quarta-feira, 10 de fevereiro de 2010

No sólo de pan

El influjo funesto que el socialismo ha tenido sobre el desarrollo científico ha sido tema tabú en la literatura. Tras décadas de panfletos que contaban cómo avanzaba el socialismo gracias a la fabricación de cemento o a la forja del acero, cuestionar que pudiera ser el cauce ideal del desarrollo cultural y científico constituía una herejía, precisamente la que abordó Vladimir Dudíntsev en «No sólo de pan». Era bastante joven cuando leí en ruso aquel enfrentamiento entre un joven inventor de una máquina para colar acero y la burocracia ministerial. Me impresionó no menos que la historia de aquel colaborador de un departamento universitario en España que supo que no le dejarían quedarse justo el día en que descubrió que había publicado, en un solo año, más que todos los miembros del departamento juntos. A pesar de sus letreros a la puerta del despacho, de sus proclamas triunfalistas, de sus anuncios de éxitos en la causa del progreso de la Humanidad, los burócratas de la felizmente extinta URSS eran humanos, demasiado humanos. La codicia, la envidia, la soberbia, por supuesto, los ajustes de cuentas personales estaban por encima de cualquier consideración y el que se enfrentaba con la máquina corría riesgo. Publicada tras la muerte de Stalin, «No sólo de pan» desencadenó un escándalo extraordinario, tanto que Du-díntsev se vio obligado a escribir un prólogo aclarando que era un entusiasta del socialismo y que lo entendían mal los que cuestionaban esa circunstancia. Pero ya estaba todo dicho. La novela no pudo llevarse al cine hasta después del desplome de la URSS y el resultado – una obra maestra que no se ha estrenado en España – constituye un alegato en favor de la libertad científica, justo la que el socialismo no puede tolerar históricamente ni en la lejana Rusia ni en nuestras tristes universidades de las que ni una sola se encuentra entre las cien primeras del mundo. Y es que el progreso cultural necesita en primer lugar reconocer que el hombre vive no sólo de pan.

César Vidal

www.larazon.es

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