domingo, 19 de outubro de 2008

La españolada de Garzón


Será un asunto muy serio, o por lo menos todo el mundo lo ha tomado muy por la tremenda, pero a uno le hace bastante gracia. Es tan español esto de Garzón, esos prontos iluminados con que lo mismo procesa a Bin Laden que le abre juicio universal al franquismo con medio siglo de retraso, ese arranque fanfarrón de visionario de tertulia, ese grandilocuente desafío arbitrista como de casino de pueblo, que sólo cabe tomárselo con un cierto humor resignado, aunque ahora pueda acabar con una polvareda algo siniestra de tumbas removidas y huesos zarandeados, que no deja de ser también una cosa muy nuestra, muy celtibérica: la típica españolada fúnebre, el trasiego berlanguiano y tétrico de cadáveres, los eternos rastrojos de difuntos de Miguel Hernández. Pero hay algo cómico, de esperpento casi costumbrista, en el empeño farolero y estéril de ajustarle las cuentas al pasado con la mayor seriedad justiciera, en plan aquí estoy yo y se van a enterar de lo que vale un peine; ese punto bizarro, quijotesco, adánico, individualista y atrevido, tan nuestro, de pensar que todo está mal hecho, que la Historia es un error y el mundo un desastre hasta que llegamos nosotros y lo vamos a arreglar de un golpe, en dos patadas, con un par de cojones. El Guerrero del Antifaz, el Capitán Trueno, el alcalde de Móstoles, Sabino el de Amberes, todo junto, a mí que los arrollo. Pero eso sí, con un quijotismo ventajista, con una chulería a toro pasado, cuando ya no hay peligro y se puede brindar al sol de la parroquia sin riesgo de cornada.

-¿Franco? Mucho miedo, eso es lo que hay, mucho mamoneo de reconciliación y gaitas. Pero ya se acabó, hasta aquí hemos llegado, ya va siendo hora de que alguien ponga pie en pared: a Franco le voy a meter yo un puro que te rilas. Con dos huevos. Y a Bin Laden, tres cuartos de lo mismo, para que vean los americanos cómo las gastamos por aquí cuando nos ponemos serios. Dos telediarios me dura a mí Bin Laden como le eche el guante.

Y hala, a procesarlos a los dos, que es gratis y además siempre hay unos cuantos agradaores dispuestos a aplaudir la gracia. Sobre todo por ahí fuera, donde estas cosas suenan a tópico de torería gitana, gazpacho y españolismo typical, porque el imaginario anglosajón sobre nosotros sigue anclado en la Guerra Civil, Lorca, las Brigadas Internacionales y por quién doblan las campanas. Todo esto no pasaría de ser una parodia, una comedia bufa, un vodevil, pero como resulta que el arbitrista de turno es juez, y tiene toga, y despacho, y mando en plaza, pues allá que van los funcionarios a llevar con toda seriedad el oficio donde corresponda.

-Que dice Su Señoría que me dé usted un certificado de defunción de Franco, que si no lo tiene que procesar por criminal de guerra. Aquí está el papel del juzgado; a mí que me registren.

Y otros, preguntando por esos mundos de Dios si alguien ha visto a Bin Laden, que hay un magistrado español que lo quiere meter en el trullo porque un primo de un cuñado de un amigo de los terroristas de las Torres Gemelas se tomó un café en España. ¿Es o no es esto un asunto de Gila? ¿Se puede tomar en serio un país en el que la justicia se dedica a estas cosas?

-Sí, tú tómatelo a cachondeo, que verás la que va a armar éste cuando desentierre a Lorca...

Ignacio Camacho
www.abc.es

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