domingo, 11 de abril de 2010

Huella inequívoca

Ayer comenzó la exposición a los fieles de la Sábana Santa, es decir, el lienzo que cubrió el cuerpo de Cristo después de su Pasión y que lo envolvía en el momento de su Resurrección. Está previsto que millones de fieles acudan a venerar esta reliquia que tanta polémica ha suscitado, pues para unos se trata sin más de un lienzo al que los cristianos damos demasiada importancia, pero para la mayoría de los creyentes es una huella inequívoca de la veracidad de los relatos evangélicos. Además continúan asombrándonos las conclusiones científicas que en torno a la «síndone» van apareciendo, pues en este paño historia, fe y ciencia se unen para corroborar el fenómeno fundacional del cristianismo.

Nosotros no idolatramos un trozo de tela antigua. Precisamente esta tela nos habla en silencio del amor de Dios por cada ser humano, manifestado en su Pasión, Muerte y Resurrección. Pero también nos habla de cómo los primeros cristianos recogieron con todo el cariño y fidelidad los acontecimientos sucedidos a Jesús, de modo que en ningún momento se dejaron llevar por exageradas conclusiones o descripciones escénicas de la Muerte y Resurrección del maestro. Todo lo contrario, con sobriedad y respeto por la verdad narraron aquello de lo que fueron testigos, especialmente el fenómeno sorprendente del crucificado que tres días después vuelve a la vida de un modo glorioso y muy real. Hay en la Sábana detalles tan sorprendentes como el relieve de la inscripción de la moneda en curso que cerraba los párpados del ajusticiado, y todo ello se ha podido descubrir gracias a los avances científicos de nuestro tiempo, aunque algunos tengan un gran interés en ignorar hechos que no son explicables por la mera razón humana, pues no hay peor ignorancia que la de aquél que no quiere dejar que la verdad llegue a su corazón.

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