segunda-feira, 13 de setembro de 2010

Fidel se reconoce y se desmiente

Perón.
Decía el general Perón que un líder tenía que hablar "en comunista" con un comunista y "en conservador" con un conservador. Él lo hizo durante toda su vida, y por eso hay peronistas de izquierda, de centro y de derecha, que se matan entre ellos y cuentan cada uno con unas cuantas citas que demuestran que Perón era de derecha, de centro o de izquierda. Y por eso, cuando ya se cumplieron 36 años de su muerte, nada funciona en la política argentina si no se hace en su nombre.


Fidel Castro aprendió tarde la lección, pero hace unos días inició un intento de poner en práctica ese saber: recibió a un periodista judío, Jeffrey Goldberg, de The Atlantic, acompañado por una intérprete judía, Julia Sweig, que no es una señora contratada para la ocasión sino una profesora universitaria que forma parte del Consejo para las Relaciones Exteriores (CFR). Durante la entrevista, muy extensa –cinco horas– y publicada en varias partes, decidió hablar en judío, después de ochenta años de negar a su abuelo sefardí Ruz, de Esmirna, cosa que no digo yo, sino su hija Alina. Desde luego, se curó en salud y se valió de la presencia de la intérprete para desmentir luego lo que se le ocurriera, como si él no se manejara con soltura en inglés o no pudiera valerse de un traductor propio. No dudo de que su osadía verbal en esta oportunidad tiene que ver con la edad y con la muerte previa a la resurrección: tampoco Lázaro debía de tenerlas todas consigo en ese instante crucial. Pero ni siquiera una experiencia límite de tal entidad le ha hecho perder la astucia, que está en su naturaleza. No en vano, antes de tomar las armas fue un brillante abogado.

Por otra parte, como el lector puede imaginar, no es fácil para un periodista americano ser recibido por el Comandante, pero a éste se le hizo el favor porque es un declarado simpatizante de la revolución, o sea, porque es un hombre que ante Castro baja la guardia: tenido esto en cuenta, una porción del encuentro, más allá de lo hablado en judío, debía desarrollarse en revolucionario. En revolucionario popular cubano: "El modelo cubano ya no nos sirve ni a nosotros".

En el discurso posterior en la Universidad de La Habana, Castro rectificaría: "Se lo expresé sin amargura ni preocupación. Me divierto ahora al ver cómo él lo interpretó al pie de la letra, y elaboró la teoría que expuso (...) Pero lo real es que mi respuesta significaba exactamente lo contrario"; es decir, que lo que ya no servía era el modelo capitalista. En su blog, Goldberg expresó extrañeza por la aclaración de Castro pero le agradeció que le hubiera descrito como un "gran periodista" que "no inventa frases, sino que las transfiere y las interpreta".

¿Qué fue lo que más llamó la atención de lo que Castro le dijo a Goldberg, además de su afirmación sobre el modelo cubano? Lo que sigue es de la agencia EFE:

[Castro] pidió al presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, que "deje de "difamar a los judíos", que el gobierno iraní debe entender las consecuencias de la teología (sic) antisemita "que empezó hace dos mil años''. "Yo no creo que nadie haya sido más injuriado que los judíos. Diría que mucho más que los musulmanes (...) Han sido mucho más calumniados que los musulmanes debido a que son culpados por todo, pero nadie culpa a los musulmanes por cualquier cosa''. [Castro sostuvo que Irán debe] "entender que los judíos fueron expulsados de sus tierras, perseguidos y maltratados en todo el mundo como los que mataron a Dios''. [Durante dos mil años, los judíos] "han sido sometidos a terribles persecuciones y a los pogromos. Uno podría haber pensado que habrían desaparecido, pero su cultura y religión los mantuvo juntos como nación (...) No hay nada que se pueda comparar con el Holocausto'', aseguró.

El periodista le pregunta si estaría dispuesto a decirle eso al presidente iraní, que niega el Holocausto, y Castro respondió: "Si estoy diciendo esto, lo puedes comunicar''.

Por otro lado, señaló que entiende el temor de Irán a una agresión liderada por Israel y Estados Unidos y consideró que ni las amenazas ni las sanciones al régimen iraní podrán disuadir a Teherán de continuar su carrera para conseguir fabricar un arma nuclear.

"Este problema no se va a resolver, porque los iraníes no van a dar marcha atrás frente a las amenazas. Ésa es mi opinión'', dijo Castro, quien señaló que, a diferencia de Cuba, Irán es un país "profundamente religioso'' y consideró que los líderes religiosos son menos transigentes.

Castro también tuvo un mensaje claro para el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu: "Israel sólo tendrá seguridad si renuncia a su arsenal nuclear, y el resto de potencias nucleares del mundo sólo tendrán seguridad si, también, renuncian a su armas''.

"El desarme nuclear mundial simultáneo es, por supuesto, un objetivo digno'', aseguró Castro, que, no obstante, reconoció que "no es un objetivo realista a corto plazo''.

Pocos días antes, el Comandante había hecho declaraciones a propósito del tratamiento por su régimen de la cuestión homosexual, disculpándose por los campos de trabajos forzados de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), por los que pasaron Reynaldo Arenas o Walterio Carbonell, por poner algún ejemplo. También había dicho, según La Nación de Buenos Aires, a propósito de la crisis de los misiles soviéticos instalados en Cuba en 1962: "Después de haber visto lo que he visto, y sabiendo lo que sé hoy, definitivamente no valía la pena". Triste asunto el de vivir lo suficiente para ver en el marco de la historia las propias acciones.

Antes de que Castro se desmintiera a sí mismo y atribuyera todas las declaraciones precedentes a la "interpretación" de Goldberg me escribió el agudo observador Esteban Lijalad desde el Río de la Plata:

Si esto no agita las aguas de la izquierda revolucionaria proislámica, es que no tienen remedio. Si su Líder Máximo –cansado y al borde del adiós– se anima a decir que el Rey Socialista va desnudo, que el Socialismo en Cuba ha fracasado, que se arrepiente de haber perseguido a los homosexuales; si se arrepiente de haberle pedido a la URSS que bombardeara EEUU en 1962, si aboga por la existencia de Israel, si critica a los negacionistas y antisemitas de todos los tiempos, si elogia a los judíos por haber resistido gracias a su religión y cultura a tantas calumnias, persecuciones y pogroms, si afirma que nadie sufrió como los judíos... en fin, espero alguna reacción de nuestros marxistas latinoamericanos, de nuestros populistas. ¿O van a decir que el Líder se volvió loco? ¡Qué momento!

Al mismo tiempo que Lijalad me decía esto, un dirigente montonero declaraba en la provincia argentina de Córdoba que su organización –en proceso de resurrección, como Castro– había tenido en principio una "amplia coincidencia con Cuba", pero que ahora la tiene con "la Venezuela de Chávez y la Bolivia de Evo". Casi una respuesta. Los marxistas y los populistas latinoamericanos ya han tomado partido. Chávez no va a reformarse, seguirá siendo antisemita, proiraní y todo lo que es, y hará desmentir a Castro lo que haga falta, porque Venezuela no depende económicamente de Cuba, sino que Cuba depende de Venezuela, y ésta de la OPEP. Hace mucho que esa izquierda, esos populistas, ante el secular dilema del subcontinente entre civilización y barbarie, optaron por la barbarie.

Lo que surge de la maniobra senil de Castro, que no es un animal cuartelero como Chávez ni un atrasista contumaz como Morales, sino un hijo de rico, educado en los jesuitas y doctor en Derecho –lo que le permitió mantener durante años un cierto nivel estético en su apariencia pública–, es que él ya no cuenta, diga lo que diga. Que ninguna de estas bestias pardirrojas necesita de él. Que ha intentado, Goldberg mediante, salvar su memoria y todos los demás, empezando por su hermano Raúl, lo han devuelto a la vieja senda, forzando sus desmentidos: está preso en la cárcel que él mismo construyó durante cincuenta y un años. Nadie puede arrepentirse de una vida como la suya, ni siquiera ante un confesor, en el más absoluto de los secretos. Así como Stalin engendró a Beria, Fidel engendró a Raúl. Beria fue el seguro contra la traición –siempre posible– de su creador, y le sobrevivió apenas unos meses: fue asesinado por sus propios compañeros de partido. Tal vez Raúl debiera recordar esto.

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