segunda-feira, 15 de fevereiro de 2010

Preservar el don de la Tierra

Sigue en nuestra mente el horror sufrido por el pueblo de Haití. Pero no olvidemos que el dolor de ese pueblo, como el de tantos en la tierra, además de estar motivado por la muerte súbita de miles de personas con motivo del terremoto, es también un dolor muy profundo que nace de la terrible injusticia que supone la pobreza y el hambre, el subdesarrollo y la falta de unas infraestructuras mínimas que sostengan el posible crecimiento de la sociedad.

Por eso, Manos Unidas nos recuerda un año más la obligación que tenemos todos los ciudadanos del mundo desarrollado, pero de un modo especial los cristianos, de crear estructuras estables de justicia que ayuden a superar la tragedia del hambre y la pobreza. En esta campaña se nos propone como lema «contra el hambre, defiende la tierra», pues hemos de ser conscientes que en el plan original de Dios, la naturaleza es el marco en el cual se desarrolla en armonía la vida del hombre. Para los cristianos, hablar de la tierra o de naturaleza es hablar de la obra creadora de Dios. Si olvidamos el origen y el destino del universo, y en nuestro caso del planeta en el que vivimos y lo desvinculamos de Dios, su verdadero autor, corremos el riesgo de hacer un mal uso de los bienes creados, cayendo en el egoísmo y en el olvido más absoluto del destino universal de esos mismos bienes, creyendo que sólo unos pocos deben disfrutar de la creación mientras que la mayoría padece unas carencias terribles. Defender la creación es defender al ser humano, especialmente al más débil, al hambriento, al enfermo, al no nacido, al anciano indefenso, pues toda la creación debe ponerse al servicio del ser humano y éste, a su vez, protegerla para protegerse a sí mismo.

Es Dios mismo quien nos pide que colaboremos en la construcción de un mundo un poco más justo.

Jesús Higueras

www.abc.es

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