quarta-feira, 2 de julho de 2008

España txapeldun

Un mensaje guasón circulaba este fin de semana por los móviles del País Vasco llamando a celebrar el éxito de la España txapeldun. O sea, de la España campeona. A pesar de los aguafiestas de Ibarretxe y Urkullu. Y a pesar de otros aguafiestas como los escépticos de la fútbolmanía que a punto estuvimos de llamar a la objeción de conciencia contra la invasión futbolística en algún momento de este campeonato.

Hasta que llegaron los penaltis de Italia y la escéptica que esto escribe se rindió irremediablemente a la magia del fútbol. A su pasión, a su alegría, a su emoción, a su épica. Es posible que incluso me acompañaran bastantes nacionalistas en esta aventura emocional, que por una vez corearan España txapeldun, aunque fuera en voz baja. Los demás, los escépticos, hemos de admitir que no recordamos días como éstos en los que todos los españoles hayamos vibrado por una vez con el mismo equipo y en el mismo equipo.

Sin distinción de ideologías ni de partidos, sin desconfianza ni distancia, sin amargura, sin frialdad. Tampoco recordamos tantas banderas nacionales abrazadas y exhibidas orgullosamente por un grupo de jóvenes que son una referencia vital para todos los chicos y chicas españoles. Sin complejos, con la naturalidad de una generación que no está contaminada por las querellas y las heridas de sus mayores.

La fútbolmanía se ha convertido en la fútbolnación. Y no es el espejismo de un día, la exaltación pasajera de la victoria. Prefiero verlo como el símbolo de que otra nación es posible. Unida, alegre, positiva, orgullosa de sus logros y preparada para sus fracasos. Campeona o txapeldun.

Edurne Uriarte

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