En el Heutontimoroumenos escrito hace veintitrés siglos, Terencio hace decir a Cremes la frase que encabeza esta semblanza. Concebida para justificar una intromisión ha quedado como expresión de un humanismo radical. Cristóbal Halffter ha sabido hacer compatible, como exige la Enciclopedia del Humor francés, que «un especialista es el que entiende todo sobre casi nada mientras que un enciclopedista es el que entiende casi nada pero sobre casi todo». Porque, en un «looping» desconcertante, Halffter ha conseguido saber mucho sobre casi todo.
Es sorprendente oírle hablar de matemáticas o física cuántica con la misma naturalidad que de lógica o teoría del conocimiento. Absorbe cultura con la voracidad de un sumidero. Y es de esos pocos elegidos que sólo están dispuestos a resignarse si alcanzan lo perfecto: un hombre al que a sus pies les cuesta seguirle los pasos.
«Sé que no es fácil creerlo», me dijo una vez cuando estábamos tomando apuntes para un libro conjunto. «Pero el primer recuerdo musical que tengo es el de mi madre cantando cuando yo aún no había venido al mundo». Hoy se sabe que podemos oír sonidos después de la vigésimo cuarta semana de gestación.
Le gusta repetir: «Cuando uno se pone a pensar en que todo está ya hecho está perdido». Por eso ayer, cuando le faltan cuatro lustros para cumplir 100 años, el maestro estaba ensayando en Dresde una obra que dirigirá en unos días. ¡Ah! Y a la hora de los afectos, su corazón es como una estación del Metro a la hora punta.
Luis I. Parada
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