Garzón ha movilizado a magistrados de distintos países para que le salven de un tirón de orejas. España, da a entender el juez cazador, carece de un sistema judicial comme il faut y han de venir de fuera a enseñarnos. Desde luego que la justicia española padece de patologías graves y una de ellas, llamémosla politización, permite que individuos como el mentado hagan carrera y dinero. Pero la citación de ese "selecto grupo" de "juristas de enorme prestigio" encierra una acusación más grave. Sugiere que son necesarios observadores internacionales en todo cuanto se relacione con el franquismo, pues nuestra democracia aún sigue bajo su sombra negra. Y pretende significar que la instrucción contra Garzón por parte del Supremo es una venganza por su valeroso intento de sentar en el banquillo al cadáver de Franco. Eso, si el general estaba muerto, cosa de la que dudaba el juez estrella.
Tal es la estrategia de Garzón y sus aliados circunstanciales, y dada la vigencia de la leyenda negra por el ancho mundo, es posible que engañe a más de uno allende las fronteras. Décadas después de la Transición todavía hay quienes creen, y quienes quieren hacer creer, que hablar o escribir sobre la Guerra Civil y el franquismo era tabú, que la gente vivía en el miedo a las represalias, que las víctimas "republicanas" de la contienda carecían de derechos y que los familiares tenían prohibido buscar los restos de los desaparecidos hasta que llegó el gran Zapatero. Y, claro, hasta la entrada en escena de Garzón, el héroe que iba a castigar a los culpables con un retraso tan considerable como sospechoso, el único que no se arredraba ante el oscuro y enorme poder de los fascistas que pueblan, más o menos disfrazados, las tierras e instituciones de España.

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