sábado, 8 de março de 2008

La Cuba de hoy

La revista Time preguntó a Vladimir Putin: "¿Cómo un hombre de la KGB de toda su vida y criado en la Unión Soviética se convierte en un creyente en los mercados libres?" Su respuesta: "Uno no tiene que ser muy brillante para ver lo obvio, que la economía de mercado tiene las mayores ventajas sobre un sistema de administración. Hemos tenido un crecimiento anual del PIB del siete por ciento en promedio durante los últimos siete u ocho años. Hemos pagado toda nuestra deuda. El crecimiento del ingreso real de la población es del 12 por ciento y, para mí, ése es el principal logro."

Pero Fidel Casto no lo ve así. Sigue socialista hasta el último suspiro. Además, está loco de remate. Al ex secretario de Estado Robert McNamara le reveló en una ocasión su ira con Kruschev por haberle impedido lanzar misiles nucleares contra los Estados Unidos en 1962, a sabiendas de que Cuba sería borrada del mapa. Su última locura terminal: escribir "reflexiones" sobre el derrumbe de Estados Unidos.

En Cuba todos deben gritar "¡Socialismo o muerte!", pero apenas pueden se hacen capitalistas.
Castro ha prohibido hasta los pequeños negocios particulares. Al periodista enviado a La Habana por la revista Sábado se le acercó un tipo de uniforme gris, cuidadoso de que no lo viera un policía, pues no puede hablar con extranjeros. El uniforme sirve para vigilarlo mejor. Inspecciona cocinas de restaurantes estatales por 13 dólares al mes, pero, en secreto, es un empresario libre. Lleva a turistas extranjeros a un bar privado clandestino y allí, como comisión, le pagan con una botella de aceite. O los lleva a almorzar a una casa, restaurante clandestino, y allí le dan a él un almuerzo gratis.

¡Es que el mercado es más fuerte! En Cuba todos deben gritar "¡Socialismo o muerte!", pero apenas pueden se hacen capitalistas. Esperan a un Gorbachov, un Yeltsin o un Putin cubano que les dé libertad. Saben que esa persona existe, pero que si hoy levantara la cabeza, Fidel, moribundo y todo, se la cortaría. Un joven osó preguntar a un ministro por qué no podía utilizar libremente internet ni viajar fuera de Cuba. Como filmaron en secreto las ridículas respuestas del ministro, que fueron el hazmerreír del mundo, el preguntón desapareció. El mundo se preocupó por él y, entonces, reapareció. "Había estado enfermo."

La libertad nunca muere del todo. El inspector de gris es un activo vendedor a comisión. La casa cuyos dueños preparan mojitos es un bar comercial. El hogar que ofrece inocentes almuerzos es un restaurante privado. En 50 años, la dictadura ha matado a 17.000 personas, pero no ha podido sepultar el deseo de libertad.

© AIPE
Hermógenes Pérez de Arce, es analista político chileno

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