Acojonatus sum. No me canso de denunciar la baja calidad democrática de este sistema que nuestros políticos nos han dado, pero hoy, he presenciado uno de los más tristes espectáculos de la historia de nuestra democracia. Aquí vale todo y hay tipos por encima de la ley. No hay duda.
Garzón no es víctima de una «conspiración de un sindicato ultraderechista». Garzón es víctima de sí mismo. Se llenó de balón. Su ansia por salir en los papeles, no ya los patrios, sino los medios más potentes de la panoplia internacionás, su voracidad por el titular, sus ganas de ser Nobel de la Paz y su tendencia a querer ser la novia en la boda y el muerto en el entierro le han perdido. Garzón está siendo procesado porque se empeño en: A.- Procesar a un muerto y hacerse cargo del caso de las víctimas del franquismo que no le pertenecía. B.-No inhibirse en un caso en que se juzgaba nada menos que a su mecenas neoyorquino, Botín. C.- Ordenar escuchas de conversaciones abogado-cliente en el caso Gürtel porque sí, porque a él le salía de los webs. Y manda testis que éste sea considerado un adalid de la defensa de los derechos civiles. Pensó que todo lo podía, que le iba a salir gratis. Y tenía razón.
Se ha movilizado una Acorazada Mediática sin parangón en la que Jiménez Villarejo ha llegado a acusar a los miembros del T.Supremo de «colaborar en la tortura con el franquismo».
Todo vale para librar a Garzón que queda, más allá del rey. Es un emperador, ¿no?
Jerónimo Tristante
www.larazon.es

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