Una de las palabras más oídas tras el aquelarre complutense de Berzosa, Villarejo y los sindicatos fue la de «golpismo». Rosa Díez calificó el acto de «golpe contra el Estado», y José Barrionuevo aseguró que Garzón es un «golpista» que «utiliza los medios excepcionales que el Estado pone en manos de los jueces» para su propio beneficio. Sinceramente no creo que se trate de golpismo, sino de grave irresponsabilidad. Amén de bochorno y vergüenza, el acto suscita preocupación por lo que supone de incitación al guerracivilismo. Y tristeza al comprobar cómo un relevante ex servidor público emplea un lenguaje propio de las trincheras del Frente Popular.
Manos Limpias ha decidido denunciar a Jiménez Villarejo por entender que incurre en calumnias e injurias al llamar «fascistas» y «torturadores» a los jueces del Tribunal Supremo. También por «incitar al golpismo». Recuerda el juez Belloch que muchos de estos magistrados «son personas con un pasado impecable» que «lucharon por instaurar la democracia en España». Razón de más para calificar de «irresponsable injusticia» las manifestaciones del ex fiscal anticorrupción.
Aunque lo que de verdad indigna es lo de los liberados sindicales. En teoría cobran por defender a los trabajadores. Pero ahora hemos sabido que a lo que se dedican de verdad es a armar bronca. Por orden de Méndez, fueron los encargados de organizar el griterío pro-Garzón. Para que luego digan que no dan golpe.
José Antonio Vera
www.larazon.es

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