terça-feira, 8 de julho de 2008

El verdadero Allende


El centenario de Allende se ha prestado a una recanonización de las que gusta la izquierda y que acata la siempre medrosa derecha. Hemos leído apologías delirantes a cargo de gente que abusa de la catalepsia irrecuperable de los chilenos. En realidad, silenciar piadosamente la verdad sobre Allende podría justificarse en aras de la concordia, pero la izquierda no la quiere. "Ni perdón ni olvido", dice.

Así las cosas, los cultores del odio deben enfrentar ciertas verdades, empezando por la de que Salvador Allende fue el peor presidente de la historia de Chile. En lo material, legó una inflación de tres dígitos y una producción decreciente durante 13 meses consecutivos. Quedaba harina para "pocos días más", según sus propias palabras.

Aparte de menoscabar el bienestar material del pueblo, destrozó el tejido social. Nos dividió fratricidamente; carecía del sentido de la unidad nacional, y no vacilaba en advertir, amenazador: "Yo no soy el presidente de todos los chilenos". Patrocinó grupos armados para imponer su ideología con la muerte. Cohonestó el contrabando de armas, y cuando un avión cubano fue descubierto trayéndolas clandestinamente, ordenó llevarlas a la mansión presidencial mientras hacía escarnio de la opinión pública declarando, burlesca y sucesivamente, que eran "obras de arte", "artículos folclóricos" y "helados de mango".

Que se sepa, Allende ha sido el único jefe del Estado chileno reclutado por una potencia externa, según reveló Vassili Mitrokin, ex jefe del KGB, en su libro The World Was Going Our Way (El mundo seguía nuestro rumbo). Su nombre en clave era Líder. Entregaba a los rusos información política sensible, a cambio de la cual recibió un subsidio directo de 50.000 dólares. Además, el KGB pagó a otros aspirantes de izquierda, rivales de Allende, para que retiraran sus candidaturas. Del otro lado, el ex embajador norteamericano Edward Korry detalló, en el periódico La Segunda (22-X-96), los sobornos que recibió Allende a cambio de indemnizaciones a compañías mineras nacionalizadas.


Contra lo que exigía la Constitución, Allende permitió el ingreso en el país de tropas castristas sin autorización del Senado, como confesó el general cubano Patricio de la Guardia en Vindicación de Cuba 1989 (Editorial Política, La Habana). Los cubanos cambiaron esa página, la 291, en ediciones posteriores.

Cuando era presidente del Senado, Allende posaba como demócrata, mientras usaba su inmunidad para contrabandear armas cubanas a Bolivia, según reveló el guerrillero Benigno en sus Memorias de un soldado cubano.

Como gobernante, incluso toleró que se torturara a opositores pacíficos, como denunciaron los diputados democráticos al convocar a las Fuerzas Armadas en 1973. Allende nada hizo ante las denuncias de un político, recogidas por El Mercurio en 1972, que apuntaban al subdirector (comunista) de Investigaciones.

Allende se retrató cuando amenazó al dueño de Clarín por no seguir sus dictados: "Te hago matar, culpo al imperialismo, te declaro héroe nacional, te rindo honores de general en el cementerio y hablo en tus funerales. Ya lo sabes". Tras huir el amenazado, el amenazador adquirió el referido diario.

En estos días, la TV estatal se apresta a consagrarlo Gran Chileno de Todos los Tiempos. ¿Cómo quedamos los demás? Juzgue usted: España no nos deja entrar ni siquiera con los papeles en regla.


© AIPE
HERMÓGENES PÉREZ DE ARCE, analista político chileno.

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