segunda-feira, 1 de novembro de 2010

De visita al amigazo

Juan Manuel Santos, presidente de Colombia.
Nuestro presidente y nuestra bella canciller se van a visitar al amigazo Chávez. Siempre y cuando el imprevisible vecino los quiera recibir, porque la cosa no está bien clara. La cita está pedida, pero Maduro y sus asesores están estudiando si al coronel, comandante, camarada y paracaidista le conviene aceptarla.


Así andamos en nuestra urna de cristal. Suplicándole al dictador vecino que reserve unas horas para recibirnos. Estrategia diplomática de alto calado debe de ser esto que a nosotros nos parece postura rodillona y nada digna... Pero doctores tiene la Santa Madre Iglesia...

Haciendo a un lado ese espinoso tema de la dignidad nacional, en el que no nos debemos meter, nos queda el balance de estos amores tardíos, los nuestros por Chávez y los del hombre por nosotros. Y ahí el asunto parece menos claro. Porque Chávez ya salvó el caso, y de sobra, neutralizando la eventual pasión política de los millones de colombianos que irían a las urnas algo molestos por sus continuos ataques a la Patria. Queda por averiguar lo que nosotros buscamos con ese complicado romance.

De la platica que nos deben, nada o casi nada. De una suma cercana a los mil millones de dólares, Venezuela ha desembolsado, lo que desembolsar se llama, algo así como cien millones, que de todas maneras tenía que pagar. Otros cien estaban listos... y así siguen estando desde hace semanas. Y probablemente así seguirán, en la caja de allá y no en la de acá. Los ochocientos restantes quedarán pendientes de los estudios que se hagan sobre el precio de lo vendido. A esperar pacientes.

Hugo Chávez.

Si no pagan lo viejo, mucho menos pagarán lo nuevo. Por eso las exportaciones de Colombia siguen tan paralizadas como en la época en que no éramos amigazos. Pero la frontera está abierta, lo que quiere decir que nadie detiene el torrente comercial que se ha prometido.

Los campamentos de la guerrilla que denunciamos en la OEA desaparecieron como por arte de magia. Nuestro embajador Luis Alfonso Hoyos no ha sido removido, lo que nos hace pensar que no dijo muchas tonterías en el histórico debate en que presentó el impresionante paquete probatorio ante la asamblea de aquel inútil organismo. Pero de asunto tan molesto no hay para qué hablar. Lo que no significa que la crema de las FARC y el ELN no siga de vacaciones en el país vecino, dedicada a la urgente tarea de traficar la cocaína que le permite comer. Muy bien comidos andan, como se ve en las fotos. No pasan trabajos, nadie los persigue ni molesta.

Siguiendo esta impecable línea de prudencia, apostamos a que en la reunión de Caracas no se hablará de los juguetes que acaba de comprar Chávez. Nuevos aviones de guerra, para impedir que Holanda siga invadiendo el cielo de Venezuela con su flota estacionada en Aruba; tanques de guerra gigantescos, para que a Surinam no se le ocurra un día atacar Caracas; misiles S300 para derribar los que Estados Unidos llegue a disparar; barcos de guerra para la eventualidad de que Nicaragua o Costa Rica manden su armada a bombardear Maracaibo; y una central nuclear que nos consuela por lo chiquita. En esto tiene razón Chávez: un país con tan poco combustible como Venezuela necesita centrales nucleares para generar electricidad.

No se nos ocurren otros asuntos sobre la plática de Caracas. Por supuesto, ofrenda floral ante la estatua del Libertador, sin perjuicio de que ya tenga Chávez la prueba científica de que no murió Bolívar de tuberculosis y de las penas que sus enemigos –especialmente los venezolanos– le causaban, sino envenenado por Santander.

Y ni una palabra sobre aquello tan molesto de la democracia y el respeto a los derechos humanos. Va otra apuesta: no preguntaremos por Alejandro Peña Esclusa ni por los demás presos políticos que tiene Chávez en sus mazmorras. No vaya a enojarse el amigazo.

© Diario de América

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, ex ministro colombiano.

http://exteriores.libertaddigital.com

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