segunda-feira, 21 de junho de 2010

Un insulto al islam

La polémica por la prohibición del burka puede que a veces se haya convertido en una excusa para hacer farrucos alardes de superioridad cultural frente al islam. Pero el asunto tiene fácil solución: bastaría con que los propios musulmanes se pongan en cabeza de la manifestación por la prohibición de una prenda de mero origen aristocrático, concebida para aislarse de la sociedad y cuyo uso nada tiene nada que ver con la religión, y ni siquiera con el tradicional uso del velo. En interés del islam, convendría a sus seguidores ser los primeros en manifestar su repulsa de ciertos hábitos por completo ajenos al Corán. El burka, el niqab o la ablación son extravíos de una civilización que debería vindicar más bien a sus sabios aristotélicos, a sus matemáticos, astrólogos, poetas, viajeros y místicos, en vez de a los chiflados que aparecen en toda comunidad.

Es el mismo presupuesto que debería aplicarse a la lucha contra el terrorismo fundamentalista. Desde Marruecos a Indonesia todavía hay quienes contemplan a los asesinos de Al Qaida como a nobles guerreros en lucha contra los cruzados de Occidente. No quieren darse cuenta de que su fanatismo es un insulto a la dignidad del islam y una amenaza para el futuro y la paz de la sociedad musulmana. Mucho más sentido tendría vindicar al filósofo Ibn Sina (Avicena), al historiador Ibn Jaldun o al poeta Ibn Hazm que a la triste caterva de psicópatas y asesinos que se empeñan en mancillar el nombre de su religión.

La mera denominación de origen o la presunción piadosa no pueden excusar la infamia. Sería como si españoles o cristianos nos empeñásemos en defender la Inquisición, las limpiezas étnicas o las matanzas religiosas por el hecho de haberse concebido con una supuesta vocación «piadosa» o por no dar más motivos al islam para criticar nuestros entrañables extravíos.

Alberto Sotillo

www.abc.es

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