sábado, 19 de junho de 2010

Marxismo (III) La cuestión del derrumbe

****Dicen los sociatas que ante la crisis van contra los ricos. Imposible: ¿van a ir contra ellos mismos? Lo que quieren decir realmente es que van contra los empresarios, contra los que crean empleo (y no el empleo parasitario en que son tan expertos los sociatas).



****Almudena Grandes apuesta por refundar la izquierda con las ideas de Lenin. Lo dijo al lado de Berzosa, anticapitalista furibundo. Dudo que la pornógrafa y miliciana sudorosa, y el amigo del prevaricador Garzón sepan de Lenin y del anticapitalismo mucho más que lo del asesinato de disidentes, que es lo más fácil de aprender, como hicieron sus antecesores del Frente Popular. A estos tipejos tenemos, en puestos de mando e influencia.



****"Señor Moa: En relación con su comentario sobre una señora de la Feria del libro que opinaba sobre usted sin haber leído “De un tiempo y de un país”, he hecho una pequeña experiencia en un blog progre bastante conocido: con el nombre “kalimera” hice algunos elogios de su obra, en particular de “Nueva historia de España”, que motivaron las consabidas reacciones furiosas. Les dije que criticar sin haber leído no era hacer crítica sino puro fanatismo o simple tontería, pero les da igual, siguieron con sus memeces. Conste que en todo momento me expresé con educación y sin injuriar. Finalmente me borraron los mensajes, con lo que todos quedaron más contentos. Saco la conclusión de que no aguantan el debate más elemental, solo se les ocurre gritar, insultar y soltar chorradas. Y es penoso, porque revela el nivel de cierta juventud, la juventud botellonera, como usted la ha llamado, tan extendida. Un cordial saludo de su seguidora del blog B. M. C.

Bueno, juventud y no tan juventud.


****En inglés suelen hacer en “y” las terminaciones en “i”. En español, no, salvo que sean diptongo (una convención algo arbitraria). Por eso, al pasar del cirílico no tenemos por qué seguir la norma inglesa, en un ejemplo más de servilismo e ignorancia. Trotski y no Trotsky, Kérenski y no Kerensky, etc. Hace años se escribían los nombres rusos (y de otros idiomas) según su transcripción en francés, ahora se tiende al inglés, a veces del alemán (Charkov en vez de Járkof), con “kh” y otras fórmulas innecesarias. Pero tenemos nuestro propio idioma.

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Marxismo (III) La cuestión del derrumbe

Sin embargo, la existencia de la explotación, por injusta que parezca, no determina la necesidad de la caída del régimen burgués. En realidad, las ideas mismas de justicia, libertad, etc., proceden de la sociedad de clases y carecen de entidad científica. El sistema esclavista, por ejemplo, mantenía a grandes masas sometidas a una explotación que hoy nos parece inicua, y sin embargo persistió largos siglos. Con el capitalismo podría ocurrir algo peor, como observa Rosa Luxemburg: “Si la producción capitalista es capaz de asegurar el crecimiento ilimitado de las fuerzas capitalistas y el progreso económico, entonces es invencible”, con lo que “el socialismo deja de ser una necesidad histórica”.

Por tanto, el marxismo debe demostrar la necesidad del ocaso capitalista, y hacerlo a partir de las condiciones de desarrollo del sistema o, si se prefiere otra expresión, a partir de sus contradicciones internas. Esto es preciso por razones decisivas de concepción y método, reforzadas por la evidencia de que no existe, o no existía entonces, un sistema económico y social de amenazar al mundo burgués. Y tampoco vale contrastar al capitalismo con las ventajas de un sistema imaginariamente más justo, como hacían los utopistas. El socialismo ha de resultar, por tanto, del mismo desarrollo burgués. El capital debe crear, a su pesar y por su propia dinámica, las condiciones materiales adecuadas y chocar con ellas al mismo tiempo, para que el socialismo tenga su oportunidad y la burguesía deje de ser “capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante de la sociedad, o de imponer a esta, como ley reguladora, las condiciones de existencia de su clase”; que llegado un momento no pueda “dominar porque no puede asegurar la existencia de su esclavo”. Situación que a Marx se le antojaba “evidente” ya en 1848, cuando redactaba el Manifiesto Comunista.

La necesidad teórica de que el capitalismo fenezca víctima de sus contradicciones ha sido llamada “teoría del derrumbe”, y ha provocado largas y confusas polémicas en el movimiento comunista. Por ejemplo, si la dinámica burguesa llevaba a su propia extinción, ¿qué papel tocaba entonces a la “conciencia”, al “sujeto revolucionario”, esto es, a la clase obrera y su “vanguardia”? ¿Para qué esforzarse y sufrir por la revolución si el capitalismo ha de desplomarse por su propio peso? Además, sería inútil adelantarse a la maduración de las condiciones “objetivas”, como demostraba el análisis de otros movimientos sociales del pasado, fracasados por “adelantarse a su tiempo”.


Sin embargo, existe algo parecido a una respuesta. Marx observó en el Manifiesto que la lucha de clases puede no terminar en revolución sino en “el hundimiento de las clases beligerantes”. Si la clase obrera no se prepara, organizándose y combatiendo, pueden ocurrir derrotas innecesarias y la lucha espontánea concluir en una catástrofe final para proletarios y burgueses. Además, la organización revolucionaria tiene por misión “acortar los dolores del parto” de la nueva sociedad (liquidando a la parturienta, curiosamente). Y viceversa: las tareas de organización y combate adquieren su pleno sentido solo cuando se orientan por la teoría científica del desarrollo social, por la “conciencia” de la historia.

Por otra parte, oponer la economía al sujeto humano carece de sentido claro en el marxismo. El sujeto solo opera en su condición de factor económico: como clase social, es decir, como colectividad determinada en su vida y acción por su posición en el proceso productivo. Sus intereses “reales” y comportamiento parten de dicha posición, y no ideas abstractas de justicia o libertad. La política es la esencia concentrada de la economía.

Este enfoque no resuelve en el fondo el dilema sobre el papel de la conciencia y la actitud personal ante una evolución histórica prefijada, pero en el terreno del marxismo militante tiene coherencia suficiente. Llama la atención cómo, a pesar de ello, emergen (emergían) continuamente entre los comunistas problemas de este género, tan “metafísico”. Para salvar la conciencia amenazada (y no menos para congraciarse con los hechos, tan poco tolerantes con las previsiones doctrinarias), muchos teóricos han querido negar la existencia en Marx de algo como la tesis del derrumbe. Pero quienes niegan estas necesidades teóricas caen por fuerza en un moralismo arbitrario o en incertidumbres como la expresada por G. Hodgson en una crítica a la ley del descenso de la tasa de ganancia: “El prólogo de Marx a la Contribución a la crítica de la economía política puede ser, y de hecho ha sido, interpretado de forma groseramente mecanicista, aunque su verdadero significado resulte un tanto ambiguo u oscuro”. Conclusión poco promisoria.


Desde luego, demostrar el carácter pasajero del capitalismo es una necesidad absoluta de la concepción de Marx, y en realidad el objetivo de sus teorías. Sin ello, su concepción global, filosófica y política, se diluye en una pura especulación quejumbrosa. La crítica clave dirigida por aquel a los “economistas vulgares” o burgueses, es que tratan al capitalismo como eterno, o como culminación de la historia. Aquí no vamos a discutir ese carácter pasajero del capitalismo, sino solo la forma como Marx lo trata en su formulación más lograda: la aludida ley del descenso de la tasa de ganancia (en adelante “la Ley”), cuyo nombre ya indica su trascendencia, al ser la ganancia (esto es, la explotación) el objetivo principal del capitalismo.


Pío Moa


http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado

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