quarta-feira, 21 de janeiro de 2009

La avenida de la historia

La capital de Estados Unidos, con el premeditado trazado que el arquitecto Pierre Charles L´Enfant realizó en el siglo XVIII, está bendecida con un paisaje urbano de grandes avenidas, calles ordenadas y monumentos que cuentan la historia relativamente corta pero intensa de la Unión americana. Pero ayer martes, ante un gentío nunca visto, la pausada ciudad era difícil de reconocer con el poder de convocatoria de Barack Obama estimado en dos millones de personas.

Como explicaba a ABC un joven afro-americano con un caluroso entusiasmo pese a la temperatura de 4 grados bajo cero, «mis padres y abuelos tuvieron otras ocasiones para venir a Washington y hacer historia, ésta va a ser la mía».

Menos de dos kilómetros

Como parte de las tradiciones que rodean la ceremonia de toma de posesión de un presidente de Estados Unidos, los Obama pasearon ayer por la Avenida de Pensilvania, la gran calle que cubre la distancia de menos de dos kilómetros entre la Casa Blanca y la sede del Congreso. Aunque la distancia política entre los dos lugares pueda resultar oceánica.

La avenida ha mejorado bastante desde que el presidente John F. Kennedy recordase una deprimente sucesión de edificios oficiales, solares dilapidados y tiendas de licores. Pero aún así, la ruta sirve para ilustrar el antes y el después que Barack Obama representa para Estados Unidos.

El siglo pasado, por esa misma calle, el Ku Klux Klan fue capaz de organizar desfiles masivos para demostrar su siniestro poder de convocatoria con capucha, antorcha y racismo beligerante. Y como parte «cultural» del Sur de Estados Unidos, no hace tanto tiempo que una persona con el color de piel de Barack Obama habría sido expulsado de malas maneras por intentar acceder a alguno de los segregados establecimientos públicos en esta calle de Washington, desde hoteles a tabernas pasando por teatros.
Los historiadores recuerdan que la Proclamación de Emancipación, que terminó formalmente durante la guerra de secesión con el pecado original de la esclavitud, y la Ley de Derechos Civiles de 1964 fueron rubricadas en este vecindario. Pero también es cierto que tanto los edificios de la Casa Blanca como la sede del Congreso federal fueron construidos originalmente con el trabajo no voluntario de esclavos negros. Mano de obra vendida al mejor postor en un rentable mercado originalmente situado en la esquina de la avenida de Pensilvania con la calle 7.

Al pasar por la confluencia de la calle 10, la comitiva de Obama estuvo ayer también muy cerca del Teatro Ford, donde Abraham Lincoln fue asesinado, el 14 de abril de 1865, por un simpatizante de la Confederación, el actor John Wilkes Booth. Y en 1968, se pudo ver fácilmente desde la avenida de Pensilvania el humo de los incendios, y sentir el tumulto de los saqueos que siguieron al asesinato de Martin Luther King en la capital federal, con una preponderancia de población negra en la demarcación conocida oficialmente como el Distrito de Columbia.

En la actualidad, se supone que la única propiedad inmobiliaria dentro de este notable tramo de calle bajo propiedad de afro-americanos -salvo el alquiler temporal de los Obama en el número 1300- es la sede del Consejo Nacional de Mujeres Negras, una organización de activistas que hace seis años, con la ayuda de la estrella televisiva Oprah Winfrey, se hicieron con un elegante edificio de color entre sepia y rosa, en función de la humedad. Para su presidenta emérita, Dorothy Height, el nuevo presidente que ayer pasaba por delante de sus oficinas es el mejor símbolo de lo que se ha lograr contra todo pronóstico.

P. Rodríguez, corresponsal en Washington
www.abc.es

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