quarta-feira, 7 de abril de 2010

Un ejemplo de lealtad a España y a la Corona

Era amigo de Guillermo desde hace muchos años. El 18 de marzo firmamos juntos una tercera en ABC en memoria de nuestro inolvidable José Vidal Beneyto. Fue muchas cosas en la vida, pero, por encima de todo, un gran señor, un gran monárquico, un gran profesional, siempre leal a unos principios y a unas convicciones.

Tenía un triple arraigo del que brotaba tal vez su rica personalidad. Sevillano por rama paterna, se dijo de él, por quien le conocía bien, que «tenía en sus ojos la calma del aire de Andalucía y un bies de melancolía que se le escapaba del alma». Pero era también un vasco de origen catalán por parte materna y un madrileño de nacimiento. Aquí trabajó muchos años y mantuvo una personalidad inconfundible del paisaje de nuestra capital.

Mis primeros recuerdos de él se remontan a los años 60. El Gobierno había expulsado de sus cátedras a los profesores Aranguren, García Calvo y Tierno Galván. Un grupo de catedráticos creó una institución de enseñanza superior para acoger a los profesores expulsados. Presidió el Patronato Científico Pedro Laín Entralgo. Pero hacía falta un consejo de administración con un presidente que fuera no sólo la cabeza visible de la organización sino su máximo responsable de cara al exterior. Ese puesto lo ocupó con dignidad y eficacia Guillermo Luca de Tena. Su perfil liberal y moderado le permitió cumplir una esencial función conciliadora de las distintas tendencias y grupos, y creó, con el resto del consejo, una barrera defensiva frente a la permanente desconfianza y a las frecuentes intervenciones del aparato estatal.

Este compromiso con la libertad lo había practicado ya años antes, en 1946, cuando fue detenido y conducido a la Dirección General de Seguridad bajo la acusación, cierta por otra parte, de haber distribuido en cines y teatros de Madrid la versión auténtica del manifiesto democrático del Conde de Barcelona, emitido antes desde Lausana y que en España se conoció censurado y mutilado por las autoridades. Ese talante liberal es el que le llevó siempre a contribuir desde el periódico, desde la sociedad y desde las instituciones al logro de las libertades en España y al prestigio y honorabilidad de la prensa en nuestro país.

A lo largo de su vida profesional tuvo la preocupación por recrear, proteger y agrandar un espacio de convivencia y de ciudadanía, siguiendo así la estela de su abuelo y de su padre. Pero no fue solo eso. Fue un hombre inteligente y generoso que en el momento más comprometido de la vida del periódico, él y solo él, lo dio todo para salvarlo.

Él llevó a la Casa de ABC a los autores más distantes de sus criterios editoriales; hizo de la cultura, en sus páginas, un campo de juego sin más reglas que la de la calidad y la excelencia y ancló ABC en la independencia de sus propias convicciones sin peajes a nada ni a nadie.

Fue Senador Real en 1977 y tuve el honor de compartir con él escaño en las Cortes Constituyentes. Su juicio ponderado, su equilibrio, su buen sentido, su espíritu democrático y su talante liberal fueron contribuciones valiosísimas en aquella etapa crucial de la reciente historia de España.

Y hay una condición en Guillermo Luca de Tena, que es su concepción cabal del papel crucial de la monarquía en la recuperación de las libertades públicas y su inquebrantable lealtad al rey, que le expresó su reconocimiento concediéndole el título de Marqués del Valle de Tena.

A todo ello debo añadir algo, aunque obvio para cuantos le conocían: su profundo amor a España. Y quiero subrayarlo porque ésta ha sido siempre la enseña de su familia, y también la del periódico ABC a lo largo de más de cien años de existencia. He perdido un entrañable amigo. Pero su recuerdo estará siempre vivo en mi memoria y en la de muchísimos españoles.

Marcelino Oreja Aguirre

www.abc.es

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