segunda-feira, 20 de outubro de 2008

Garzón se fue a la guerra

«Qué dolor, qué dolor, qué pena». Nuestro «vengador justiciero», que no es Mambrú, se ha superado a sí mismo con un «más difícil todavía». El auto en el que se declara competente para investigar los crímenes del franquismo es un ejercicio abracadabrante de espiritismo jurídico. En el Registro deben de estar todavía con los ojos como platos ante el requerimiento de los certificados de defunción de Franco, Mola, Sanjurjo, Varela, Queipo de Llano y así hasta 34. Con una osadía digna de mejor causa Garzón descalifica el proceso de la Transición Democrática en la que quedó sellada, o al menos así lo creímos hasta la llegada al poder de Zapatero, la reconciliación de las «dos Españas». El juez que quiere presidir la Audiencia Nacional, dispuesto siempre a acudir en auxilio del vencedor, se ha convertido en el ariete judicial de una izquierda extrema empeñada, desde el minuto uno de la pasada legislatura, en reabrir heridas y jugar, cuando no manipular, los sentimientos de la gente.

Desde finales de los años 70, tras la «presunta» muerte del dictador que así hay que considerarla hasta que el juez reciba el pertinente certificado, no fueron pocos los familiares que pudieron recuperar los restos de sus seres queridos. No hizo falta una Ley de Memoria Histórica para ello, ni la teatralidad casi histriónica, de ningún magistrado con más afición a las cámaras fotográficas y televisivas que a los legajos. Dinamitar el espíritu de la Transición, y es en eso en lo que estamos, es una responsabilidad -esta sí histórica- a la que tendrán que enfrentarse en su momento quienes se han empeñado en hacer añicos treinta años de altura de miras. El auto de Garzón no tiene porvenir y sólo va a crear frustración en mucha buena gente. Pero habrá cumplido su finalidad de convertir en turbulentas unas aguas que ya eran remanso. Y mientras, la España real aguantando que cada mes miles de personas den con sus huesos en el paro. Pero de eso la culpa la tiene Bush. Dentro de unos meses si Obama gana las elecciones en EEUU, los estrategas de Moncloa, lo que Cebrián llamaría «visitadores», tendrán que encontrar a otro a quien «colgarle el muerto».

Javier G. Ferrari
www.larazon.es

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