segunda-feira, 29 de dezembro de 2008

La calle y el cielo


La Iglesia Católica está llevando a la calle la defensa de su concepción de la vida y de la moral. Afortunadamente. La manifestación de ayer en Madrid es la confirmación de que las grandes cuestiones no deben quedar reducidas al Parlamento y a las Instituciones del Estado. Una cosa es legislar y gobernar, y otra es informar y debatir.

Algunos predicadores de la izquierda se han revuelto airadamente contra este hecho y acusan a la Iglesia de «hacer poítica» al defender a la familia en la calle. ¿Quieren decir con ello que la Iglesia debería renunciar al ejercicio de este derecho si no quiere ser acusada de «hacer política»?

Estos sofistas acusan a la Iglesia de perseguir a los homosexuales al negar la condición de matrimonio y de familia a las uniones de homosexuales y a las adopciones de niños a partir de éstas. ¿Debería entonces la Iglesia renunciar a su concepción de matrimonio?

En su osadía, estos voceros del Gobierno critican el alarmismo de la Iglesia ante las prácticas abortistas y el anuncio de una nueva y terrible legislación. Según ellos ¿debería aceptar el holocausto de los ciento diez mil abortos que ha habido en España en 2007?

Lo que está poniendo más nerviosos a los comunicadores de la izquierda zapaterista es que la Iglesia esté demostrando su condición popular. ¿Es que únicamente puede ser pueblo la Iglesia cuando asume la teología de la liberación y se pone al servicio de la «revolución»?

Estos demócratas de conveniencias que defienden la laicidad en las relaciones Iglesia/ Estado ¿pretenden que la Iglesia Católica renuncie a los derechos que le da ser el hecho de ser la mayoritaria en proporciones abrumadoras?

Ayer, la Iglesia demostró en Madrid que la calle no tiene por qué quedar en manos de los políticos y los templos reducidos a catacumbas en el siglo XXI. ¿Acaso pretenden estos profesionales de la incomunicación que incluso en la noche de fin de año nos neguemos a mirar hacia las estrellas para no correr el riesgo de sentirnos entusiasmados (endiosados) ante el maravilloso espectáculo de la Creación?

César Alonso de los Ríos
www.abc.es

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