removal of organs must be completed at the execution ground within 15 minutes, then put in an ice box or preservation solution.'

While other countries worry about the morality of the death penalty, China has no such qualms.

For the Beijing regime, it is not a question of whether they should execute offenders, but how to do it most efficiently - and make the most money from it.

Andrew Malone

http://www.dailymail.co.uk 

Desde la noche de los tiempos...

La propaganda abortista lleva años empeñada en hacer creer a la opinión pública que el aborto es un derecho, que la oposición al mismo es una muestra de cerrazón y que semejante manifestación de mentalidad cavernícola sólo cabe en mentes católicas o, a lo sumo, de alguna confesión cristiana. Su empecinamiento, desde luego, tiene razones muy profundas siendo quizá la principal que ninguna de las afirmaciones previas se corresponde ni lejanamente con la verdad. Paso por alto el hecho de que nuestro sistema legal –y la jurisprudencia del Tribunal Constitucional es contundente– ve como derecho la vida, pero no el aborto.  

Sólo en algunos casos muy concretos en que el derecho a la vida del feto colisiona con otros bienes jurídicos admite excepciones totalmente regladas y punto. Pero lo que hoy quiero destacar es que la oposición al aborto no nace con el cristianismo. Su carácter, por el contrario, es universal. 

Al respecto, no deja de ser curioso que Job –un personaje que no era judío, pero del que se afirma que era justo– ya indicara en su libro (10, 10-11) que el crecimiento del feto era una obra divina, obra, por lo tanto, que no podía ser truncada por mano humana. Job, se podrá decir, era un monoteísta. Sí, pero no lo era, desde luego, Hipócrates (s. VI-V a. de C.) que en su juramento médico incluyó la prohibición de provocar abortos. La posición de Hipócrates fue seguida, por ejemplo, por Escribonio Largo (s. I d. de C.), uno de los padres de la ginecología, en este caso romano, quien volvió a incidir en la prohibición de practicar abortos como algo indigno de un médico.  También Aulo Cornelio Celso (s. I d. de C.) en su obra médica enseñaba cómo retirar un feto muerto del vientre de la madre, pero, por supuesto, no proporcionaba ninguna instrucción para practicar abortos siquiera porque compartía la visión hipocrática. 

La base no era un pensamiento de carácter religioso –aunque no puede descontarse en el caso de Hipócrates– sino el respeto por el carácter sagrado de la vida. De hecho, Aristóteles que, en principio, no era contrario al aborto en su Política indicó que éste resultaba intolerable si ya se percibía vida en el seno de la madre. Sin duda, era a lo más que podía llegar en conocimientos científicos el filósofo, pero no por ello dejaba de ver con claridad que la vida humana no podía ser sacrificada. 

En términos generales, las culturas antiguas que no habían sido impregnadas por la visión que encontramos en la Biblia distaban mucho de ser un ejemplo de respeto por la vida. Podían disfrutar de diversiones como los juegos de gladiadores, ejecutar a los reos con terribles tormentos e incluso abandonar al recién nacido. Sin embargo, también sentían una repulsión hacia el aborto que brotaba del amor por la vida humana. 

Me cuentan que algunos colegios de médicos en España han decidido cambiar el contenido del juramento hipocrático para dar entrada al aborto. Al comportarse así dejan de manifiesto el deterioro ético de la profesión y dan la razón a los que el domingo se manifestaron en toda España a favor de la vida. Entre ellos, con seguridad, había católicos, evangélicos e incluso ateos, pero, sobre todo, era gente que manifestaba un respeto a la vida que viene desde la noche de los tiempos.

César Vidal
www.larazon.es

segunda-feira, 30 de março de 2009

"El perfecto Amedo del 11-M sería El Chino"


José María de Pablo, autor del libro "La cuarta trama" sobre el 11-M, habla de su obra en esta entrevista concedida a diario Ya.

“La cuarta trama” es un libro que no puede dejar indiferente a nadie. Contiene tanta información, narra tal cantidad de hechos graves, siniestros, maquiavélicos, que ningún ciudadano puede quedarse tranquilo al concluir su lectura. Es un libro que radiografía a la perfección lo que es la España de hoy, un sistema infectado de corrupción en el que, por suerte, también hay personas extraordinarias que alivian la convivencia diaria. José María de Pablo, abogado de varias víctimas de los atentados del 11-M y autor de la obra, nos recibe en su despacho para hablar de la “cuarta trama”.

Suponemos que habrá mucha gente que, después de leer este libro suyo, le habrá comentado su deseo de irse de España…

Bueno, creo que tampoco hay que llevar las cosas al extremo. Sin duda, la investigación policial y judicial del 11-M deja de manifiesto que ha habido muchas negligencias sobre temas importantes, y que ha habido mala fe también en algunos casos, eso es evidente. También hay policías que han trabajado honradamente y son la mayoría, creo que la mayoría de las personas que tienen este tipo de responsabilidades son responsables, trabajan bien y son gente honesta. El problema es que, por lo que se ve en el libro, no todos son así y efectivamente hay corrupción en todas partes.

¿Y no cree que esa corrupción está implantada en el sistema?

Creo que el problema es que hay una politización excesiva de muchas instituciones que no deberían estar tan politizadas, y ahí podemos hablar de la policía, de la Guardia Civil, de la Fiscalía, de la judicatura…, de  muchos estamentos en los que no hay separación de poderes y donde hay una excesiva politización. El hecho de que un gobierno, nada más llegar al poder, lo primero que haga sea cambiar los mandos intermedios de la Policía, lo que provoca es que ahí haya casi unos comisarios políticos, que pueden llevar las investigaciones a un lado u otro, según convenga, en lugar de primar la capacidad personal de un policía o la eficacia que tenga.

En el libro se demuestra que hubo agentes que manipularon pruebas…, hay que tener una gran implicación política para hacer algo así…

Sí, sí, es evidente, hay una politización excesiva en la policía, pero bueno esto no es nuevo, en España está la historia del GAL, que yo cito muchas veces en el libro como precedente. Desde un ministerio del Interior donde se ha creado un grupo que es el GAL, que luego pasen cosas como las que se describen en el libro, tampoco debería causarnos tanta sorpresa.

¿Cuánto se tarda en hacer un libro así, tan documentado?

Yo he trabajado en este libro como un año y medio. Tenía mucho hecho, porque en el juicio todo esto lo pones por escrito, aunque sea en lenguaje jurídico, en los escritos de conclusiones, de acusación, los recursos, etc. Así es que el trabajo ha sido traducirlo a un lenguaje para gente que no sabe de Derecho y que no entienda el lenguaje jurídico, y también documentar, aunque esa documentación cuando has estado manejando el sumario en un juicio tan largo, tampoco es tan complicado. Otra cosa es que haya gente a la que no le interese documentar lo que dice, porque no pueda. Yo, lo que no podía documentar, no lo he dicho, porque si no se puede documentar, entra ya en el terreno de lo opinable.

¿Ha recibido presiones para no publicar el libro, o para no escribirlo?

No, no he recibido ninguna presión, no soy consciente de haber recibido ninguna presión respecto al libro.

¿Por qué y para qué había ese empeño en dar un vuelvo electoral el 14-M?

Pues es que para eso tendríamos que saber quién es la cuarta trama. Porque efectivamente, ha habido muchos sectores que han salido beneficiados de ese vuelco electoral, desde potencias extranjeras, como puede ser Francia o incluso Marruecos, porque el mapa internacional cambió a partir del 14 de marzo, o intereses ya incluso dentro de nuestro país, de un cambio en la forma de entender la política y de dirigir el Estado. Como ahora mismo no tenemos pruebas para conocer la identidad de la cuarta trama, tampoco podemos saber el interés concreto que les movía a esto. Lo que es evidente es que el interés era un cambio de gobierno.

Una de las formas que hay para localizar al autor de un crimen es contestar a la pregunta latina Qui prodest? Usted analiza las distintas hipótesis sobre quién puede estar en la cuarta trama, pero alguna es tan grave que no se puede ni plantear, ¿es consciente de ello?

Bueno, claro, pero también hay que ser prudentes, es decir, estamos hablando de casi doscientos asesinatos. El qui prodest? es un medio de investigación importante, y habitualmente con ello encuentras a los sospechosos, pero claro de ahí a condenar a una persona, o a acusar a una persona…, hace falta una prueba de cargo. El hecho de que alguien se vea beneficiado por un delito no significa que el delito lo haya cometido él. Aquí, como estamos hablando de doscientos muertos, aparte del vértigo que puedan dar algunas hipótesis, también tenemos que tener cuidado y prudencia porque podemos estar acusando de algo muy grave a una persona inocente. Entonces, por eso yo intento ser prudente en el libro, y no dar pasos que no estén probados.

En la obra hay casi una evidencia de la relación de ETA con el 11-M…No deja de ser curioso el empeño de algunos MCS en presentar casi como desquiciados a los que mantenían esa teoría, ¿no cree?

Sí, yo creo que eso se ha hecho por intereses políticos. Curiosamente, el primer interesado en descartar a ETA fue la Fiscalía, que es muy extraño…, que es un juicio en el que ejercer la acusación pongas tu máximo empeño en descartar una autoría, en lugar de centrarte en la posible autoría de las personas que tienes en el banquillo. Entonces, precisamente ese interés en descartar a ETA es una de las cosas que hacen sospechar de ETA, porque no se ha puesto ese mismo interés en descartar al Grapo, por ejemplo, o en descartar a Al Fatah, no sé…Pues probablemente porque se sabe (y es evidente, y en el sumario la palabra ETA aparece un montón de veces) que en algo ha tenido que intervenir.

Por otra parte, no es descabellado pensar en ese tipo de alianzas de grupos terroristas, ¿no?

Históricamente, las conexiones entre ETA y los islamistas en España son conocidas. Y aunque durante el juicio del 11-M se han tratado de negar, hay evidencias, a partir no sólo de contactos en la cárcel (es conocida la amistad entre Abdelkrim Bensmail y Henri Parot, por ejemplo), pero además ETA tiene conexión con grupos islamistas, lo tiene con el IRA y lo tiene con la mafia italiana. Porque hay compra-venta de armas y de explosivos entre ellos, de droga, etc. O sea que ahí hay siempre muchos intereses cruzados.

Háblenos un poco del juicio del 11-M, ¿cómo fue la actitud de los acusados y de las víctimas?

El estado de ánimo de las víctimas fue a peor durante el juicio, porque se llevaron una decepción tremenda. Especialmente las víctimas que asistían al juicio, como la promesa hecha por Gómez Bermúdez de mandar “caminito de Jerez” a las personas que estaban mintiendo en el juicio, que luego fue incumplido por el presidente del Tribunal, y eso causó mucha decepción, porque ellos veían el juicio y lo que estaba ocurriendo. Y ven la diferencia que hay entre algunas partes de la sentencia y lo que se vio en el juicio. También en cuanto a las indemnizaciones, que era un derecho de las víctimas, la solución a la que llegó la sentencia no fue la más justa, se les dividió en grupos a las víctimas, como si…, cuando cada víctima es cada víctima, y cada problema es cada problema. En cuanto a los acusados, aunque había de todo, sí llamaba la atención, en general, la frialdad de algunos, a los que se estaba acusando de delitos muy graves y actuaban con una frialdad…Como la de Antonio Toro, que protestaba porque se le acusaba de traficar con explosivos, cuando lo suyo es traficar drogas, decía él.

Es decir, que tampoco le sorprendió mucho esa actitud…

No, no me sorprendió mucho. Sí me sorprende que hay algunos que evidentemente se nota que están tapando a la cuarta trama, es decir, entre los acusados sí había gente que sabe más de lo que dijo. Fundamentalmente me refiero a Suárez Trashorras y a Otman el Kanaui, que saben cosas, estaban más en contacto con El Chino, etc. Y también fue un poco decepcionante que no lo hubieran contado.

Porque el verdadero testimonio del millón de dólares hoy sería el de El Chino, claro…

Evidentemente. El perfecto Amedo del 11-M sería El Chino. Y la muerte de El Chino en Leganés para la investigación fue un palo, porque es quien fue contratado por la cuarta trama para cometer los atentados, es quien conocía personalmente a la cuarta trama.

En relación al episodio esperpéntico de la explosión del piso de Leganés, da la impresión de que eso se podía haber evitado, y de que la cuarta trama dejó pasar el tiempo para que finalmente ocurriera.

Sí, hombre, yo sobre todo achaco la tardanza en detener a El Chino. A lo largo del mes de marzo, la policía, a través de diferentes confidentes policiales, ya conocía la casa de El Chino en la calle Villalobos en Vallecas, conocía la casa de Leganés, conocía los vehículos de El Chino, etc. Le tenían más o menos controlado y no llegaron a detenerle, una detención rápida de El Chino hubiera evitado esa explosión en el piso de Leganés el 3 de abril, que sigue siendo una incógnita por el modo en que se produce, porque seguimos sin saber si aquello fue un suicidio o no.

Sí, porque, por ejemplo, la biografía de El Chino, que estaba totalmente occidentalizado, no se corresponde con esa inmolación colectiva…

Sí, en la personalidad de El Chino no encaja el suicidio, para nada. Tampoco encaja que se suicidasen al fondo del piso, en lugar de acudir donde estaban los Geos para intentar asesinarles, que es más habitual en el modus operandi de un yihadista. O que esperasen al desalojo del piso educadamente. Es decir, que ahí hay cosas que llaman la atención, entiendo que no son suficientes para descartar un suicidio, o sea que es probable que hubiera un suicidio, y no sólo por razones religiosas sino para evitar ser capturados. Pero las dudas están ahí.

Porque si no fue un suicidio, ¿qué pudo ser?

Eso es algo que habría que investigar, y no se ha investigado. Por ejemplo, si alguien quiso que eso explosionara, o no…, pero eso es algo que no está investigado, y por tanto volvemos otra vez al terreno de las acusaciones de hechos graves sin pruebas suficientes, porque son cosas que no se han investigado.

Usted es benévolo en el libro tanto con Gómez Bermúdez como con Olga Sánchez, no ha querido hacer mucha “sangre” con ellos, pero imagino que no debe estar muy satisfecho con el comportamiento de ambos en lo que se refiere al esclarecimiento de la verdad…

Bueno, cuando hablamos de Gómez Bermúdez hay que hablar del tribunal del 11-M, porque al menos en teoría las decisiones se toman por mayoría en un tribunal de tres, por lo menos de dos contra uno. Y la sentencia está dictada por unanimidad, porque no tiene votos particulares. Yo creo que la sentencia se quedó a medio camino, en cuanto que determinó la responsabilidad concreta de cada uno de los acusados, que es la principal obligación que tenía el tribunal, pero sí se quedó a medio camino en cuanto a que habían prometido unas deducciones de testimonio, habían prometido ir más allá, y yo en nombre de las víctimas había pedido que fueran más allá, y se quedaron ahí. Es, por ejemplo, muy revelador que efectivamente descartan el Skoda Fabia como vehículo utilizado pero en ningún momento investigan quién pudo dejar el Skoda Fabia en el mes de junio en esa calle de Alcalá de Henares, etc. Y en cuanto a Olga Sánchez, yo es una persona a la que respeto mucho, y además un fiscal tiene un problema que no tenemos los abogados, y es que un fiscal no tiene la independencia de un abogado, porque están sometidos a las órdenes de sus superiores. Yo entiendo que el enfoque que Olga Sánchez dio a la posición de la Fiscalía era equivocado, pero esa no era decisión suya, era decisión de sus jefes, por tanto, las críticas…, yo creo que la prensa se cebó especialmente en ella, quizá era lo fácil y lo cómodo, pero no se fue justo con ella porque esas órdenes venían de sus superiores. Y habría que hablar más de las órdenes que tomó Conde Pumpido o Javier Zaragoza.

Usted hace un esfuerzo por poner luz, pero ¿realmente es posible alumbrar todo en el 11-M, o hay aspectos en los que no es posible entrar?

Yo he llegado donde he podido llegar, pero evidentemente…, es muy difícil en un delito de estas características al final saberlo todo. Es muy complicado, pero el problema está cuando en un delito de esas características no se llegan a conocer cosas porque ha habido obstáculos en la investigación. Porque desde la propia policía se han puesto obstáculos, porque han desaparecido pruebas, como los vestigios de los explosivos, porque hay informes sospechosos de manipulación, etc. Eso es lo que es una decepción, que sea precisamente la mala investigación la que te impida dar luz sobre esos hechos que siguen siendo oscuros.

¿Qué opina sobre la relación que tienen muchos policías con los confidentes?

Es un tema delicado. En el juicio del 11-M, el fiscal Carlos Bautista en su escrito de conclusiones llegó a hablar de que debería legislarse la figura del confidente, que es algo que no está legislado. Yo entiendo que la figura del confidente muchas veces es importante, sin confidentes muchas veces a la policía le faltaría mucha información, y muchas veces gracias a los confidentes (como cuento en el libro, gracias al confidente Rafa Zouhier) hay detenciones de bandas muy peligrosas. También hay que tener mucho cuidado y controlar bien a un confidente, porque un confidente habitualmente es un delincuente, y en el 11- M, por ejemplo, Rafa Zouhier se les va de las manos, porque no contó todo lo que tenía que contar. Al menos, no hay pruebas de que contara todo lo que tenía que haber contado. Yo creo que sí sería interesante una legislación sobre la figura del confidente y hasta qué punto la policía puede ser permisiva con un confidente, cual es la relación que debe tener con un confidente la policía, etc., porque entiendo que son necesarios para la investigación, pero es un tema muy delicado.

Además, en el caso de Cartagena y Zouhier es todavía más grave, porque después de que se les consintiesen ciertas cosas, tampoco les hicieron caso.

Efectivamente. En general, un policía tiene que ser una persona muy responsable, y el que control a un confidente, sobre todo si es un confidente relacionado con el terrorismo o con delitos graves, tiene que ser muy responsable y tratar bien la información que recibe del confidente, y controlar bien las actividades a las que se dedica el confidente.

Como español, ¿qué le parece el hecho de que tanto el PP como el PSOE tengan tanto interés en pasar página del 11-M?

Tanto uno como otro lo hacen por interés político. Ni al PSOE le interesa que se reabra el debate sobre la legitimidad de haber llegado al poder tres días después del atentado más grave de la historia, y que ese atentado haya provocado el vuelco electoral que les ha dado el poder, ni al PP le interesa que se reabra el debate sobre la gestión que hicieron de la crisis en esos tres días, y de muchos fallos, porque el gobierno del PP tuvo muchos fallos, no en la gestión de la información que yo creo que fue hasta excesiva, pero sí en el control de los confidentes, de los mandos intermedios de la policía, que estaban fuera de su control, el control de los explosivos que circulan por las minas asturianas, etc. Ninguno de los dos partidos tiene claro que le pueda beneficiar. Y es una pena, porque ni el partido del gobierno ni el principal partido de la oposición están colaborando para que se sepa toda la verdad de ese atentado.

¿Usted cree que algún día se conocerá toda la verdad del 11-M?

Pues no lo sé, sinceramente, espero que algún día se termine sabiendo, en muchos casos similares al 11-M nos hemos quedado sin saber la verdad, y podemos hablar del asesinato de Kennedy, por ejemplo, o el 23-F, donde es evidente que hay cosas que no sabemos. Y otros, como el caso GAL, en el que lo hemos sabido casi todo. Yo espero que ocurra como en el GAL y que acabemos sabiendo casi todo. Aquí la principal dificultad es la muerte de El Chino para saber la verdad, pero bueno, hay mucha gente que sabe cosas y fundamentalmente dentro de la policía hay mucha gente que sabe cosas y que saben órdenes que se les dieron en determinados momentos, que podrían contarlo, y que yo espero que se animen a contarlo alguna vez.

Rafael Nieto

http://www.diarioya.es

JOSÉ MARÍA DE PABLO: LA CUARTA TRAMA. Ciudadela (Madrid), 2009, 432 páginas. 

http://www.lacuartatrama.com/

Enlaces en el blog:

http://oswaldoeduardo.blogspot.com/2009/03/11-m-la-cuarta-trama.html

http://oswaldoeduardo.blogspot.com/2009/03/11-m-nunca-olvidaremos.html

http://oswaldoeduardo.blogspot.com/2009/03/la-cuarta-trama-verdades-y-mentiras-en.html

Primeros capítulos. http://www.ciudadela.es/cream/ciudadela/100097_capitulos.pdf

El hechizo de Venecia desembarca en Madrid



'La caccia ai tori en la plaza de San Marco', de Giambattista Cimaroli


'Rinaldo y Armina', de Tiépolo.


'Olindo y Sofronia', de Giambattista Pittoni.


'Veduta del Rio dei Mendicanti con la Scuola di San Marco', de Bernardo Bellotto


'Triunfo de Escipión el Africano', de Gianantonio Guardi


'Venus y Adonis', de Sebastiano Ricci.


'Veduta de la dársena de San Marco con el Palacio Ducal', de Michele Marieschi


'Diana y las ninfas en el baño', de Jacopo Amigoni


'La entrada del embajador de Francia en el Palacio Ducal de Venecia', de Luca Carlevarijs


'Veduta del Gran Canal con la basílica de la Salute hacia el Molo', de Canaletto


'El Gran Canal desde San Vio hacia la dársena de San Marco', de Bernardo Bellotto


'Retrato de un niño' , de Rosalba Carriera


La Venecia del siglo XVIII vivía inmersa en una decadencia política, económica y social. Paralelamente, asistía a su época de apogeo en el apartado artístico, recuperando la gloria alcanzada durante el 'Cinquecento' por Tiziano, Tintoretto o Veronés. Dos siglos más tarde, eran los pinceles de Canaletto, Ricci o Tiépolo los que devolvían su esplendor a la pintura veneciana. Hasta el próximo 7 de julio, la exposición 'Settecento Veneziano. Del barroco al neoclasicismo', organizada por la Fundación Banco Santander y acogida en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (C/ Alcalá, 13. Madrid), muestra 52 lienzos de aquel siglo de prodigios y convulsiones en el Véneto.

Canaletto, Guardi, Bellotto, Tiépolo, Ricci, Zuccarelli... Los artistas más importantes de aquel periodo se dan cita en esta exhibición que reúne gran cantidad de obras inéditas en España. La mitad de ellas ni siquiera había salido nunca de Italia. Hablamos de una de las exposiciones más completas sobre pintura veneciana jamás realizada en nuestro país.

Los cuadros incluidos en la muestra abarcan una amplia variedad temática: desde la pintura figurativa o religiosa hasta las obras mitológicas, pasando por los lienzos equivalentes a una crónica de la vida social. Tampoco puede olvidarse el apartado consagrado a los paisajes y 'vedute' (vistas urbanas, a gran escala y detallistas al milímetro).

La exposición revela la preocupación que tenían los pintores venecianos de la época por percibir las transformaciones de la luz y el color. Su atención a la hora de captar lo singular, anecdótico y cotidiano les permitió alcanzar un desarrollo inédito en la pintura veneciana del XVIII.

En el 'Settecento', los pintores venecianos reinventan las técnicas y las composiciones, se produce un ligero cambio en el gusto por la temática religiosa y de enaltecimiento de la República a favor de una temática arcádica en donde el hombre, y especialmente la mujer, adquieren un papel crucial.

Víctor Nieto, el director de la Academia de Bellas Artes, remarcó en declaraciones a la agencia EFE que éste fue "un periodo de renovación de las fórmulas pictóricas y las composiciones, en la que florece una pintura dominada por el color, lo descriptivo y lo fugaz".

Las telas se untan de gran riqueza cromática, se inundan de luces y claroscuros inspirados en los grandes pintores del XVI, como Veronés. Artistas como Sebastiano Ricci o Giambattista Tiépolo reutilizan las premisas del 'Cinquecento' para transformarlas en un nuevo lenguaje pictórico.

La pintura veneciana del XVIII fascinó a italianos y extranjeros. Traspasó las fronteras del arte convirtiéndose en embajadora de la República de Venecia a través de sus más grandes emisarios, los pintores.

Ricci, Pellegrini, Amigoni, Canaletto... Todos ellos son artistas viajeros, que buscan trabajo en el extranjero obligados por el declive económico que sufre Venecia. Una ciudad que en aquella época de grandeza artística tenía censados a más de 350 pintores.

Algunos de los artistas más destacados emprendieron largos viajes para trabajar en las cortes europeas más importantes, realizando y expandiendo su arte a la vez que lo enriquecían con cada nueva estancia.

Tiépolo viajó a España, acompañado de sus dos hijos Lorenzo y Giandomenico, para ejercer como pintor de corte de Carlos III. En Madrid pintó los techos del Palacio Real y fue nombrado profesor de anatomía de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que con esta muestra recupera al gran artista veneciano.

Esta magnífica exposición ha sido posible gracias a los préstamos de coleccionistas particulares e importantes instituciones y centros culturales como la Colección Terruzzi, el Museo Cívico de Vicenza, la Fundazione Querini Stampalia o la Galleria dell'Accademia, de Florencia.



Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
C/ Alcalá, 13 - 28014 Madrid

Del 26 de marzo al 7 de junio de 2009
 
Horario:
De martes a sábados de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00h
Domingos y festivos de 10.00 a 14.00 h.
Lunes cerrado.
Festivos: 9 y 10 de abril, 2 y 15 de mayo.
Cerrado 1 y 30 de mayo.
 
Entrada gratuita
 
Visitas guiadas gratuitas: (máximo 15 personas)
Martes y miércoles a las 11.00h
y jueves a las 17.00h.

 
Visitas grupo
Concertar cita a través de:
museo.visitas@rabasf.org
Tel. 91-524 08 64 Extensión 106
Fax 91-524 10 34 

www.rabasf.insde.es

Un rentable fascismo

Podría hasta inspirar piedad la imagen. Si hubiéramos perdido la memoria. Y nada viéramos en el voluminoso anciano que balbucea en Estrasburgo (http://www.youtube.com/watch?v=Df7uckrHLBQ), salvo el devastador efecto de la senilidad: «Me he limitado a decir que las cámaras de gas fueron tan sólo un detalle en la historia de la segunda guerra mundial». Podría inspirar piedad. La misma que podría inspirar la foto aquella de Rodríguez Zapatero envuelto en la blanquinegra cofia palestina. Piedad por lo senil del uno. Por lo pueril del otro. Pero el senil será próximo presidente de edad del Parlamento Europeo. Pero el pueril, va ya para cinco años que preside este al cual llamamos un país adulto. Y no hay piedad que pueda sobreponerse a la defensa de la dignidad democrática frente al fascismo.

Porque es fascismo, en el rigor del concepto, hacer de la Shoá uno más de los desastres de la guerra. «Un detalle», balbucea en la pantalla el viejo dinosaurio Jean-Marie Le Pen. Intercambiable con otros de dimensión idéntica, dicen sus paradójicos émulos españoles. ¡Jodida pertinacia de la memoria! Abril de 2002. Yenín. A la alharaca de la vieja judeofobia se suma en masa el humanitarismo socialista: ningún pudor impide a las buenas gentes del PSOE proclamar el «genocidio», bautizar a Yenín de «Auschwitz» de nuestro tiempo, o, como mínimo, de nuestro contemporáneo «Ghetto de Varsovia». A principios de mayo, Human Rights Watch, ONG poco sospechosa de simpatías israelíes, estaba ya en condiciones de dar el balance: 52 bajas palestinas, 23 israelíes. A eso habían llamado partido socialista, prensa, intelectuales, comediantes españoles un «genocidio», un «nuevo Auschwitz», un «Ghetto de Varsovia».

¿Qué es, en rigor, «fascismo»? La forma nacional del socialismo. Como tal lo concibe, y con tal contenido le da nombre, un dirigente socialista en conflicto con sus colegas italianos, Benito Mussolini. Y, en aún más inequívoca literalidad, de esa amalgama hace nombre para su partido el fundador de su exterminadora variación centroeuropea. Y, con demasiada frecuencia, olvidamos -porque es, ¿a qué ocultarlo?, de lo más doloroso hacer frente a ciertas cosas- que «nazi» no es sino apócope de un Nationalsozialismus que no admite otra traducción castellana que no sea la de «socialismo nacional». En el proyecto de su fundadores, la solidez del proyecto está asentada sobre la primordial fuerza unificadora de la irracionalidad afectiva. Es por ello la forja de grandilocuentes mitologías la que prima, inauguralmente en Mussolini, después y con más eficacia en Hitler. Y no hay mitología tan potente como la del monstruoso enemigo intemporalmente al acecho. Frente a lo demoníaco en estado puro, la patria erige su acorazado búnker en torno al guía, al conductor, al Führer. Y el monstruo intemporal está al alcance de la mano; Hitler no ha tenido más que recuperarlo de los relatos europeos más viejos; también de las más brutales mitologías socialistas de finales del siglo XIX. El monstruo tiene nombre: el deicida, el judío, que es ahora el plutócrata corruptor del puro espíritu social de Europa. La abrupta originalidad del socialismo nacional centroeuropeo consistirá en pasar al acto: aniquilar a lo previamente erigido en antihumano. Seis millones de indiscriminados asesinatos. No de bajas en combate: seis millones de asesinatos a sangre fría. Y un proyecto: borrar la enfermedad judía del mundo. «Un detalle tan sólo» de la Segunda Guerra mundial, según Le Pen. Un avatar idéntico a los 52 muertos en los combates de Yenín. Un presente que da asco. El del rentable fascismo. Con cofia blanquinegra.

Gabriel Albiac
Catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid

El aborto no provoca cárcel

Ante la fuerte contestación social y científica que ha suscitado la reforma que, a favor del aborto, está preparando el Gobierno, y en un intento desesperado por justificarla y hacerla asumible ante la opinión pública, los máximos dirigentes socialistas parecen tener la consigna de afirmar que el cambio de la ley resulta necesario para evitar «que las mujeres que abortan vayan a la cárcel». Esta explicación se la hemos oído al presidente del Gobierno, a la vicepresidenta, al portavoz en el Congreso, a la ministra de Igualdad y a los responsables del PSOE a quienes se les pregunta.

Pues bien, con los datos en la mano, esta afirmación de que, en la actualidad, las mujeres que abortan en España van a la cárcel, es sencillamente falsa. Basta con tomarse la molestia de analizar las sentencias que, sobre el delito de aborto, se han dictado en los últimos diez años, para desmontar esa falsedad.

Consultando los repertorios de jurisprudencia, en ese tiempo aparecen dos condenas a mujeres por delito de aborto (sentencias de la Audiencia de Madrid 530/2008, de 6 noviembre, y 733/2003, de 3 noviembre). En ambos casos el aborto fue provocado por la propia mujer mediante la ingesta de pastillas, y se practicó absolutamente al margen de los supuestos legales (y el segundo, cuando el embarazo era ya de 19 semanas, por lo que también sería punible con la ley de plazos que propone el Gobierno). Pues bien, la pena en el primer supuesto fue de seis meses de prisión, y en el segundo de multa de dieciocho meses, a razón de seis euros de cuota día, con nueve meses de responsabilidad personal subsidiaria en caso de impago. Es decir que, en ambos casos, dada la escasa entidad de las penas, ninguna de esas dos mujeres, a pesar de que habían abortado infringiendo claramente la norma penal, han tenido que ir a la cárcel.

Pero es que en todas aquellas otras situaciones en que la mujer ha acudido a abortar a un centro acreditado, aunque a la postre se haya demostrado que se ha incurrido en alguna ilegalidad, nunca se ha acusado penalmente a la mujer. Sostener que la reforma de la ley actual se justifica en la necesidad de evitar que las mujeres que abortan vayan a la cárcel, es simple y llanamente una gran mentira.

Además, debe saberse que el Supremo ha excluido de responsabilidad por aborto a los médicos que se limitan a emitir un dictamen (sentencias del TS 1497/2003, de 13 de noviembre, 1639/2000, de 26 de octubre, o 2002/2001, de 19 de septiembre), e incluso a quienes lo practican, si existía alguna circunstancia que llevaba a pensar que el aborto podía practicarse legalmente. Es decir, tampoco existe un riesgo real de que sean condenados penalmente los médicos que practican o creen practicar abortos dentro de los supuestos legales. Y en los poquísimos casos en que estos profesionales han resultado condenados por practicar abortos ilegales, la pena impuesta siempre ha sido inferior a dos años de privación de libertad, por lo que tampoco han tenido que entrar en prisión (por ejemplo, sentencia de la Audiencia de Granada 788 /1998, de 17 noviembre).

Indudablemente, hay abortos que sí conllevan una pena de cárcel, y hay que confiar en que así siga siendo: todos los que no cuentan con el consentimiento de la mujer.

De cualquier modo, lo cierto es que hoy en España las mujeres no van a la cárcel por abortar, ni nadie está propugnando eso. Pocas razones tendrá el Gobierno en defensa de su proyecto cuando tiene que recurrir a argumentos como ése que, además de puramente emotivo, no se corresponde con la realidad.

Julio Banacloche
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Complutense de Madrid

Un gobierno extemporáneo

Las manifestaciones a favor de la vida del domingo son de tal envergadura que debería hacernos pensar sobre la absoluta carencia de reputación de un Gobierno que, sin embargo, pretendía alcanzarla embistiendo primitivamente contra el civilizado concepto de "los derechos del nasciturus". Zapatero ha arremetido contra la vida y se ha encontrado con la protesta en la calle. Las movilizaciones ciudadanas contra las pretensiones del Gobierno de Zapatero para hacer pasar por normal un recurso último y traumático de las mujeres, es decir, para transformar tan salvaje como ideológicamente una acción agresiva en un suceso cotidiano, debería conducir a los socialistas a una seria meditación sobre el uso ideológico que están haciendo del aborto.

Más aún, si el PSOE fuera un partido que prestara atención a los problemas transversales que tienen todos los grupos políticos, debería convertir en una obligación satisfacer las civilizadas e históricas demandas de quienes se movilizan a favor de la vida. No creo, sin embargo, que presten, de momento, atención a esas movilizaciones, porque el propósito socialista de convertir el delito de aborto en un derecho, como si se tratara casi de un método más de anticoncepción, debe interpretarse en un contexto de regresión sustancial del PSOE de González, más o menos socialdemócrata y respetuoso con los valores occidentales de origen judeo-cristiano, a formas revolucionarias típicas de los comienzos de los años treinta del siglo pasado.

El camino de Zapatero, lejos de lo que piensan algunos indocumentados "politólogos" de "falsos y nuevos derechos", es un camino peor que hacia atrás. Es un camino anacrónico. Es una forma anti-histórica de hacer política. Extemporánea. La reforma de la ley del aborto es tan extemporánea que ni siquiera estaba contemplada en el propio programa político presentado por Zapatero en las últimas elecciones. La reforma de una ley de tal calado necesita de algo más que mayorías. Requiere acuerdos de transversalidad política y moral entre los diversos grupos parlamentarios. Exige un genuino consenso democrático. Civilización. O sea, todo lo contrario de lo que viene haciendo Zapatero desde 2004, que trata de imponer sus criterios al margen de todos o, por supuesto, con la complicidad de los grupos nacionalistas.

La actuación planificada de la comisión parlamentaria creada para la reforma de esa ley, que tenía su único objetivo en legalizar el "aborto libre", los modos irracionales –sí, sí, irracionales, porque sólo han consultado con los lobbys económico pro-abortistas– utilizados por la ministra encargada de la cosa, y los "argumentarios aborteros" para no discutir lo fundamental, el derecho a la vida, elaborados por el Ministerio de la Igualdad, son otros tantos ejemplos de esa forma "revolucionaria" de actuar el Gobierno Zapatero. ¿Revolucionaria? Sí, sí, actuar al margen de la historia y de lo que opinan millones de seres humanos. Son gentes con tan poca "conciencia histórica", o sea, sin genuina memoria, que incluso desprecian a los socialistas que, seguro que los hay, se han manifestado contra el proyecto abortista del Gobierno.  

Por lo tanto, las movilizaciones a favor de la vida y contra la "incultura" de la muerte impulsadas por Zapatero tienen que situarse en el mismo camino que, en la legislatura pasada, abrieron las grandes manifestaciones cívicas a favor de "la memoria, la dignidad y la justicia" de las víctimas del terrorismo convocadas por la AVT contra la negociación, no menos extemporánea que la reforma de la ley del aborto, de Zapatero con ETA. En fin, la regresión política de España durante los últimos cinco años será de carácter sustancial, en mi opinión, cuando sea estudiada en las próximas décadas por los historiadores de la etapa de Juan Carlos I en la Jefatura del Estado. La época de Zapatero respecto a períodos anteriores se ha caracterizado por una manera anti-histórica, casi anacrónica, de ejercer el poder en una democracia occidental.

Zapatero, en efecto, no sólo ha despreciado a la oposición, sino que ha adoptado medidas sin contar con la sociedad, o mejor dicho, con la sociedad civil más desarrollada moral y políticamente de España.

Agapito Maestre
Catedrático de Filosofía Política en la Universidad Complutense de Madrid

Manifiesto de la Marcha por la Vida


A día de hoy existe la evidencia científica de que desde el momento de la fecundación existe una vida humana digna de ser respetada y protegida. Ante este hecho se puede afirmar que el aborto supone la muerte violenta de un ser humano y un terrible drama para la mujer que lo sufre.

El número de abortos practicados en España supera ya el millón, y sin embargo sigue sin ofrecerse ninguna información ni ayudas sociales a las mujeres embarazadas en situaciones difíciles, mientras que sí existe financiación para que vayan a abortar.

Ahora el Gobierno pretende aprobar una ley de aborto libre, que deja al no nacido completamente desprotegido y abandona a la mujer ante sus problemas, empujándolas al aborto. Además, considera a los enfermos y discapacitados como seres humanos de segunda categoría, permitiendo que puedan ser eliminados antes de nacer.

Con el aborto libre, el número de niños muertos aumentaría hasta casi el doble, así como el de mujeres que sufrirían los ya conocidos daños físicos y psicológicos que el aborto provoca en ellas.

Además, el Gobierno pretende que las menores puedan abortar sin el consentimiento paterno, dejándolas solas y despojando a los padres del derecho a ayudar a sus propias hijas ante la situación de un embarazo indeseado.

Con el aborto todos perdemos, salvo los centros abortistas que seguirán enriqueciéndose a costa del sufrimiento de muchos miles de niños y familias.

Por todo ello,

 

EXIGIMOS

Que nuestras leyes protejan el derecho a vivir y ser madre, amparando la vida en todo momento y en circunstancia y ayudando a las mujeres embarazadas a superar cualquier problema que un embarazo imprevisto puede generarles.

Además,

EXIGIMOS

Que se respete el derecho a la objeción de conciencia del personal sanitario para que pueda cumplir su compromiso de defender y cuidar la vida y la salud desde el mismo instante de la concepción.

Al mismo tiempo,

NOS OPONEMOS

A una nueva ley del aborto que sólo traerá más muertes y más sufrimiento para miles de mujeres.


Toda España, 29 de marzo de 2009

En defensa de la vida



Una multitud de ciudadanos se manifestó ayer en Madrid y otras ciudades de España en defensa de la vida y la dignidad del ser humano. El éxito de la convocatoria es fiel reflejo de que la sociedad española no está dispuesta a secundar los propósitos de una izquierda sectaria que pretende imponer dogmáticamente la reforma de la ley del aborto. Tal vez lo más significativo de este genuino movimiento social sea su planteamiento positivo, como un acto de servicio hacia los más débiles, ya se trate del nasciturus o de las adolescentes a las que se pretende atribuir una capacidad de decisión que puede marcar su futuro para siempre. La izquierda radical procura ofrecer una imagen retrógrada de la Iglesia o de cualquier sector que se oponga a un proyecto injustificable. La falacia consiste en presentar una religión oscurantista y llena de prejuicios como el gran enemigo del mundo moderno y el progreso científico. Es un enfoque intolerable, cuya única explicación sería la ignorancia o la mala fe. En efecto, miles de personas de toda condición ejercieron ayer su derecho a discrepar con un tono positivo y alegre, sin perjuicio de la crítica contundente a una norma contraria a los principios éticos y jurídicos que sustentan la dignidad humana. El silencio de los supuestos progresistas ante el manifiesto promovido por científicos del más alto nivel demuestra también su incapacidad para responder con argumentos al margen de las consignas o de los tópicos al uso.

Tampoco cabe analizar el resultado de la convocatoria en función de la presencia o no de dirigentes políticos. Mientras el PSOE impulsa y promueve el proyecto de ley con sólo contadas voces discrepantes en el ámbito interno, es bien conocida la postura sólida y rigurosa de los representantes del PP ante la comisión del Congreso de los Diputados. Los ciudadanos no necesitan la tutela de los políticos para salir a la calle y expresar su criterio. Lo importante es que los parlamentarios sepan después trasladar a las instituciones ese mandato inequívoco de la opinión pública. El éxito de las citas simultáneas de ayer se debe, sin duda, al esfuerzo y la perseverancia de las organizaciones convocantes, pero es sobre todo el triunfo de una sociedad viva y activa en defensa de una causa justa y legítima. Rodríguez Zapatero tiene el inexcusable deber democrático de escuchar este clamor y no dejarse llevar por intereses partidistas. No obstante, vistos los precedentes, no es fácil esperar que rectifique.

Editorial - www.abc.es
 
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