sexta-feira, 20 de novembro de 2009

Venezuela y Argentina, contra la libertad de prensa

Hugo Chávez y Rafael Correa.
Basta salir de Venezuela para percatarse, sin mayor esfuerzo, de que en el continente abundan las copias chavistas. Son todos ellos gobiernitos muy similares, que soportamos por obra y gracia de nuestro desatino al elegirlos.

Ciertamente, llegaron allí por los votos, pero cada vez es más claro que una cosa es una elección democrática y otra un gobierno democrático; y cuando el uno no sigue a la otra, estamos en presencia de un autoritarismo de esos de nuevo cuño, que se barnizan de legalidad, cuando en realidad son más transgresores que una dictadura en toda regla.

El buque insignia de estos perpetradores de fraudes a la voluntad popular es el régimen chavista; el lema que les agrupa pareciera ser: "Embusteros del vecindario, ¡uníos!". El engaño es el instrumento y la pobreza el ingrediente. El populismo que venden estos gobernantes, devenidos en mandantes de la peor especie, necesita de pobres que sobornar y de ignorantes que embaucar. Esa es la única explicación de su empeño por destruir en lugar de construir y adoctrinar en vez de instruir. Por descontado que un esquema así tiene que controlar y desprestigiar al periodismo libre, para desinformar, manipular y someter.

En Buenos Aires, sede de la 65º Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa, pudimos constatar el pleno desarrollo de tal proyecto. Es claro que el gobierno de la pareja Kirchner se despeña por los barrancos de la impopularidad. Así las cosas, el recurso del que echa mano, como Chávez en Venezuela, es el hostigamiento a los medios. Pero no directamente, eso ni hablar. No va a sumar más rechazo. Para eso están los sindicatos, detrás de cuyas amplias espaldas se esconde el gobierno.

Cristina Kirchner.
No fue la presidenta, Cristina Kirchner, sino los camioneros quienes atacaron a los diarios Clarín y La Nación. Por cierto, van ya cuatro ataques en tiempo récord, según nos contaron sus editores. Entre gallos y media noche bloquean la salida de los diarios. El otro día, cerca de la medianoche, 150 camiones cerraron el paso a las plantas impresoras de ambas publicaciones. La policía custodió pero no intervino. Ya en la madrugada se retiraron. Dicen los enterados que el líder de los camioneros recibe instrucciones de la propia Kirchner.

Tanto la arremetida como la retirada fueron muy oportunas: estando la SIP en Buenos Aires, se le envían esos confusos mensajes tan propios de las democracias de barniz: respetamos la protesta, pero igual protegemos a los diarios; la ofensiva no es del gobierno, es de los sindicatos. Y no falta quien lo crea, pero en la SIP el comentario era uno sólo: Kirchner y Chávez usan tácticas similares contra la prensa.

Si bien es cierto que éste representó el ataque más serio a la prensa desde el retorno de la democracia a la Argentina, también lo es que pronto este tipo de actos serán parte de la cotidianidad, como ya lo son en Venezuela. Eso traerá como consecuencia que la propia sociedad vaya relajando las resistencias y salga de la agenda de prioridades la defensa de la libertad de expresión.

Es justo lo que buscan. Porque el acceso a la verdad es vital para un país atrapado en la mentira como política de Estado. Y, como decía Bernstein del caso Watergate en el Washington Post: "El periodismo sigue siendo la mejor versión de la verdad que es posible obtener". Dar tiempo a estos gobiernos es suicida.


© AIPE

MACKY ARENAS, periodista venezolana.

http://exteriores.libertaddigital.com

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