quarta-feira, 13 de agosto de 2008

Newman

La película de José Luis Garci «Volver a empezar» era una de las candidatas al Oscar a la mejor película no americana. El momento de la proclamación o la decepción no llegaba y a Garci le sobrevino un agobio de poliuria. Abandonó la sala y corrió hacia los cuartos de baño. Sosegó su líquida contribución a los nervios y fue hasta los lavabos. En el inmediato, un hombre se refrescaba el rostro con una toalla mojada. De golpe se descubrió y Garci y él se miraron largamente. «No he visto en mi vida un ser humano más guapo». Era Paul Newman. Y a Garci no le gustan los hombres.

Es de los últimos de la gran generación de los dioses. Monógamo. Lleva casado con la misma mujer cincuenta años, hazaña insuperable en Hollywood. Dicen por ahí que un aristócrata en Hollywood es todo aquel -no hay muchos- que sabe quién es su padre. Los hijos de Paul Newman son aristócratas de tronío. A Paul Newman le quedan pocas semanas de vida, y ha abandonado voluntariamente el hospital para morir en casa, junto a su mujer y su familia. Fallecer en un hospital es hacerlo por partida doble, y Paul Newman sólo quiere morir una vez. El otro enamorado de Hollywood se marchó pocos meses atrás. Charlton Heston, que dijo que un matrimonio en Hollywood es aquel que se promete fidelidad hasta después del viaje de novios. Estar casado en Hollywood durante cincuenta años con la misma mujer y siendo Paul Newman es sobrada causa para abrir un proceso, como mínimo, de beatificación. Porque de Newman se han enamorado, están enamoradas y se enamorarán unos seiscientos millones de mujeres simultáneamente. Como actor ha sido un genio y como hombre, una roca. Lo aseguró Gene Fowler: «En Hollywood nada hay más extraño que un aniversario de boda». Los Newman han celebrado cincuenta, y eso no se lo han perdonado a su mujer, «tan poquita cosa, tan acaparadora y tan invencible», según Jane Fonda.

Paul Newman es de los pocos que han triunfado sobre Hollywood. Y ha vivido allí durante décadas. Thornton Wilder nunca superó seis semanas seguidas de estancia en Hollywood. «Nunca he permanecido más de seis semanas en Hollywood. La corrupción comienza en la mañana de la semana séptima». Y para Mencken «el verdadero y original agujero del culo de la creación. Los perros que hacen películas, comparados con los actores, las actrices, los productores, los directores, los guionistas y los agentes, realmente parecen la antigua nobleza italiana».

Pero en Hollywood nació una generación de dioses del cine que nunca será igualada. Una larga generación con una relación de actores que coincidieron y crearon la época de oro del cine mundial. Nada que ver con lo que se mueve por aquí o lo que, siendo de aquí, se mueve ahora por allí. Y Paul Newman es uno de ellos, probablemente uno de los más grandes de entre ellos, hombre antes que actor, aun siendo de los cimeros.

Así que estaba Paul Newman en la cama de un hospital, los médicos le dijeron que se moría, miró a su mujer y se fueron a casa. Después de cincuenta años de amor con la misma mujer en el lugar menos propicio para ello, morirse en casa es un premio. El día que desaparezca, seiscientos millones de mujeres llorarán y el cine habrá recuperado un poco del respeto perdido.

Alfonso Ussía

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