sábado, 24 de novembro de 2007

Diego Rivera (1886-1957)


La Era, 1904 (Museo-Casa de Diego Rivera, Guanajuato, Mexico)

Cinquenta anos depois da morte do pintor mexicano Diego Rivera (Guanajuato, 1886 – México, 1957), os enigmas daquele que foi o grande visionário, revolucionário e provocador da primeira metade do século XX no México compõem um quebra-cabeças que continua a alimentar o mito. No próximo mês de Dezembro irá abrir-se aos investigadores o arquivo do artista, zelosamente guardado durante quase cinco décadas pela sua amiga e mecenas Dolores Olmedo: 34.761 peças, entre cartas, fotografias, esboços, livros, desenhos, documentos, vestuário, recortes de imprensa, cartazes e objectos pessoais que ajudarão a reconstruir o universo de Diego e da sua terceira esposa, a também pintora Frida Kahlo, a sua relação tempestuosa e os seus vínculos políticos, sociais e culturais.

Doado ao povo do México por vontade de Diego, o arquivo permaneceu protegido, selado e fechado em caixotes, cómodas e na casa-de-banho da vivenda em que nasceu e morreu Frida, a Casa Azul de Coyoacán. Pouco antes de morrer, o pintor encarregou a sua salvaguarda a Dolores Olmedo e ordenou que não se fizesse público até que passassem 15 anos. No entanto, aquela decidiu não abrir a colecção até à sua própria morte, em 2002. O motivo, segundo Juan Coronel Rivera, crítico de arte e neto do artista, pode ter sido “o temor de que a correspondência de Diego acarretasse implicações políticas e de corrupção em assuntos não muito claros” aos seus contemporâneos. Depois de três anos de catalogação e coincidindo com a dupla celebração do centenário do nascimento de Frida (6 de Julho de 1907) e o 50º aniversário da morte de Rivera (24 de Novembro de 1957), foi apresentada, no passado dia 5 de Julho, a exposição “Os tesouros da Casa Azul”, uma pequena mostra do que significará o arquivo, disponível no final deste ano.

“É inesgotável, estamos na etapa inicial de investigação”, explica Ricardo Pérez Escamilla, chefe dos curadores de “Os Tesouros da Casa Azul”, que assinala como primeira grande descoberta o achado de dez stencils do primeiro fresco de Diego, “A criação” (1921). “Estamos diante do nascimento da pintura de frescos no México. Ninguém sabia que existiam”, acrescenta Pérez Escamilla. Um óleo inédito datado entre 1910 e 1911, que mostra a paisagem da Cañada de Contreras, assim com um grande número de desenhos e esboços também inéditos multiplicam o valor artístico do arquivo.


El arte de Diego Rivera constituyó uno de los pilares sobre los que habría de asentarse uno de los más pujantes movimientos de la pintura americana: el muralismo mexicano. Su arte depende en gran manera de un vocabulario surgido de una mezcla de Gauguin y la escultura azteca y maya. Realizó una obra vastísima como muralista, dibujante, ilustrador y escritor, desarrollando al mismo tiempo actividad política. Diego Rivera, en formas simplificadas y con vivo colorido, rescató bellamente el pasado precolombino, al igual que los momentos más significativos de la historia mexicana: la tierra, el campesino y el obrero; las costumbres, y el carácter popular. La aportación de la obra de Diego Rivera al arte mexicano moderno fue decisiva en murales y obras de caballete; fue un pintor revolucionario que buscaba llevar el arte al gran público, a la calle y a los edificios, manejando un lenguaje preciso y directo con un estilo realista, pleno de contenido social. Paralelamente a su esfuerzo creador, Diego Rivera desplegó actividad docente en su país, y reunió una magnífica colección de arte popular mexicano.

Primeros años.

Diego María Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez, mejor conocido como Diego Rivera, nació en la ciudad de Guanajuato, Guanajuato, el 8 de diciembre de 1886. El talento para la pintura fue desarrollándose en él a lo largo de sus años escolares. Cuando apenas contaba diez años, la familia de Diego se trasladó a la Ciudad de México. Allí, obtuvo una beca del gobierno para ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, en la que permaneció hasta su expulsión en 1902, por haber participado en las revueltas estudiantiles de ese año. Las influencias que recibió en su estancia en la capital fueron variadas, y van desde las de su primer maestro, discípulo de Ingres, hasta las de José Guadalupe Posada, grabador en cuyo taller trabajó Diego y cuya influencia sería decisiva en su posterior desarrollo artístico.

Primera exposición y viaje a Europa.

Cinco años más tarde, Diego realizó su primera exposición, que fue un gran éxito entre el público; esto le valió una beca del gobierno de Veracruz para proseguir su formación pictórica en España, en la escuela de San Fernando de Madrid. Desde allí realizó diversos viajes por Francia, Bélgica, Holanda y Gran Bretaña, entre 1908 y 1910, hasta establecerse finalmente en París el año de 1911. Durante este viaje fue influenciado por el post-impresionismo, principalmente por el arte de Paul Cézanne, lo que lo movió a experimentar con el cubismo y otros novísimos estilos, en cuyo lenguaje Diego se desenvolvió con soltura, creando originales obras llenas de armonía. En el año de 1910 también exhibió cuarenta de sus trabajos en México, con los que, pese a no haber desarrollado plenamente las posibilidades de su estilo vigoroso y enfático, obtuvo una favorable acogida del público.

Diego Rivera, muralista.

Siempre fue la ambición de Rivera expresar en forma plástica los sucesos, ideas y esperanzas de la Revolución Mexicana. Para hallar un medio adecuado a esta expresión tuvo que experimentar con la técnica del fresco. Esta técnica consiste en pintar directamente sobre la argamasa (mezcla de cal y arena) mojada, para que el color penetre y, al secarse aquélla, lo fije. Nuevamente en Europa, Rivera expuso en Madrid y en París. En 1920 fue a Italia a estudiar los frescos del Renacimiento que allí se conservan, e investigó la técnica mural del pintor renacentista italiano Giotto, cuya influencia lo hizo apartarse del movimiento cubista, para indagar con mayor profundidad en las escenas sociales de su entorno. Antes de embarcarse, Diego tenía en cartera centenares de bocetos para ejecutarlos a su regreso.De las experiencias reunidas en este viaje, Rivera dedujo un estilo narrativo, lineal y de color aplicado en tintas planas, que utilizó a su regreso a México, en 1921, tras la elección de Álvaro Obregón como presidente. Una vez en su país, fundó junto con José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros un movimiento pictórico al que se le dio el nombre de escuela mexicana de pintura. Trabajó por entonces en la elaboración de frescos para la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México y para la Secretaría de Educación. A este periodo pertenece una de sus grandes obras, "La tierra fecunda", realizada para la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo. Asimismo, y al igual que Orozco, Rivera se interesó vivamente en la política y en sus composiciones murales, históricas o simbólicas, resuena la voz de la prédica social-revolucionaria y de la resistencia a la opresión extranjera. Otros de los grandes murales que pueden apreciarse hoy en el país son los del Palacio de Cortés de Cuernavaca, y los del Palacio Nacional, en la Ciudad de México, por mencionar sólo algunos.Los murales que Rivera pintó en México lo hicieron tan famoso que se convirtió, no sólo en jefe de escuela pictórica, sino también en líder político. Sus actividades en este último orden lo han hecho centro de no pocas polémicas y peripecias, como, por ejemplo, cuando se negó el Hotel del Prado, en la Ciudad de México, a exhibir un gran fresco suyo en que aparecían las palabras "Dios no existe", que Diego, a su vez, se negaba a dejar borrar, hasta que por fin cedió al regresar en 1956 de un viaje a Rusia realizado por motivos de salud. Diego Rivera fue miembro del Partido Comunista de 1923 a 1930 y de 1954 hasta su muerte.

Murales en Estados Unidos.

La expansión de su fama llevó a Rivera durante la década de 1930 a exponer su pintura en Nueva York, y recibió el encargo de la realización de grandes murales en el Instituto de Arte de Detroit y en el Rockefeller Center de N. York, donde su fresco "Hombre en la encrucijada" recibió numerosas críticas por la semejanza de los rasgos de una de sus figuras con Lenin. El mural fue destruido por el centro y sustituido por otro de Brangwyn, pero Diego luego lo reprodujo para el Palacio de Bellas Artes de México. En sus numerosos encargos para decorar edificios públicos, Rivera utilizó el buon fresco, técnica que puso de nuevo en boga, al igual que el empleo de los antiguos métodos encáusticos.
Últimos años.

Desde finales de la década de 1930 se dedicó a la pintura paisjística y de retratos. Desarrolló en sus últimas pinturas un estilo indigenista y social de gran atractivo popular. Su más ambicioso y gigantesco proyecto, un mural épico sobre la historia de México para el Palacio Nacional, quedó inconcluso a su muerte, acaecida en la Ciudad de México el 25 de noviembre de 1957.


http://www.diegorivera.com/index.php
http://www.riveramural.com/

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