quarta-feira, 30 de junho de 2010

Chávez caído: un año

Anteayer se cumplió un año de la salida del poder de Mel Zelaya, el aspirante a tirano que fue derrotado y con ello llevó a Hugo Chávez a su primer gran fracaso en un país nunca antes relevante en la política internacional: Honduras. Y eso tiene que ser muy humillante: que tu propio fracaso ponga a Honduras en la escena internacional, que tu incontenible prepotencia haga que el Papa pida cada amanecer la novedad de Honduras haría avergonzarse a un ser normal. A Mel Zelaya lo llenaba de sí mismo.

No hay periódico en el que no hayan visto ustedes referencias en los últimos días al supuesto golpe de Estado perpetrado en Honduras el 28 de junio de 2009. Ojalá muchos de los golpes de Estado que en el mundo ha habido fuesen como ese. Digamos de él, en tres pinceladas, que fue un golpe de Estado en el que se ejecutaron las disposiciones pertinentes de la constitución vigente para impedir que el presidente Zelaya violase esa Constitución que los hondureños se habían dado. Que fue un golpe de Estado que permitió que se celebraran elecciones presidenciales en la fecha en que estaban previamente fijadas. Y que fue un golpe de Estado que despejó el camino para que las presidenciales fuesen ganadas por el principal partido de la oposición. ¿Dónde puede uno apuntarse a golpes de Estado así?

El golpe de Estado hizo algo malísimo, no podemos negarlo: impidió, por primera vez, la victoria de Hugo Chávez en su afán de ir sumando satélites a la revolución bolivariana. Y con Chávez se desnucó toda su patulea política: Daniel Ortega, ansioso de ver ratificado a tan engreído vecino. Lula da Silva, que puso su embajada al servicio del depuesto presidente —que era el auténtico golpista— y Rodríguez Zapatero que inmediatamente retiró a su embajador en Tegucigalpa —quiza por cantarle las verdades del barquero. Pues eso.

Ramón Pérez-Maura

www.abc.es

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