domingo, 31 de janeiro de 2010

Artistas en la Capilla Sixtina

Ante las pinturas del Juicio Final de Miguel Ángel Buonarroti, en la Capilla Sixtina, Benedicto XVI se reunió y dirigió la palabra a unos 260 representantes del mundo artístico de renombre internacional y diferentes creencias o confesiones religiosas: cantantes, músicos, escritores, pintores, escultores, arquitectos y artistas de cine y televisión.

Se trataba de una iniciativa organizada por el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, que durante este mes de enero nos ha visitado en Barcelona. El encuentro ha querido recordar que ya se han cumplido diez años de la larga carta que el Papa Juan Pablo II dirigió a los artistas en la que ante todo quería superar el divorcio y tender puentes de diálogo entre la Iglesia y el mundo artístico. Un divorcio constatado con dolor por Pablo VI en un encuentro de estas mismas características celebrado hace 45 años, también en la Sixtina.

El Santo Padre hizo suya esta cita del escritor ruso Dostoievsky: «La humanidad puede vivir sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero sin la belleza no podría seguir viviendo, porque ya no habría nada qué hacer en el mundo. Todo el secreto radica aquí, toda la historia está aquí».

Con realismo, el Santo Padre afirmó que «demasiado a menudo, la belleza de la que se hace propaganda es ilusoria y falaz, superficial y deslumbrante hasta el aturdimiento, y en vez de desvelar a las personas y abrirlas a horizontes de auténtica libertad, empujándolas hacia lo alto, las encarcela en sí mismas y las esclaviza todavía más, privándolas de la esperanza y de la alegría».

Por el contrario, el Santo Padre dijo que la belleza puede llegar a ser un camino hacia el trascendente, hacia el misterio último, hacia Dios. Por este motivo el llamado camino de la belleza puede convertirse en un «recorrido artístico y estético, y un itinerario de fe, de búsqueda teológica».

Tenemos en Cataluña un precedente luminoso en esta cuestión: las conferencias sobre estética que quien fue obispo de Vic, el doctor Josep Torras i Bages, pronunció para los artistas que formaban parte del «Cercle Artístic de Sant Lluc», entre los cuales sobresalían los nombres del pintor Llimona, del poeta Maragall y del arquitecto Gaudí.

No es previsible que la Iglesia pueda ejercer hoy la misma función de mecenazgo de los artistas que hizo en otras épocas. El diálogo entre los artistas y la Iglesia ya no se realiza en un clima de hegemonía cultural de la Iglesia. Se realiza en un clima más humilde. Pero es un diálogo al que la Iglesia no puede renunciar porque –como afirmó Benedicto XVI- «para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado, la Iglesia necesita del arte».

El encuentro finalizó con esta llamada del Santo Padre a los artistas: «No tengáis miedo de relacionaros con la fuente primera y última de la belleza, de dialogar con los creyentes, porque la fe nada quita a vuestro genio, a vuestro arte; es más, los exalta y los nutre».

El arzobispo Ravasi, equivalente a un ministro de Cultura de la Santa Sede, cree que estamos sólo al inicio de un nuevo diálogo entre el arte moderno y la Iglesia. Queda mucho camino a recorrer por ambas partes.

Lluís Martínez Sistach, Cardenal Arzobispo de Barcelona

www.larazon.es

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