quinta-feira, 15 de abril de 2010

El Papa junto a la Cruz

La semana próxima, el 19 de abril se cumple el quinto aniversario de la elección del Cardenal Ratzinger como Sumo Pontífice. Benedicto XVI llegaba a la sede de Pedro, después de un cónclave rápido, como sucesor del gran Juan Pablo II. Ratzinger es un hombre de una sólida fe, de una formación intelectual muy profunda, de una amplia labor pastoral y de un conocimiento minucioso de la Iglesia, de la Curia y de su funcionamiento. Benedicto XVI lleva cinco años al frente de la Iglesia en los que ha vivido –¡siempre!– muy pegado a la cruz. Han sido cinco años muy fructíferos en el gobierno de la Iglesia, en la profundidad del magisterio, en la lectura trascendente de las necesidades de nuestro tiempo, en la proyección universal de la doctrina y en la apertura ecuménica. Pero al mismo tiempo Benedicto XVI ha tenido que sufrir una persecución injusta con polémicas ficticias, con mentiras inventadas contra su persona, con difamaciones sobre su pasado y con traducciones enrevesadas de sus palabras e intervenciones públicas.

Todo lo enumerado parece más que suficiente para decir que el Pontificado de Benedicto XVI está siendo un tiempo en que la Iglesia se ha convertido en el objetivo infundado de campañas anticlericales y de oleadas alocadas de un laicismo desaforado. Pero a esto hay que añadir las últimas difamaciones orquestadas contra el Papa por la aparición de los distintos escándalos dentro de la Iglesia por los abusos sexuales.

No deja de ser paradójico que Ratzinger llegó al Papado como el Gran Inquisidor y ahora lo han convertido como el gran consentidor de esos abusos. Todo pura mentira. Lo primero y lo segundo. Benedicto XVI ha sido siempre muy claro y rotundo con esta cuestión. Siendo Cardenal y después de ser elegido Papa. Contundente al máximo. Su reciente carta a la Iglesia irlandesa así lo demuestra. Una carta pastoral sobre los abusos sexuales donde recoge punto por punto lo que piensa sobre un capítulo en el que ha pedido perdón a las víctimas, les ha mostrado todo su cariño, ha dejado clara su comprensión y ha sido nítido con aquellos que han cometido estas aberraciones. El Papa lejos de mirar hacia otra parte ha entrado de lleno en esta cuestión que además no es un problema exclusivo de la Iglesia. Es más, está muy acotado; lo único que ha ocurrido es que desde los medios más anticlericales y desde los puntos de poder más alejados de la Iglesia se ha azuzado esa campaña tan insistente como ficticia contra el Papa. Benedicto XVI ha sabido responder con tanta humildad, con tanta rapidez y con tanta eficacia que ha dejado sin argumentos a todos aquellos que han buscado el injustificado desprestigio.

Benedicto XVI cumple cinco años al frente de la Iglesia y es desde luego momento para el agradecimiento a su persona; momento para el reconocimiento de su labor pastoral y momento para certificar su impresionante liderazgo fundamentado en un largo y profundo trabajo intelectual. Cinco años junto a la Cruz.

Ignacio Villa

www.larazon.es

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