domingo, 12 de setembro de 2010

Reflexiones del 11-S

«Estamos en guerra con los terroristas, no con el islamismo», ha dicho Obama para justificar su respaldo a una mezquita en las cercanías de la Zona 0 y su rechazo de la quema de Coranes. El problema, sin embargo, es que el Islam radical está en guerra con nosotros. Y da la casualidad de que ese Islam capitanea el islamismo y protagoniza episodios como el 11-S en Nueva York o los atentados en Madrid y Londres, sin que haya indicios de que se disponga a ceder en su guerra santa contra occidente, siempre que pueda y allí donde pueda. Lo que nos obliga a defendernos, a no ser que adoptemos la cristianísima actitud de poner la otra mejilla, que no creemos le detendría.

Ahora bien, la forma de defendernos no es quemando Coranes. Quemando Coranes lo único que se consigue es dar argumentos a los yihadistas y fomentar sus ataques contra nosotros. De ahí que la idea de pastor Terry Jones revele, junto a su cerrazón ideológica, unas entendederas bastante cortas. Menos mal que entre todos le han convencido de que no lo haga, aunque a la hora que escribo esta «postal» aún no es seguro, pues aparte de las razones ideológicas que le animan, está el ansia de celebridad, a lo que se sacrifica hoy todo, de lo que tenemos bastante culpa los periodistas.

En cualquier caso, el problema sigue ahí: ¿cómo combatir al islamismo radical, que nos considera enemigos a muerte? Occidente aún no ha encontrado respuesta a esa pregunta, limitándose a la guerra convencional, que no funciona, o a medidas puramente defensivas, a todas luces insuficientes. Y es que partimos de una base falsa: la de considerar el Islam una religión, como la nuestra. Cuando es mucho más que eso. Es una ideología, un estilo de vida, una escala de valores, que nada tienen que ver con los nuestros y en muchos aspectos chocan con los nuestros. Con los islamistas moderados podemos convivir. Pero los islamistas radicales se sienten amenazados por occidente, al comprobar el éxito material de éste y temer que, por esta vía, pueda atraer a sus fieles. Su respuesta ha sido atacarle en la única guerra que puede librar e incluso ganar, la del terrorismo, pues a diferencia de la convencional, con no perderla, se gana. Pero nosotros tenemos también derecho a defendernos, y lo primero para ello es no dar al islamismo radical ninguna facilidad para extenderse, como ocurre en las mezquitas conducidas por tales imanes. Quiere ello decir que Obama debería haber dicho: «No estamos en guerra contra el Islam. Estamos en guerra contra los islamistas que nos la han declarado». Podemos ser tontos, pero tanto como para proporcionar el púlpito para achicharrarnos, no.

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