quinta-feira, 11 de fevereiro de 2010

Pelillos a la mar

Si hubiera sido por el Gobierno español, Porfirio Lobo no estaría ahora en la presidencia de Honduras. Su lugar lo ocuparían Manuel Zelaya y su sombrero, y, conociendo sus amistades con Hugo Chávez, tal vez los hondureños se vieran obligados a soportar a media noche el guitarreo inmisericorde del caudillo bolivariano, en conexión con las sufridas emisoras de radio de Venezuela.

Afortunadamente, las cosas se han desarrollado de manera que Honduras puede contar hoy con un presidente -elegido limpiamente en las urnas- dispuesto a afrontar los problemas de un país casi en bancarrota y que necesita de todo, menos de populistas salvadores de la patria.

La decisión de España de apoyar a Zelaya y negarle el pan y la sal a Lobo, impidiéndole incluso una visita a nuestro país cuando aún no había tomado posesión de su cargo, no ha sentado bien en muchos de los sectores influyentes en el país. No se olvidará fácilmente.

Lobo, sin embargo, por más que personalmente haya podido sentirse herido, sabe que no puede prescindir de España, sobre todo en un momento en que tiene la presidencia de turno de la Unión Europea y pretende sacar adelante el acuerdo entre los Veintisiete y Centroamérica. Necesita vínculos y respaldos internacionales. Por eso ha recibido amistosamente en Tegucigalpa al secretario de Estado para Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia, que ha intentado, con su visita, restablecer las relaciones de con Honduras -políticas y de cooperación-, deterioradas en los últimos meses.

Es decir, pelillos a la mar. Borrón y cuenta nueva. De La Iglesia, incluso, ha invitado a Lobo a estar presente en la cumbre UE-América Latina y Caribe que se celebrará a mediados de mayo en Madrid. Desde luego, hubiera sido muy difícil encontrar un argumento para negarle su presencia en esa cita.

Luis Ayllón

layllon@abc.es

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