quinta-feira, 14 de outubro de 2010

La lección de Chile

Caramba con Chile. En la epopeya de los mineros ese país ha dado al mundo una lección de eficiencia, coraje, esperanza, superación y liderazgo. Y ese presidente, Piñera, se ha proyectado a sí mismo como un dirigente digno de ser tomado en cuenta. Hay otra América del Sur distinta a la de los caudillos bolivarianos y demás fantasmones de la demagogia populista, una América seria que busca su camino de desarrollo en las vías de la modernidad y el occidentalismo; países en los que la moderación política ha estabilizado el progreso democrático: el Brasil de Lula, la Colombia de Uribe y Santos, el Chile de Frei, Bachelet y Piñera. Izquierdas socialdemócratas, derechas liberales, alternancias serenas, pragmatismo educado. Democracias constructivas capaces de consolidar estándares de eficacia política sin esperpentos paramilitares ni corruptelas endémicas.

Chile acaso sea la nación con más seguridad jurídica del continente sudamericano. Hizo una transición ejemplar desde el brutalismo pinochetista y se ha aproximado con firmeza a un reconfortante modelo de bipartidismo estable; sus elecciones son un brillante ejercicio de confrontación respetuosa y sus presidentes tienen limitadas las tentaciones de abuso de poder a un solo mandato. Tiene un marco fiable de garantías civiles y económicas y recorta poco a poco sus anchas desigualdades sociales. Le falta mucho por hacer para construir una sociedad cohesionada pero se aplica a ello con determinación y confianza.

En ese marco, el rescate minero de Copiapó constituye una exhibición de fortaleza que Piñera ha dirigido en un golpe de audacia. Sus propios ministros aceptaban el desastre cuando el presidente se empeñó en desafiar al destino y rebelarse contra una catástrofe que, entre otras cosas, comprometía el prestigio de un sector económico vital en la balanza comercial chilena. La sacudida global de interés humano que ha provocado la aventura le ha permitido situarse bajo los focos del mundo entero para afianzar su crédito-país en una operación asombrosa. Apoyado en la extraordinaria, prometeica, épica resistencia y organización de los mineros, ha movilizado solidaridad, tecnología —por cierto, con destacable papel de la española Abengoa—, propaganda y eficiencia. Y ha asumido los riesgos de involucrarse de forma personal en el salvamento. Sin esconderse a esperar el final feliz, dando la cara con un excepcional arrojo.

Este «yes we can» chileno ha despertado una intensa sacudida emocional planetaria. Y ha mostrado que en la política aún se puede liderar un proceso delicado sin atenerse a las cautelas convencionales de los asesores y las encuestas. Órdenes concretas, planificación centralizada, ejecución escrupulosa y transparencia informativa. La gesta pasará a la Historia como un modelo de imaginación, de anticonformismo y, sobre todo, de fe en la condición humana.

Ignacio Camacho

www.abc.es

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