sábado, 6 de fevereiro de 2010

Comprar talibanes

La OTAN y la guerra de Afganistán también sufren los efectos económicos de la crisis. Con un presupuesto de unos 2.000 millones de euros, la Alianza tendrá este año un déficit superior a los 640 millones de euros. Hostigar, neutralizar o matar talibanes sale cada día más caro.
A caballo entre la gestión «empresarial» de la guerra y los presupuestos de «inversiones» (equipos y operaciones militares), el nuevo secretario general, Anders Fogh Rasmussen, confirma varias inflexiones tácticas no exentas de riesgos para el futuro.

En el terreno de la gestión presupuestaria del conflicto, no parecen previsibles los recortes. Bien al contrario. Washington y sus aliados siguen prometiendo el envío de más soldados, con un costo creciente, que seguirá incrementando el gasto y el déficit.

Ante tal evidencia, Rasmussen ha conseguido la votación de un nuevo presupuesto, de 140 millones de dólares (España pudiera aportar unos 10 millones) calificado de «paz y reintegración», presentado como una «inversión»: se espera comprar talibanes, ofreciéndoles dinero y «alternativas laborales» (formación, trabajo) si abandonan la guerra, individual o colectivamente.

Un talibán cobra mensualmente unos 10 dólares en Afganistán. La OTAN espera poder mejorar esa oferta «laboral», completada con un «plan de carrera». Aparentemente, comprar talibales sería mucho más barato que combatirlos o matarlos.

Siendo ingeniosa -en paralelo a la gestión estrictamente militar de la guerra-, la táctica de paz y reintegración deja muchas incertidumbres. La compra o corrupción de los aliados del enemigo es tan vieja como la guerra de Roma contra Viriato. Pero, en nuestro tiempo, el tráfico de drogas, armas y seres humanos tiene unas proporciones financieras mundiales que los aliados trasatlánticos han sido incapaces de combatir con eficacia hasta hoy.

Juan Pedro Quiñonero

www.abc.es

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