quinta-feira, 29 de maio de 2008

Václav Havel: vivir en la verdad

Nacido en Praga en 1936, Havel fue uno de los más destacados activistas por la democracia luego de la invasión soviética de Checoslovaquia (1968). Impulsó el movimiento Carta 77 y fundó, como contrapunto a la célula del Partido Comunista en la Unión de Escritores, el Círculo de Escritores Independientes. Por ello, por no desistir de su verdad, fue perseguido y encarcelado.

"Me gustaría recordar que no sólo he participado en un cambio de Gobierno sino que también estuve entre los que tuvieron que construir un Estado democrático desde cero", escribe Havel en estas páginas; y dice encontrar una sólida unidad cuando analiza su presente y su pasado:

No creo que en mi vida se pueda encontrar ningún cambio claro entre los tiempos en que no me ocupaba de la política y la época en la que me dediqué a ella. Hasta cierto punto, de hecho, siempre me consagré a la política o a los asuntos públicos y siempre, incluso como mero escritor, fui un fenómeno político. Así funcionan las cosas en condiciones totalitarias.

Havel ostentó la Presidencia de Checoslovaquia entre 1989 y 1992, y la de Chequia entre 1993 y 2003. En un primer momento no estaba muy convencido de dar tal salto, pero al final venció la llamada de su entorno, que le pedía un ejercicio de responsabilidad: "No podía pasarme toda la vida criticando para después, cuando se tiene la oportunidad de mejorar las cosas, no intervenir".

Por lo que hace a Carta 77, sostiene que su importancia radicó en que aglutinó a gente de muy diversa procedencia: trotskistas, comunistas reformistas, socialistas, liberales, democristianos, conservadores, gente que rechazaba ser metida en un cajón político cerrado... "Era fascinante comprobar que la existencia de un enemigo común y de un programa antitotalitario común basado en la idea de los Derechos Humanos hacía que en cuestiones básicas concretas todos tiraran de la misma cuerda".

Por sus páginas desfilan nombres de otros protagonistas del final del siglo XX: Milan Kundera, Václav Belohradsky, Adam Michnik, Gorbachov (a juicio de Havel, sólo quería levantar un poco la tapa de la olla a presión que era la Unión Soviética, pero no cayó en la cuenta de que situaciones como aquélla la tapa sale disparada... y para siempre), el papa Juan Pablo II ("Me atrevo a decir que éramos amigos"), John Major, el presidente alemán Weizsäcker, Boris Yeltsin o Lech Walesa ("Doy prioridad a una política que sale del corazón y no de alguna teoría [...] Un electricista de corazón en el lugar adecuado puede influir en la Historia de una Nación"). Al recordar sus encuentros con el presidente ucraniano Yuschenko, hace una reflexión sobre las fronteras culturales de Europa y Occidente frente a la alteridad de Eurasia; y lúcidamente pone el dedo en la llaga sobre lo que denomina "el postcomunismo" en las antiguas repúblicas soviéticas que no han tendido a un sistema realmente abierto, sino a lo que denomina "capitalismo mafioso" o "democracia mafiosa". Por ello, su futuro es incierto.

Havel no oculta su desazón por el devenir de la Unión Europea ("Sólo tiene órganos colectivos y funciones rotatorias, un fenómeno típico de un país previo a su fragmentación"): clama por que se dote de una Carta y una Constitución sencillas, y lamenta que el sueño cumplido de integrar a Chequia en la Unión haya devenido en cuasi-pesadilla por los errores observados en el funcionamiento del club comunitario. Asimismo, critica el torpe abuso totalitario de la palabra paz en el panorama europeo.

Entre recuerdos y pensamientos, Havel va desgranando su concepción de la política; en pasajes como el que sigue:

En los últimos quince años he tenido la oportunidad de convencerme de la importancia, en un Estado democrático, de que la política no sea una mera tecnología del poder, sino que dé un verdadero servicio a los ciudadanos; un servicio, a poder ser, desinteresado, fundado en ideales concretos y que atienda al orden moral por encima de nosotros, que perpetúe los intereses de la raza humana a largo plazo y que no sólo le inquieten las preferencias de la sociedad del momento; en definitiva, que se niega a convertirse en un mero juego de diversos intereses particulares o fines pragmáticos tras los que finalmente se esconde un único objetivo: el afán de mantenerse en el timón a cualquier precio.

En cuanto a la idea que tiene de la democracia, cabe destacar estas líneas:

Actúo conforme a mi conciencia y sentido de la justicia, y me incumbe expresar, mediante mis actos, mi parecer en calidad de Jefe del Estado. Si esta opinión se rechaza por votación, me inclino ante la sabiduría del Parlamento, que no es sino la de la ciudadanía. Sin embargo, mi responsabilidad es actuar, si lo considero necesario, contra este sentido común aunque teniendo en cuenta que, si éste prevalece, como demócrata respetaré su decisión.

Sea breve, por favor es un texto a corazón abierto de un importante testigo del turbulento final del siglo XX europeo. Muy recomendable para quienes piensen que ética y política no están, no pueden estar, disociadas.


Victoria Llopis

Sea breve, por favor de Vaclav Havel - Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores (Barcelona), 2008, 440 páginas.

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