quinta-feira, 15 de abril de 2010

Artistas y artistazos

Con esa estética de simposio sobre el cine ruso de Einsenstein, la movilización pro Garzón de sindicatos y artistas, es decir de artistazos y artistas, tanto da, fue una impostada nostalgia de Régimen: ¿otra vez contra Franco viviamos mejor? No son los tiempos en los que se pisotea la libertad, aunque alguno, muy equivocado, por reverdecer malos pálpitos, se acordara del Oscar Wilde último, quien sentía próximo el fin porque ya no le quedaban enemigos. Olía a noticiario en blanco y negro, pero lo que se vio fue una febril puesta en escena de la España democrática del XXI. El siglo en el que un Gobierno socialista aprobó la Ley de Memoria Histórica y borró los últimos resquicios del franquismo, expurgados también los nombres de las callejuelas. Aunque no lo diga el corresponsal del «New York Times», y sin saber si escribe a la vez que celebra la primavera de cañas por Santa Ana, hemos acabado la Transición. No investigan al superjuez por perseguir la dictadura, sino por saltarse la Ley, que se aprueba en el Parlamento democrático. Esto es un Estado de Derecho y Garzón una leyenda impropia de un oficio donde los laureles debieran ser: el feliz anonimato, el orgullo íntimo de impartir justicia y la soldada a fin de mes. Pero no, Baltasar está sobre los cuernos de la Luna, celestial y para la izquierda «almodo-bolivariana», liberado como un buda del ordenamiento que obliga al resto de bípedos con DNI en vigor.

Paco Reyero

www.larazon.es

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