domingo, 12 de setembro de 2010

La quema del Corán

La vida no se defiende con la muerte ni la libertad imponiendo la tiranía. Me gustaría saber qué pasa por esas mentes conservadoras que defienden en los Estados Unidos, y también en Europa, el derecho a la vida con métodos expeditivos —para que no digan que les llamo «fascistas»— y el diálogo entre religiones, a garrotazos. Lo ocurrido con el pastor Jones y su llamamiento a la quema del Corán nos remonta a esas épocas pretéritas de las quemas inquisitoriales o de las pilas de libros ardiendo en Alemania durante la persecución nazi.

Ayer conmemorábamos el noveno aniversario del ataque a los Estados Unidos perpetrado por un impreciso conglomerado de individuos, pertenecientes a las más diversas nacionalidades islámicas, agrupados en torno a la organización de contornos difusos denominada Al Qaeda. Se inauguró una nueva forma de guerra, digan lo que quieran los «activistas» disfrazados de pacifistas, contra la que los estados no estaban acostumbrados a enfrentarse. El rotundo fracaso de la guerra de Irak y el indomable conflicto de Afganistán es una buena muestra de ello.

Benedicto XVI ha hecho un enorme esfuerzo para establecer un diálogo religioso basado en la proposición y no en la imposición. Desde luego no es quemando el Corán como resolveremos las diferencias, sino haciendo cumplir en nuestras sociedades democráticas las leyes sobre igualdad de sexos y sobre libertad religiosa, que es a lo que obligan todas nuestras constituciones democráticas. La elección del emplazamiento de la denominada mezquita «Córdoba» en la «zona cero» es no sólo disparatada sino malintencionada. Esta polémica me recuerda, aunque a menor escala, a la que se armó con las carmelitas que se instalaron en las afueras de Auschwitz. Cada cosa y cada casa tiene su lugar. La verdad no se impone sino que se propone, con amor, esa palabra tan en desuso. Y no a sangre o fuego.

Jorge Trías

www.abc.es

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